Es necesario producir una práctica política y una reflexión teórica que ponga en el centro el cuerpo”.

INTERVENCIÓN DE STEFANO CICCONE EN EL SEMINARIO “MEN IN MOVEMENT”. BARCELONA, Noviembre 2015

Traducido por Stefano Ciccone

(corrección de estilo: Juanjo Compairé)

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Esta reunión se lleva a cabo bajo una nube. Una nube que no podemos ignorar.

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Es la nube de la guerra, del terrorismo, la xenofobia. Estos temas están relacionados entre sí.

La violencia masculina contra las mujeres se utiliza en Italia para fortalecer el retorno a la masculinidad tradicional.

La masculinidad hegemónica se compone de varios elementos sólo aparentemente contradictorios: la violencia y el control sobre las mujeres, el control del coche masculino, la protección de las mujeres y la demonización del otro.


Creo que sería importante elaborar un Llamamiento Europeo de los hombres contra la guerra, el racismo y la xenofobia diciendo que son frutos del patriarcado.

Maschile Plurale


 

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10_maschile+plurale+logoEste último año ha sido bastante dificil para la red italiana “Maschile Plurale” (Masculino Plural), una red de hombres que desde hace casi treinta años reflexionan, de manera crítica, sobre las relaciones entre los sexos, sobre la construcción social de roles y actitudes masculinas y sobre la violencia de género.

Aunque nuestra autoridad va creciendo y crece también el interés público con respecto a nosotros, ha surgido cierta desconfianza y sospecha sobre el sentido de esta experiencia que, yo creo, puedan darnos una ocasión para una reflexión más general.

Empiezo ahora, pues, mi intervención.

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Nuestro compromiso

10_Maschile+Plurale+StriscioneLa primera objeción se refiere al fundamento del compromiso de los hombres contra la violencia, el sexismo y el patriarcado. Se trata de una cuestión de interés general. ¿Por qué los hombres deberian luchar contra un sistema que les ofrece poder y privilegios?

¿Quiénes son estos hombres? Quiénes son los hombres aquí presentes? ¿Hombres “buenos” y solidarios? ¿Hombres mejores que los demás, que juzgan los errores de los otros?

La campana promovida por Maschile Plurale hace algunos años se llamaba “La violencia contra las mujeres nos concierne”. Este año hemos comprobado la veracidad de esta afirmación.

El hecho de que un afiliado a Maschile Plurale haya sido acusado por su expareja de tener una conducta despreciable y, luego, de ejercer violencia psicológica, ha representado un momento dificil para nosotros, pero ha confirmado también, según creo, la exactitud de nuestra manera de hacer frente a la violencia. La violencia no es una patología que podamos arrinconar en otro lugar. Nos concierne a todos, es parte de una cultura compartida y para combatirla no podemos ponernos en la posición de hombres “mejores” condenando a los otros, sino que tenemos que recorrer un camino de análisis de la dimensión controvertida de nuestros deseos, de nuestras expectativas y nuestras relaciones.

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Radicalidad, complejidad

10_riflessioneAsí que voy a poner sobre la mesa otra cuestión general que surge del debate italiano: ¿es posible conjugar radicalidad y complejidad? Muy a menudo, frente a la violencia, y también frente a cuestiones controvertidas como la prostitución, el deseo de expresar indignación y radicalidad parece que tiende a arrinconar la complejidad de estos fenómenos y el carácter controvertido de las dinámicas relacionales.

En realidad expresar radicalidad es una manera de determinar el origen de estos fenómenos.

Denunciar que la violencia de los hombres contra las mujeres es parte de una cultura compartida y no una desviación no es una manera de representarla como aceptable, sino que es, más bien, una manera de poner en tela de juicio la cultura compartida.

Esto me hace plantear, de manera evidente, una objeción mas profunda que tiene que ver con el mismo sentido de un camino masculino.

¿Es posible construir una práctica política masculina de crítica al patriarcado? ¿Los hombres pueden ser protagonistas de la transformación?

Muy a menudo, el debate se limita al compromiso de los hombres en la lucha contra la violencia o a su implicación solidaria contra las discriminaciones de género. 


¿Podemos pensar, en cambio, en comenzar por el deseo de libertad de los hombres? ¿Es posible contar también con nuestra búsqueda de una calidad diferente de nuestras vidas y relaciones, y no sólo con un voluntarismo ético?


10_LGTBIQEl movimiento gay forma históricamente parte de la crítica al modelo patriarcal dominante. El nudo tiene que ver, claro, con los hombres heterosexuales y la credibilidad de su compromiso para la transformación de una pauta social que coloca al hombre heterosexual en la cumbre de un sistema de poderes y valores.

¿La única subjetividad conflictiva posible es aquella de quien “tiene experiencia de sometimiento” y discriminación?

Creo que la experiencia de un sujeto que desarrolla un conflicto a partir de su interior contra el sistema de poder puede representar una interesante contribución a la reflexión sobre los temas del poder y del conflicto, y a la construccion de prácticas sociales de transformación capaces de enfrentar la complejidad de una manera mejor.


la experiencia de un sujeto que desarrolla un conflicto a partir de su interior contra el sistema de poder puede representar una interesante contribución a la reflexión sobre los temas del poder y del conflicto, y a la construcción de prácticas sociales de transformación.


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Reflexión desde la práctica

10_riunione-maschile-pluralePara construir esta reflexión y para pensar que es posible una práctica masculina de crítica del patriarcado necesitamos, de hecho, instrumentos teóricos especificos.

Antes de todo, tenemos que reconsiderar los temas del poder y del conflicto. Despues de Foucault, Bourdieu, Gramsci y Butler no podemos considerar el Poder como una mera institucion opresiva ajena a nosotros: no hay ajenidad posible, la condición de sometimiento no es garantía de alteridad. Los subyugados, como observa Haraway, no son inocentes.

Construir un conflicto contra un orden del que no podemos alienarnos y del que recibimos dividendos de poder, obliga a una concienciación. Quizás nos defenda de las simplificaciones que han marcado muy a menudo los movimientos de oposición. Como dice Judit Butler, el sujeto que desarrolla este conflicto es un sujeto opaco a sí mismo, cuyos deseos se quedan indescifrables. Por ejemplo, para nosotros, hombres heterosexuales, es necesario partir de nuestros deseos y saber que éstos no son el lugar de nuestra autenticidad sino que son ellos mismos colonizados. Pero esta condición concierne a todos y todas: también a aquéllos que no corresponden a la norma heterosexual.


Construir un conflicto contra un orden del que no podemos alienarnos y del que recibimos dividendos de poder, obliga a una concienciación.


No sólo eso. Intentar considerar el cambio – cambio simbólico, cambio en las relaciones y en las dinámicas de poder y en los mecanismos de inclusión y exclusion – siendo un hombre blanco, sano, heterosexual, productivo, adulto, no nos da excusas ní siquiera simplificaciones, no permite reivindicaciones que no se midan continuamente con su propio poder.


Como dice Judit Butler, el sujeto que desarrolla este conflicto es un sujeto opaco a sí mismo, cuyos deseos se quedan indescifrables.


La relación entre reflexión académica y activismo también se propone de manera diferente por parte de los Men’s studies de lo que fue por los estudios feministas y por los Gay’s studies, que nacieron sobre la base de una práctica social difundida. La reflexión teórica sobre la masculinidad toma, por lo general, a los hombres como objeto de reflexión. Sin embargo, 


¿es posible una investigación teórica que sea también el resultado de una pregunta masculina de desvelamiento de los condicionamientos sociales en la vida de los hombres?


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La experiencia de los hombres, plural y común al mismo tiempo

10_mp striscioneEn esta conferencia nos referimos a “los hombres” y hablamos de masculinidad en plural.

¿Es posible una reflexión crítica y una práctica conflictiva que cubra la experiencia masculina en su pluralidad? Es decir, ¿es posible construir un discurso y una práctica que cubran como campo de crítica, conflicto y transformación la masculinidad entendida como contexto plural y común al mismo tiempo? Esta pregunta genera por lo menos dos cuestiones.

La primera pregunta se refiere a la necesidad de reconsiderar el concepto de “masculinidad hegemónica” no como mera jerarquía entre masculinidad , sino como contexto hegemónico difusivo. Si esto es verdadero, por ejemplo, no es suficiente considerar las relaciones jerárquicas entre diferentes masculinidades, sino se necesita producir una crítica de las referencias simbólicas que estructuran, de formas diferentes, todas las masculinidades.

La segunda pregunta se refiere al reconocimiento de elementos transversales entre diferentes experiencias masculinas. Me refiero a un camino de hombres (héteros también) que intenta poner en tela de juicio no solo la hetero-normatividad sino también el símbolo fálico que, creo, construye y detiene la experiencia masculina del cuerpo y las relaciones de los hombres entre ellos y con las mujeres. Sin embargo, el símbolo fálico, como símbolo difusivo, marca también el imaginario de sexualidades no heterosexuales.

A mi parecer, se necesita un trabajo teórico, político y existencial de ruptura con una sexualidad fálica, con el binarismo activo-pasivo, sujeto-objeto, con una sexualidad asociada a un símbolo de poder, con una representación escindida del cuerpo como instrumento.


Se necesita un trabajo teórico, político y existencial de ruptura con una sexualidad fálica, con el binarismo activo-pasivo, sujeto-objeto, con una sexualidad asociada a un símbolo de poder.


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Partir del cuerpo

10_18-672x512Esta representación del cuerpo masculino es la base del poder masculino, pero también es una fuente de alienación para los hombres. Empobrece nuestra sexualidad y nuestra relación. Por lo tanto, parece necesario producir una práctica política y una reflexión teórica que ponga en el centro el cuerpo. Cuerpo no entendido como destino ní como pizarra blanca a disposición de una subjetividad desencarnada: un cuerpo que hace resistencia a las construcciones lingüísticas y simbólicas que generalmente sufre.

El análisis crítico de las representaciones del cuerpo y de la sexualidad no tienen que ver sólo con las orientaciones sexuales, sino que examinan todas las subjetividades. Siguiendo esta línea es posible descubrir que, también en el mundo de la sexualidad gay es, por ejemplo, necesario un trabajo de desestructuración de un imaginario fálico.


Parece necesario producir una práctica política y una reflexión teórica que ponga en el centro el cuerpo.


Esto nos lleva a plantear otra pregunta: ¿las sexualidades que no corresponden a la norma heterosexual pueden ser objeto de reflexión crítica y de conflicto?

La perspectiva queer nace esencialmente desde una crítica al riesgo de inclusión y normalización del movimiento LGTB y quiere oponerse a la deriva de su identidad. Creo que esta solicitación puede ser recuperada en plenitud por la reflexión y por la práctica crítica masculina que no puede quedarse en una perspectiva reivindicatoria ni ser tentada por una pulsión de identidad (La “Jornada del orgullo hetero” sería un contrasentido evidentemente).

¿Es posible ir más allá de la perspectiva de una simple “multiplicación de diferencias” y de fragmentos que no se ponen en tela de juicio recíprocamente sino que se limita a la (necesaria) reivindicación de derechos? Creo que es necesario reconocer la sexualidad y la conexión entre el cuerpo y la subjetividad como campo político conflictivo, de transformación, nunca resuelto, que nos pide reconsiderar de manera continua los mecanismos de poder de los cuales somos sujetos y artífices al mismo tiempo. Se trata de un campo, totalmente abierto y todavía inexplorado, de discusión entre perspectivas políticas y diferencias.