BUENDIÓLDORAS

por Manuel Buendía Bercero ( mbuendia63@gmail.com )

manuel_buendia_masculinidades_black1.- ¿Seguro que no había cuentos astutos escritos por mujeres?

Un día revisando la biblioteca pública encontré este simpático librito de cuentos recopilados por una mujer.

No tengo nada contra la escritora ni contra los criterios muy justificados seguramente que emplearon para hacer la selección de los trece cuentos astutos.

Tampoco critico la calidad de los autores, la ponderación de las distintas épocas históricas, o la repartición de los orígenes geográficos.

Pero a mí me llama la atención que no aparezca ninguna mujer en un libro actual sobre una recopilación de todas las épocas y lugares.

¿Les falta astucia a las mujeres para escribir? Yo afirmo que no. Eso sí que es un gran cuento…

2.- Aceptar la incerteza en la oficina

Felisa es una mujer ejecutiva de una multinacional, que recurrió a una coach de género para ayudarla a conciliar su vida personal, familiar y laboral, y para aumentar la confianza en sí misma en el ambiente de trabajo.

Entre las dos habían trabajado una serie de aspectos sobre la estructura y relaciones en su puesto de trabajo. El jefe de Felisa sabe disimular muy bien cuando se encuentra inseguro. Ella ha aprendido a notarlo, y sin querer, como una madre tradicional, se echa a sus espaldas esa responsabilidad que no le corresponde. Y además que nadie le reconoce o paga por ello.

ejecutivaSe dio cuenta de varias cosas más que podía mejorar. Felisa es madre soltera. Su hija de cinco años le proporciona mucha felicidad pero no llega a todo. Menos mal que cuenta con la abuela. El problema es que tiene tanta responsabilidad, está tan preocupada que a menudo “piensa que no lo logrará” y se lo cuenta a todo el mundo. Los hombres con los que compite no hacen eso, ellos disimulan.

Tiene la sensación de que todas las compañeras de trabajo piensan que están ahí porque se lo merecen con creces. Seguro que es verdad. Todas están donde están por la excelente actuación y lo saben. Con los años han aprendido a adoptar un modelo perfeccionista. No suelen explicitar que saben algo hasta que no están seguras de que es así.

Sin embargo tienen la sensación, Felisa entre ellas, de que varios de sus compañeros saben disimular. Parece que ellos están entrenados a salir al terreno de juego y sólo preocuparse en jugar y ganar. Sus fanfarronadas les ayudan a parecer que saben, y a intentar salir bien parados ¿Por qué no aprender a hacer algo parecido?

Felisa sabe que hasta que no está completamente segura para moverse, no se mueve. Y eso no puede ser. A partir de ahora irá viendo. Aprenderá a improvisar.

Pondrá encima de la mesa las cartas con su jefe: él tiene que reconocer en público de alguna manera que la necesita o que la considera. No es obligatorio que todo el mundo sepa sus debilidades, los demás no lo hacen. Hacer eso, callarse, no es mentir. Sabe que es muy valiosa tanto en casa como en el trabajo, pero no es perfecta, nadie lo es.

Es una fantasía el pretender estar segura en todos los campos ¿Por qué no aprender algunos aspectos útiles de quienes llevan muchos siglos trabajando fuera de casa? Sabe que muchos compañeros hombres están muy verdes en la esfera privada o doméstica y que tendrán individualmente que trabajárselo en un futuro muy próximo, o si no tendrán dificultades pero eso no es su problema. Felisa únicamente es madre de su hija, la única a la que tiene que rendir cuentas en ese aspecto.

3.- ¡Jorge le dijo a su mujer que tenía el deber de agradar!

-¿Será verdad que soy un machista?- se decía Jorge cuando bajaba las escaleras de su casa- ¡si yo le estoy reconociendo todo lo que vale y lo buena que está!

Se le había escapado que lo normal es que las mujeres tengan la costumbre de agradar estéticamente.

A Jorge le parece a veces que es un poco rollo esto de tener una compañera feminista. Está siempre con la escopeta cargada. No entiende algunas frases que le dijo Carla ese día cuando se le escapó a Jorge que las mujeres tienen el derecho de agradar:

luce_hermosa¡Una mujer actual y moderna paga su libertad con un deber de belleza!

¡Decir que las mujeres son el sexo que debe agradar es una consigna del patriarcado!

¡No es justo que las mujeres seamos esclavas de la belleza, la cosmética y la cirugía!

¡La ley del agrado es machista!

Jorge piensa que él no tiene la culpa. Y además muchas mujeres están de acuerdo por lo cual no es asunto suyo, ¡que se aclaren ellas! No hay más que ver la televisión, la publicidad o las revistas femeninas. Todo eso le sale en un principio.

Jorge está hecho un lío. Posteriormente reconoce que seguramente es verdad que tiene en su cabeza muchas ideas machistas, y quiere ponerle remedio a eso. Va a procurar soltar ese lastre.

Se ha dado cuenta de una cosa importante. No es bueno tener la obligación de ajustarse a una horma rígida, como si todo el mundo tuviera que usar el mismo número de zapato. Tener libertad es intentar ser dueño de ti mismo. Quizá es verdad que las mujeres no son dueñas de sí mismas si se creen en la obligación de ajustarse a la horma o el canon de belleza que impone la publicidad y los medios.

A Jorge le agrada Carla como es. No es lo mismo que muchas mujeres tengan la costumbre de obsesionarse con la estética a decir que sea un derecho, y mucho menos un deber.

Jorge está comprendiendo, ha soltado un lastre…