¿Por qué me callo cuando preguntan si soy feminista?

Noviembre 29, 2016

¿POR QUÉ ME CALLO CUANDO PREGUNTAN SI SOY FEMINISTA?

Autor: Juan Guillermo Figueroa Perea (El Colegio de México).

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14_figueroa-2¿“Derechos reproductivos” de los varones?

Hace dos décadas publiqué mi primer artículo sobre población masculina y me centré en un análisis de sus comportamientos reproductivos. Venía de tres lustros de estudiar a las mujeres en dichos ámbitos y de casi una década de interactuar con colegas feministas, quienes me identificaron como “compañero de camino”, dado que investigaba sobre las condiciones en que eran respetados sus derechos al optar por métodos anticonceptivos. Algunas de ellas me llegaron a decir que mi enfoque coincidía con sus propuestas teóricas y políticas, por lo que, además de invitarme a diferentes espacios feministas y de publicarme algunas reflexiones, me preguntaban que cómo me había surgido esa conciencia feminista.

Les llamaba la atención que les dijera que simplemente trabajaba desde la ética y desde los derechos humanos, dada mi formación filosófica y mi militancia política, si bien poco a poco sentí que les incomodaba que no me suscribiera como feminista. En 1993 participé en la organización de un encuentro sobre maternidad sin riesgos y unos meses antes me sorprendió que me invitaran a organizar una sesión sobre derechos reproductivos dentro de un encuentro feminista, al que no podría asistir dado que “se trataba de un hombre”. Es decir, podía organizar la sesión, pues mis argumentos les parecían útiles para el movimiento de mujeres, pero ‘mi ser hombre’ era un obstáculo para participar. Esto no sucedió en la conferencia de maternidad sin riesgos donde incluso en una plenaria expliqué la categoría de género, la cual empezaba a citarse más frecuentemente y una querida colega me felicitó por entenderla “incluso siendo hombre”. Un colega del sexo masculino me increpó después de explicar la categoría de género, ya que sentía que lo estaba traicionando, al colocarme “de lado de las mujeres”.

En ese entorno algunas compañeras feministas me invitaron a reflexionar sobre autonomía de las mujeres y experiencias reproductivas de los hombres, pero enfatizaban que querían conocer un punto de vista masculino, que a la par identificaban como sensible a las condiciones de vida de la población femenina. Por ello, fui invitado a la IV conferencia mundial de la mujer celebrada en China.

A pesar de mi resistencia por no ser la masculina mi población de estudio, comencé a escribir al respecto e identifiqué sexismos tanto en el lenguaje cotidiano como en las categorías académicas usadas en disciplinas que me eran cercanas (trabajaba yo con colegas del área médica y de la demografía). Mis primeros análisis fueron bien recibidos, si bien me enfrenté a algunas críticas cuando cuestioné que se pensara solamente a los varones como apoyo u obstáculo de las decisiones reproductivas de las mujeres, para imaginarlos con experiencias reproductivas en sí mismas, las cuales podían relacionarse con su propia salud. Además, esto suponía un reconocimiento de sus derechos en dicho ámbito. Algunas compañeras consideraban que usaba las categorías feministas en la experiencia del “enemigo o victimario”, mientras que colegas varones consideraban que hablar de derechos de los hombres en una sociedad patriarcal era una muestra de una “posición antifeminista y cínica”.


Me enfrenté a algunas críticas cuando cuestioné que se pensara solamente a los varones como apoyo u obstáculo de las decisiones reproductivas de las mujeres, para imaginarlos con experiencias reproductivas en sí mismas, las cuales podían relacionarse con su propia salud. Además, esto suponía un reconocimiento de sus derechos en dicho ámbito.


Traté de construir visiones dialogadas y relacionales, dentro de las cuales ambas poblaciones tienen derechos y responsabilidades, sin homogeneizar sus diferencias fisiológicas, pero tampoco fue sencillo pues se aludía a “prioridades”. Propuse hablar de “derechos humanos en la reproducción” para poder nombrar la autodeterminación reproductiva en la experiencia masculina, ya que algunas compañeras consideraban un abuso aludir a derechos reproductivos de dicha población, cuando la categoría había surgido de una reivindicación feminista. Sin embargo, no resolvía totalmente la resistencia ya que se sentían amenazados los derechos de las mujeres, al asumir que no habría disposición de los hombres a negociar conflictos de derechos y que se estaba cooptando demandas feministas para “quitarles fuerza política”.

Traté de inventar términos para nombrar las experiencias reproductivas de los varones, ya que mis aprendizajes desde la filosofía del lenguaje me recordaban que “lo que no se nombra se acaba creyendo que no existe”. Por ello aludí, por ejemplo, a “la soledad en la paternidad” con el fin de referirme a las experiencias de acompañamiento, gratificación y cuidado de la paternidad, de las que muchos hombres se pierden por no cuestionar modelos rígidos de masculinidad. Colegas de ambos sexos la vieron con buenos ojos, si bien al preguntar por lo que les generaba sentido descubrí que sentían una nueva forma de acompañar y ayudar a las mujeres, a través de sensibilizar a los hombres para hacerse más presentes en los espacios reproductivos. No lo veían como un recurso de derechos de dichos sujetos a disfrutar su paternidad (como yo), incluso por razones asociadas a su propia salud, en su componente emocional y lúdico.


Aludí, por ejemplo, a “la soledad en la paternidad” con el fin de referirme a las experiencias de acompañamiento, gratificación y cuidado de la paternidad, de las que muchos hombres se pierden por no cuestionar modelos rígidos de masculinidad [y como] un recurso de derechos de dichos sujetos a disfrutar su paternidad. Consideré la necesidad de documentar malestares reproductivos de los sujetos masculinos.


14_figueroaSeguí en interacción con el debate sobre la salud y mortalidad maternas, así como con el de derechos reproductivos de las mujeres, pues participé como jurado en el primer tribunal por la defensa de los derechos reproductivos de dicha población. A partir de ello consideré la necesidad de documentar malestares reproductivos de los sujetos masculinos, distinguiendo aquellos que tuvieran que ver con añoranza por una pérdida del poder asociada al empoderamiento de las mujeres, de otros derivados de su condición de género masculina, ya que los primeros podrían tener que ver con un deseo de regresar a la asimetría en los intercambios de género, mientras que los segundos podrían hacer referencia al costo que tiene para ellos las denominadas especializaciones de género. Los identificaba como potenciales contenidos para derechos reproductivos de una manera más significativa y contextualizada, como había sido el camino seguido por compañeras mujeres.

En ese proceso empecé a alertar sobre la confusión entre derechos y privilegios de los varones, ya que se negaban los primeros al interpretarse como legitimadores de los segundos, mientras que desde mi lectura si se acotan derechos en las interacciones, se restringe la posibilidad de que las decisiones de los varones sean por puro privilegio patriarcal. Por eso comencé a explorar la asociación entre salud y paternidad, dado que algunos de los supuestos privilegios masculinos (como el no estar al pendiente de los hijos ni recrearse en la convivencia con ellos) puede generar una exagerada ponderación de responsabilidades como la proveeduría económica, la protección, la autoridad y el papel de educador y a la par minimizar la relevancia y hasta el derecho a recrearse y divertirse en el acompañamiento de sus hijos. Con eso se pierden los aprendizajes que ello trae asociado y las gratificaciones amorosas y lúdicas que posibilita la compañía con personajes con otros ritmos, experiencias y códigos de comunicación. Incluso, podrían ser detonadores de frustraciones en los progenitores, al grado de ayudar a entender (sin justificar) ausencias, violencias y autoritarismos.

Empecé a explorar también la posibilidad de que las experiencias reproductivas resultaran gratificantes para los progenitores (en términos de cuidado físico y de gratificación emocional), pero a su vez detonadores de riesgos por tensiones, por demandas de proveeduría y protección exacerbadas (al menos por las prácticas necesarias para cumplir), e incluso pudiendo llevar a la muerte a un progenitor, dentro de lo cual se incluye el dolor por la pérdida de un hijo. Para ello recurrí a la categoría de muerte paterna y nuevamente se generó un rechazo pues se consideró que estaría distrayendo la atención de las “causas de las mujeres”, así como tergiversando el sentido de los términos, pero más todavía, confundiendo prioridades, como aquellas a las que se aludía en los objetivos del milenio, donde la maternidad era objeto de atención en salud y mortalidad, pero no se alude a la paternidad.

Ha sido interesante dialogar críticamente con los estudiosos de la masculinidad y con quienes trabajan en agrupaciones con hombres, ya que me he enfrentado a un discurso según el cual mi lectura podría considerarse desde una perspectiva de género, pero no precisamente feminista y menos “profeminista”. Varios colegas insisten en que no es pertinente hablar de derechos de la población masculina, sino que habría que privilegiar responsabilidades. He llegado a identificar lecturas que rayan en lo que denomino “la autoflagelación masculina”. Es decir, hombres que se niegan derechos y que parecieran recomendar primero un pago de culpas por las injusticias que ancestralmente la población masculina ha ejercido sobre la femenina y solamente después (sin acotar qué pasos habría intermedios), tendría cierta legitimidad aludir a derechos de los varones.


Varios colegas insisten en que no es pertinente hablar de derechos de la población masculina, sino que habría que privilegiar responsabilidades. He llegado a identificar lecturas que rayan en lo que denomino “la autoflagelación masculina”. Me parece que hay colegas que investigan o trabajan con hombres que se autocensuran ante un “imaginario feminista”, interpretado como mejoría incondicional de las condiciones de las mujeres, sin conceder la posibilidad de que mejorar situaciones de los hombres pueda dignificar el intercambio de ambos.


14_superman-derretidoHe vivido la experiencia de que artículos míos no sean mandados a dictaminar en revistas especializadas en hombres o en feminismo, en ambos casos desde un entorno autodenominado de género, por “explorar categorías que se consideran un obstáculo para los movimientos de mujeres” o bien, que “quizás incomoden a colegas feministas”, como lo son los derechos reproductivos de los varones o bien la salud y la mortalidad paternas. He recibido comentarios en congresos académicos donde se descalifican reflexiones mías por dialogar críticamente con el feminismo o bien por no nombrarlo, pues se considera una irreverencia (“después de todo lo que ha aportado”) o bien una muestra de indiferencia ingrata, a pesar de que se pueda llegar a ciertos temas afines desde la reflexión ética y de derechos humanos.

Me parece que hay colegas que investigan o trabajan con hombres que se autocensuran ante un “imaginario feminista”, interpretado como mejoría incondicional de las condiciones de las mujeres, sin conceder la posibilidad de que mejorar situaciones de los hombres pueda dignificar el intercambio de ambos. Incluso se tergiversa la balanza por priorizar un empoderamiento de las mujeres que ignora y minimiza posibles desventajas vividas por la población masculina, a partir de sus aprendizajes de género y de un sistema patriarcal que los ha construido como el sujeto de referencia y, por ende, que pareciera evitarles la necesidad de pensarse para re-inventarse, como tanto lo han hecho muchas mujeres gracias al feminismo.

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¿Basta el feminismo para pensar a los hombres?

Me sigo preguntando si nos basta el feminismo para pensar a los hombres, e incluso, ¿qué ha aprendido y matizado el feminismo a partir de que se estudia a los hombres de manera más sistemática y de que han surgido nuevas categorías, independizándose de la lectura feminista original?. ¿Será que no entendimos al feminismo o que estamos contribuyendo a enfoques más integrales y comprensivos para las experiencias de unas y otros? No lo sé; quizás por eso me quedo callado ante la pregunta inicial.

14 comentarios

  • Karina García Diciembre 2, 2016en6:49 pm

    Que buen artículo. Muy crítico, y la verdad es que me hago la misma pregunta, más bien me pregunto: porqué siendo mujer, y teniendo conciencia de las problemáticas de género, etc, no me asumo feminista? ….creo que si hay ciertos temas que el feminismo anula, tal vez es solo una percepción mía, quién sabe, pero hay cosas que no quiero dejar de pensar, hablar y accionar, y muchas veces siento que el feminismo es una camisa de fuerza que no quiero tener puesta.

    • Juanjo Compairé García Diciembre 9, 2016en12:50 am

      El feminismo es liberador, de las mujeres en primer lugar y también de los hombres. Ese es su objetivo. Si en algún momento lo has sentido como cortapisa es que posiblemente no lo hayas entendido bien o que has topado con alguien que se proclama feminista pero no lo es. El feminismo o es liberador o no es feminismo. Piensa que además dentro de él hay muchas corrientes. En alguna de ellas seguro que encontrarás respuestas a las preguntas que te haces.

      • Daniela VB Abril 15, 2017en1:09 am

        La mayoría de las personas en el mundo occidental no se consideran feministas. Entonces, siguiendo tu lógica, la mayoría de las personas en occidente son tontas o la mayoría de las personas en occidente han encontrado personas, ideas, prácticas o propuestas dentro del movimiento feministas que consideran repelentes. Yo supongo que en realidad la mayor parte de las personas están muy ocupadas con sus propias vidas como para prestarle atención a estos temas, lo que no significa que se unirían al movimiento feminista en caso de tener que tomar partido. Y si la mayoría de las personas encuentran el movimiento feminista repelente o prácticamente inútil, entonces no estaría de más que te preguntes si realmente hay un gran nivel de toxicidad dentro de dicho movimiento y si realmente dicho movimiento está tan comprometido en ayudar a las personas como dice estarlo.

        • Juanjo Compairé García Abril 15, 2017en3:46 pm

          ¿De dónde sale tu idea de que la mayoría de personas del mundo no son feministas? Esta afirmación habría que demostrarla. El feminismo ha sido y es la gran revolución social (además incruenta). No hay más que comparar la situación de las mujeres hace un tiempo con la actual, a pesar de las insuficiencias del cambio y las continuas amenazas de retroceso. Pero este cambio (pensemos tan solo en el caso de las mujeres españolas) demuestra la fuerza transformadora del feminismo, que ha conseguido influir socialmente de tal manera que hasta las personas que no se consideran tales no aceptarían comportamientos machistas habituales hasta hace no tanto tiempo. Hoy en día casi nadie (quizá excepto Trump) se proclamaría abiertamente machista y contrario a la igualdad. Otra cosa es que en el día a día, en lo cotidiano, quede muchísimo camino por recorrer. Pero en el ámbito del discurso, el triunfo del feminismo es indudable, aunque hay que acabar de llevarlo a la práctica. Por tanto, incluso muchas personas que no se han planteado si son o no feministas, adoptan en su día a día actitudes feministas, incluso sin saberlo.

  • Josep Maria Martín Gurguí Diciembre 3, 2016en11:43 am

    Totalmente de acuerdo.
    No hay feminismo integral sin derechos humanos y sin plenitud de realitzación de TODAS las personas; sean mujeres o hombres.

  • Pedro Diciembre 5, 2016en10:10 am

    “simplemente trabajaba desde la ética y desde los derechos humanos [pero] les incomodaba que no me suscribiera como feminista”,
    “mis argumentos les parecían útiles para el movimiento de mujeres, pero ‘mi ser hombre’ era un obstáculo”
    Pues como hoy en día.

    Por lo demás, me alegra mucho saber que no sólo en mi entorno, sino que incluso en el mundo académico hay hombres que no se ven capaces de llamarse a sí mismos feministas a boca llena en un primer momento. Quizá diga mucho del feminismo tóxico que parece estar tomando las riendas, al menos en redes sociales, medios y manifestaciones.

    • Juanjo Compairé García Diciembre 9, 2016en12:33 am

      El feminismo ni es tóxico como lo llamas, sino que es una apuesta por los derechos humanos. Nosotros lo consideramos un Humanismo que nos interpela como hombres y cuyo mensaje también nos libera. Aunque, naturalmente, a los hombres anclados en los privilegios les parezca un obstáculo porque remueve las bases de su poder.

      • Daniela VB Abril 15, 2017en3:46 am

        ¿Qué privilegios? El servicio militar es obligatorio para los hombres en varios países, la expectativa de vida de los hombres es un poco menor que la expectativa de vida de las mujeres pero los hombres se jubilan más tarde, en muchos países el permiso por paternidad/maternidad dura menos para los hombres que para las mujeres, en algunos lugares es ilegal que un hombre solicite una prueba de paternidad, la probabilidad de que un hombre desarrolle cáncer de próstata es más alta que la probabilidad de que una mujer desarrolle cáncer de mama pero la lucha contra el cáncer de mama recibe el doble de fondos que la lucha contra el cáncer de próstata o cualquier cáncer para el caso, los hombres reciben condenas hasta un 60% más altas que las mujeres cuando se trata de crímenes violentos, el 90% de las muertes laborales son hombres, la mayor parte de los suicidios son cometidos por hombres, 3 de cada 4 personas sin hogar son hombres, la mayor parte de las víctimas de homicidio son hombres, no hay albergues para hombres maltratados por su pareja, los padres solteros casi nunca reciben ayuda económica del estado, por no mencionar que en programas de televisión los padres de familia son retratados como incompetentes y en muchas películas se muestra la agresión hacia los hombres por parte de las mujeres como algo cómico. Incluso ciertas personas han tratado de censurar libros y documentales que hablan sobre los problemas de los hombres. En España, básicamente le quieren quitar la presunción de inocencia a los hombres con la excusa de que es necesario abordar las denuncias desde una “perspectiva de genero”, por cierto, los suicidios de hombres han ido en aumento en España últimamente.

        El único privilegio en este mundo que importa siempre es el dinero y desgraciadamente no tengo mucho de eso. Mis hijos van a tener que trabajar muy duro para llegar a ser alguien en la vida puesto que no nacieron en una familia privilegiada, pero sí nacieron en una familia donde se cree en el trabajo duro y no en el victimismo, nacieron en una familia donde se cree en el respeto, la tolerancia y la empatía.

        Honestamente no puedes esperar que el movimiento feminista llame desde “privilegiados” hasta “violadores en potencia” al colectivo de los hombres y “víctimas” al colectivo de las mujeres, o que le echen la culpa al “Patriarcado” por cada problema social y cada mala actitud que presente un individuo, sin que muchos hombres y mujeres vean dicho movimiento con desconfianza o lo consideren una broma de mal gusto.

        Así que en lugar de asumir que sabe lo que sienten los demás o lo que piensan, mejor escúchelos atentamente. Tampoco suponga que el camino que funciona para usted funciona para todos. No deje que una ideología le arrebate el criterio propio.

        • Juanjo Compairé García Abril 15, 2017en4:01 pm

          Los privilegios de los hombres (innegables: no hay más que ver quién gobierna el mundo político y económico) son privilegios envenenados que acaban, como te decía antes, volviéndose contra nosotros mismos. Estos mandatos de género que nos obligan a los hombres a estar demostrando ser “hombres de verdad” arriesgándonos inútilemente (provocándonos accidentes de tráfico, no cuidando nuestra salud, escondiendo nuestras emociones hasta tal punto que a veces nos convertimos en bombas andantes a punto de estallar, etc.) nos llevan a ser más proclives a trastornos cardiovasculares, a adicciones, etc, cosa que explicaría nuestra menor esperanza de vida.
          El feminismo nos planta un espejo, nos hace mirarnos en él y nos interpela: ¿qué queréis realmente los hombres? ¿Ser el centro, mandar, tener poder, dominar el mundo y a los demás a este precio? ¿Y si bajáis el tono y os reconciliáis con el mundo, aceptáis vuestras vulnerabilidades, dudas, incertidumbres, fracasos, aprendéis a escuchar, a desplazaros del centro, a ser más humanos, a vivir en definitiva mejor?
          Sólo nos queda escuchar y revisar nuestras vidas. Por eso somos hombres feministas.

  • Sandra Diciembre 8, 2016en10:06 pm

    ¡Feminismo “integral”! ¿Pero qué es eso? ¿Pero realmente se han informado ustedes de lo que significa y lo que entraña el Feminismo? ¡Pero si el Feminismo tiene su fundamento y su razón de ser en los Derechos Humanos! ¡Es “Derecho Humano”! No tiene ningún carácter de “integral”, en el sentido radical que indica la entrada anterior. El Feminismo es pura y llanamente un movimiento que aboga por los Derechos Humanos.
    En cuanto al autor del artículo, no sé por qué se le negó su participación en el año 1993 en aquel encuentro sobre maternidad, ni por qué se le ha negado la publicación de ciertos artículos que él comenta… aunque ya me gustaría analizar el contenido de los mismos… Y en cuanto al evento referido, pues mira, pensándolo bien, por otras conferencias a las que he acudido, tal vez se le negó su participación “como hombre” por esa costumbre machista heredada que tenemos mujeres y hombres de prestar mucha más atención y dar más peso y valor a lo que pueda decir un hombre frente a lo que pueda una mujer en una reunión. Así de simple. Eso lo he experimentado muchas, muchas veces… ¡Y ya cansa un poco que esas actitudes sigan repitiéndose después de tantos siglos! ¿No?
    Y eso que comenta irónicamente entre paréntesis sobre el Feminismo (“después de todo lo que ha aportado”). Pero bueno, esto es el colmo. Mira, esa expresión me suena a los comentarios que muchos hombres machistas realizan en los blogs de Pikara y de Babijaputa o de Lidia Falcón. El paralelismo es exactamente el mismo.
    Vamos a ver, yo como mujer, ¿a quién de debo el hecho de que hoy pueda votar? ¿a quién de debo mi derecho al aborto? ¿a quién le debo que pueda tener un trabajo con una remuneración? ¿a quién le debo que se persigan los delitos sexuales que se cometen en este planeta, inmensamente más de los hombres hacia las mujeres, y minimísimamente alrevés? ¿a quién le debo mi derecho al divorcio? ¿a quién le debo, en definitiva, la defensa de mi libertad, mi integridad y mi dignidad como mujer?
    ¿A caso se la debo a ustedes los hombres? ¡Solo faltaba! Damas y caballeros, se lo debo SOLO al Feminismo. No perdamos la historia otra vez, porque parece que el autor no se acuerda de las luchas que, para conseguir el voto femenino, se iniciaron mucho antes que se firmara la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948); al autor se le olvida también que el derecho al aborto comenzó a tratarse en reuniones clandestinas de mujeres mucho antes también del año en que se firmó la declaración… Y así muchos otros aspectos que desde hace más de 200 años lleva abanderando el Feminismo, ¿cómo se permite entonces este señor ironizar con la expresión “después de todo lo que ha aportado”? Pues claro que ofende que él pretenda plantear reflexiones éticas y de derechos humanos soslayando la postura feminista, dejando a un lado el Feminismo, o sea, uno de tantos hombres más que pululan por las redes denostando un movimiento que ha imprimido valor y dignidad a la mitad de los seres humanos de este planeta, a nosotras, las mujeres. Un movimiento mucho más anterior a la famosa declaración del 48, que ojo!, fue impulsada por una mujer… Tiene cosa el asunto ¿no?
    El autor del artículo habla de los malestares reproductivos masculinos, y ¿cómo no nos va a interesar a las mujeres que nuestros compañeros masculinos nos comenten sus inquietudes, sus miedos o sus preocupaciones? ¡Pues claro que nos interesa! ¡Son nuestros compañeros! ¡Cómo no nos va a interesar que hablen de su sentimiento humano como hombres! ¡Del amor desde el punto de vista masculino cuando tiene que hacerse valer en un medio hostil como el machismo!
    A ver, pensemos… si el autor del artículo viviera en Irán o en Arabia Saudí, o en Paquistán… siendo hombre con la mentalidad dominante de esos países, donde la palabra Feminismo puede sonar casi ultrajante, casi una herejía… ¿se le habría ocurrido pensar en todas esas inquietudes que tiene como hombre? ¡Pues por supuesto que no! Es más si el autor del artículo perteneciera a la línea ideológica de… no sé… Donald Trump, ¿tendría la necesidad de hablar de esas ideas que él plantea? ¡Pues es altamente probable que no! Entonces, pensemos… ¿a qué le debe él que en su cabeza surjan esas ideas y la necesidad de expresarlas en público cuando vive en una sociedad machista? Pues ni más ni menos, que a la libertad que, mucho antes que la declaración de 1948 ya venía defendiendo el movimiento feminista.
    Entonces ¿cómo espera que no se critique su actitud cuando al hablar de ella pretende dejar de lado el Feminismo? ¡El Feminismo es el punto de partida! Pienso en la cantidad de ONGs feministas en todo el mundo que trabajan para dignificar la vida de las mujeres y de las niñas y niños, pues, aunque la Declaración está ahí, ésta no ha sabido defenderlos del machismo… Pensemos que, hasta hace unas décadas, era impensable la existencia de asociaciones que defendieran a los hombres del machismo que anula sus sentimientos, ya sean hombres heterosexuales u homosexuales… Son organizaciones constituidas por hombres cuyas reflexiones han derivado de los planteamientos del Feminismo, y han venido surgiendo en todo el mundo. AHIGE es un claro ejemplo. Las mujeres feministas nos alegramos por ello, ¿como no?
    En fin, este señor es un machista más, solo que no es consciente de ello… Bueno, quiero pensar que no. Veo formas de proceder como la suya en televisiones y prensa todos los días… Hay un afán constante por denostar la valía del Feminismo y lo que ha supuesto su repercusión y su aceptación para la vida de toda mujer y también de todo hombre. El Feminismo es el origen de sus preguntas y sus dudas, por mucho que este señor no quiera nombrarlo. Una pena, la verdad.
    Para terminar, comentar que hay algo que una persona me dijo en un taller al que acudí hace algún tiempo. En un descanso durante el mismo estuvimos hablando, y tras mi explicación sobre el tema de la educación para evitar el machismo, esta persona me dijo: “lo que ocurre es que falta formación”. Ante ese comentario, yo me quedé pensativa, y a continuación, le pregunté: “pero, ¿a qué formación te refieres?”. Y entonces me respondió: “a la formación feminista”. Y ¡efectivamente! ¡Ni se me había pasado por la cabeza! Y es que se imparten matemáticas, lengua, ética, literatura, física, química… etc, etc, etc, pero ¿y formación feminista? ¡Qué raro suena! ¿Verdad? Pues esto es lo que le falta al autor del artículo y, a juzgar por los comentarios, también a los autores de los mismos.
    Yo he caído en la cuenta de que debo buscarme esa formación por mi cuenta, buscando aquí y allá, pues los poderes públicos, sea el país que sea, no están por la labor de inculcarla a sus hombres, y mucho menos, a sus mujeres… claro, no vaya a ser que éstas reaccionen, adquieran conciencia de su valía y dignidad, se salten la jerarquía, y comiencen a quitarles privilegios… o también, no vaya a ser que los hombres “se ablanden”, comiencen a usar el color rosa en sus camisas, y terminen por desaparecer instituciones como el negocio del ejército, o los lugares de entretenimiento y desahogo de las “necesidades” sexuales masculinas. Y sabemos qué lugares son ésos.

    • Juanjo Compairé García Diciembre 13, 2016en8:24 am

      A continuación transcribo la respuesta que el autor del artículo, Juan Guillermo Figueroa nos ha enviado en respuesta a este comentario:
      “Cuando uso comillas es porque estoy citando literalmente (“después de todo lo que ha aportado”), no porque esté ironizando. Por lo mismo, aclaro que nunca escribí ni aludí a un feminismo integral, aunque se le ponga comillas en el comentario, sino que pregunté como conclusión de mis reflexiones si el feminismo nos bastaba para estudiar a los hombres o bien si necesitamos aproximaciones o enfoques más integrales; nada más! Esto lo comento porque si bien estoy de acuerdo con que el feminismo aboga por los derechos humanos, tampoco me parece que el feminismo sea sinónimo de lo que propone dicha teoría y paradigma como un todo. Es decir, el feminismo aboga claramente por derechos de las mujeres pero pregunto si los derechos humanos de los hombres son también parte de la agenda feminista. Me interesa y me agrada mucho leer en el comentario que “¿cómo no nos va a interesar a las mujeres que nuestros compañeros masculinos nos comenten sus inquietudes, sus miedos o sus preocupaciones? ¡Pues claro que nos interesa!”. Sin embargo, no todas las lecturas de colegas feministas con quienes he interactuado o incluso con hombres que se nombran feministas, coinciden con ese planteamiento. Por ejemplo, me han comentado que hablar de derechos reproductivos de los hombres, de violencia contra los hombres, así como de salud o mortalidad paternas, entre otros temas que investigo, es querer distraer la atención de “las causas de las mujeres”, a pesar de que nunca los pongo a competir, sino que los menciono como resultados de investigación y en la dimensión relacional de la perspectiva de género. ¿Y entonces, serán coincidentes nuestras lecturas?

      En 2005 publiqué un texto (“Algunos dilemas éticos y políticos al tratar de definir los derechos reproductivos en la experiencia de los varones”, en Perspectivas bioéticas, Buenos Aires, 2005, Vol. 10, Núm. 18, pp. 53-75) en donde dialogaba constructivamente con críticas que he recibido de colegas feministas al proponer derechos reproductivos en la experiencia de los hombres, Uno de los cuestionamientos es que “dichos derechos son peligrosos para los movimientos feministas…” (cita textual); más que descalificar la crítica dialogué constructivamente con la misma y con otras que retomé en dicho texto. En 2010 escribí un texto sobre las posibilidades analíticas que identificaba al tratar de relacionar salud, mortalidad y paternidad y lo envié a un número sobre salud de los hombres en una revista académica de estudios sobre masculinidad y la directora (colega feminista) me comentó que no lo iba a enviar a dictaminar pues “violentaba la agenda feminista por la salud materna” (también es cita); no obstante, el mismo texto al año siguiente fue seleccionado para ser parte del libro con textos del cuarto congreso latinoamericano de estudios sobre hombres y masculinidades celebrado en Uruguay (“Paternidad, salud y mortalidad, ¿podemos combinar estos términos?”, en Estudios sobre Varones y Masculinidades para la generación de políticas públicas y acciones transformadoras. Universidad de la República, Montevideo 2011, pp. 71-78). A los dos años, me rechazaron un artículo en el que profundizaba en este tema, al presentarlo en un proyecto de libro sobre Varones en México y uno de los argumentos centrales fue que “si bien tenía una perspectiva de género, esta no era profeminista”. Este mismo texto, lo publicaron en 2014 en una revista académica de la Universidad Autónoma Metropolitana de México (“Algunas propuestas dialógicas para relacionar paternidad, salud y mortalidad”, en Iztapalapa. Revista de Ciencias Sociales y Humanidades. Universidad Autónoma Metropolitana. Año 35, núm. 77, 2014, pp. 55-75), pues cumplió requisitos académicos. No me victimizo, pero me confirma que no es homogénea ni unívoca la interpretación del feminismo y por lo mismo, dudo qué contestar cuando me preguntan si soy feminista, a pesar de que he trabajado con colegas y organizaciones feministas desde fines de los ochenta.

      Reconozco que mujeres feministas han alimentado muchas reivindicaciones de derechos, pero me pregunto qué lugar ocupan quienes trabajan por los derechos humanos desde otras trincheras, e incluso me pregunto si cuando empecé a investigar temas relacionados con derechos de las mujeres, necesariamente fue por el feminismo (que yo no lo conocía) o si es válido decir que llegué a ello por mis reflexiones éticas y de derechos humanos (algo que sí conocía). Hay muchas coincidencias en las agendas, si bien me cuestionaban colegas feministas no reconocerlo, como si estuviera ocultando mis influencias feministas. ¿Cómo iba a reconocerlas o nombrarlas, si ni siquiera las conocía? Por eso concluyo honestamente en mis reflexiones que “no lo sé; quizás por eso me quedo callado ante la pregunta inicial”, que propuse para mis reflexiones. No creo que sea lo mismo no nombrar algo que se desconoce, a “pretender dejar de lado al feminismo”. ¿Será esta la única forma de llegar a la búsqueda de la igualdad? Lo pregunto honestamente y sin ironía.

      Es claro que hablo desde mi contexto y no me puedo imaginar tan fácilmente situarme en el de otras culturas; por ello destaco ahora que en mi contexto académico y político universitario, tuvo un lugar central la ética (soy filósofo) y los derechos humanos (activista cerca de “la izquierda”) y debo decir que en la universidad no estudié nada de feminismo. No obstante, cuando me invitaron hace 25 años a organizar una sesión en un congreso feminista, al que me comentaron que yo no podía entrar, amigas mías me explicaron “acuérdate que eres hombre y que un hombre no puede ser feminista, si bien tus reflexiones nos sirven”. ¿Entonces era o no era yo feminista…? Hace 7 años tuvo lugar el encuentro latinoamericano feminista en la ciudad de México y les propuse a mis amigas feministas la posibilidad de hacer una mesa redonda para dialogar sobre varones y feminismo y me contestaron que no, pues “yo no podría entrar, dado que soy hombre”. ¿Entonces, soy o no soy feminista? Honestamente no lo sé y por eso guardo silencio, pues además no me gustan las etiquetas, si bien trato de ser congruente con mis convicciones de justicia social y en eso creo que tenemos muchas coincidencias.

      Nunca llegué a proponer en mi texto que las reivindicaciones logradas por las mujeres “se las debo a ustedes los hombres”, pero tampoco coincido en que “se lo debo SOLO al Feminismo”, sin ignorar con ello demandas de otros actores sociales. No quiero saturar mis nuevos apuntes con textos y referencias bibliográficas, pero sí invitar a seguirlo conversando. ¿Podría volver a preguntar lo que propuse en un texto publicado este año (“Algunas reflexiones para dialogar sobre el patriarcado desde el estudio y el trabajo con varones y masculinidades”. Sexualidad, Salud y Sociedad, 2016, n. 22, pp.221-248), en términos de discutir si existen límites en el discurso del feminismo y en la categoría patriarcado, al trabajar y estudiar a los varones; ¿no hay matices que trabajar? Queridos colegas brasileños sugieren hacer una lectura de género del feminismo y una lectura feminista del género. ¿Será que podemos seguir conversando al respecto…, así como sobre la “formación feminista” que se afirma que le falta al autor y a los comentaristas…?”

      Para una conversación directa con el autor, por favor, escribid a jfigue@colmex.mx

    • Daniela VB Abril 15, 2017en1:27 am

      Las feministas en ocasiones dicen que el feminismo lucha por la igualdad y en otras ocasiones dicen que el feminismo lucha específicamente por el bienestar de la mujer, lo que resulte más conveniente en el momento. Pero la manera en que definan su ideología es lo de menos, lo que se critica es el actuar del movimiento feminista. La dura realidad es que el movimiento feminista hoy en día casi nunca hace algo útil, a veces solamente empeora las cosas. Así que no te sorprendas cuando la gente no se tome en serio tu discurso.

      • Juanjo Compairé García Abril 15, 2017en3:51 pm

        Feminismo es igualdad. Como te decía antes, compara la situación de las mujeres hace años con la de ahora y lo veás. El feminismo es un gran movimiento transformador de las conciencias. Inclusive de las que no son conscientes de ser feministas.
        Y por supuesto esto también nos interpela a los hombres, que también (aunque más lentamente y a veces a remolque del cambio de las mujeres) estamos cambiando, haciéndonos más humanos e intentando dejar progresivamente esos machismos que tanto mal nos hacen a nosotros y también a las mujeres. Al menos a algunos hombres, a los que representa y va dirigida nuestra revista. Es decir, la fuerza transformadora del feminismo es tal que ha removido también los cimientos de la vieja masculinidad. Para bien.

  • Feminismo valiente Mayo 30, 2017en5:31 pm

    En mi caso concreto debo reconocer que para mí el hecho de ser feminista es un proyecto de felicidad ( ver este enlace: http://bit.ly/2siBxIY ).
    Y luego, que en ciertos círculos no pueda entrar por ser hombre, no me preocupa, no más que no ser invitado a una cena familiar de una familia que no es la mía, seguro que hay otros espacios de encuentro. Pero, sobre todo, no voy a exigir a nadie que sea perfecto en lo que dice que le define, el derecho a equivocarse y a progresar es válido para todas las personas. Y por último, ¿quién pondría en duda su ser futbolista porque en un partido o en varios haya fallado un penalti o varios o porque le hayan pitado una falta o quinientas?

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