buendioldoras

Manolo Buendía enseñando una mano pintada de violeta.

Manolo Buendía enseñando una mano pintada de violeta.

 

 

 

 

 

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VACACIONES EN MOSCÚ

Ese año la familia Rodríguez- Morales pudo ir de vacaciones a Moscú. Hacía mucho tiempo que sus cinco miembros deseaban hacerlo. El abuelo vivió más de cuarenta años allí porque fue uno de esos “niños de la guerra civil española” que fue acogido y criado en Rusia. En 1976, ya entrada la democracia, pudo regresar con su hijo Iván Rodríguez, por aquel entonces un niño de doce años. Su madre, la compañera del abuelo Jonás había fallecido cinco años antes, motivo por el cual casi nada le retenía allí.

Pues bien, una generación después tuvo la oportunidad de mostrarle a su nieto Miguel y a su nuera, los rincones por los que habían vivido él y el padre de Miguel, cuando éste, tenía aproximadamente su edad.

Al llegar a la zona comercial del aeropuerto, encontraron las diversas tiendas con los típicos souvenir. Pero ninguno de ellos podía creerse lo que estaban viendo. Junto a las célebres matrioskas o muñecas de madera que se introducen unas dentro de otras de distintos tamaños, varios escaparates de iconos ortodoxos, o estanterías llenas de Vodka, estaba también la franquicia de Kalashnikov Concern. Dicha empresa, fabricante del famoso fusil de asalto AK-47, había abierto en el aeropuerto Sheremetyevo, cerca de Moscú, una tienda de replicas de madera de dicho fusil. Es el arma más utilizado en todo el mundo. A su lado, se encuentran multitud de pistolas, bolsas, camisetas, gorras, ropa militar, y todo tipo de merchandising. Eran de juguete, eso sí, pero estaban ahí para consumo de todo tipo de personas. En uno de los mostradores vieron a un padre que le mostraba con excitación a su hijo, la pieza que se iban a comprar.

  • ¿En qué se ha quedado este país, al que tanto he amado? ¡En el peor capitalismo que podíamos encontrar! ¡Qué vergüenza!- decía el abuelo muy preocupado.

Estaban de vacaciones, y llegaban con mucha ilusión pero esa fue la primera imagen que se encontraron la familia Rodríguez-Morales. Los tres hombres estuvieron charlando durante un rato sobre la pedagogía de la violencia y las armas. Al nieto le explicaron que ninguno de los tres había jugado nunca con juguetes bélicos, a conciencia y estaban muy orgullosos de ello.

Luego pasa lo que pasa.


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ME CONTROLA PORQUE ME QUIERE

Las dos amigas de clase de Vanesa creían que ella se mostraba “demasiado apasionada” cuando se enamoraba. Había tenido varios novios y casi siempre desde el primer día estaban siempre juntos todo el rato. Había salido con un compañero de clase de las tres chicas y la parejita se contaba todo. Quería saber todo de él, con quien estaba, lo que hacía, todo absolutamente todo, hasta tal punto que Jaime, que así se llamaba el compañero, se sintió un poco agobiado y cree que tuvo que romper. El “enganche emocional” que había tenido, según sus amigas, era más exagerado de lo normal. Ella argüía que no era por “dar la brasa” sino que era una muestra de que “lo quería de verdad”. La profesora Pilar se estuvo interesando un día, al salir de tutoría, puesto que había notado “algo raro”. Días antes, habían comentado en clase sobre el tema, tras unas charlas y talleres de Igualdad y educación afectiva sexual que les dieron dos voluntarias de una ONG feminista. La cosa quedó ahí.

El problema vino cuando conoció a Andrés, un chico tres años mayor que ella, que no lo vio venir. Era un tipo guapo y arrogante, muy seguro de sí. Tenía fama de ligón pero desde que la conociera bien y estuviera con ella, eso cambiaría, pensaba Vanesa. Andrés era perfecto, lo tenía todo.

Por otra parte, Pilar se había informado del último estudio sobre la “percepción de la violencia de género en la adolescencia y la juventud”, datos oficiales del ministerio, donde se dice que ha crecido más de un 10% la violencia de género en el último año. Aunque la juventud conoce la ley, la existencia del 016, o recuerda alguna campaña de sensibilización, una de cada tres personas jóvenes no identifica los comportamientos de control con violencia de género. En teoría, se afirma que no se tolera el control, pero cuando se da no se sabe reconocer. Un 7% de la población considera como inevitables o aceptables según los casos y las circunstancias situaciones de malos tratos verbales, e incluso un 3% tolera en ocasiones los malos tratos físicos o sexuales.

En el caso de Vanessa precisamente, por su forma de ver las cosas, o porque al final se había realmente creído que ella también hacía lo mismo (ser un poco obsesiva en las relaciones), no se le encendieron las alarmas cuando Andrés (entre buenas palabras y arrumacos) le prohibió ser amiga del facebook de seis o siete “amigos de toda la vida” que a Andrés le daban celos. Ella aceptó y al principio se sintió hasta alagada.

Un día fueron al cine, y se puso el vestido rojo que su madre le había comprado cuando cumplió los diecisiete. Al principio no le gustaba el vestido porque “era de vieja”, pero pensándolo bien, le quedaba estupendo. Andrés se burló de ella.

  • ¡Con ese escote pareces una puta!– le dijo entre bromas y exclamaciones.

Andrés se enfadaba con mucha frecuencia de forma brusca. Le hizo creer que era porque la quería. Varios días después vinieron los gritos. Con un poco de alcohol por medio, llegó el primer sopapo.

  • Pilar, por favor, puedo hablar contigo- le dijo Vanessa al día siguiente. En este caso concreto, sin saber muy bien por qué, no le apeteció contárselo a sus amigas, ni decírselo a su madre. Su profesora resultó ser en ese momento el adulto de confianza que tenía más a mano.

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Ella, su profesora, llevaba varios días dándole vueltas a la cabeza sobre esos otros dos datos oficiales. Un 37% coincide con la opinión de que las mujeres sufren maltrato porque lo consienten y un 29% creen que las mujeres maltratadas tienen menor formación. Ese es el estudio de la percepción. El asunto es muy grave. Tenemos mucho trabajo pendiente.


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.¿ARTURO PÉREZ REVERTE Y YO SOMOS MALOS TIPOS?

El excelente novelista Arturo Pérez Reverte ha publicado recientemente una novela de espías llamada “Falcó”. Está en el periodo de promoción por lo cual tenemos varias oportunidades de verle en numerosas entrevistas.

Personalmente le doy las gracias por el estupendo filón que supone leerle algunos de sus comentarios sobre la novela. Me sirven para pensar en alto y dar mi opinión.

Afirma:

Antes me ponía furioso la maldad; luego la estupidez; ahora la cobardía”.

Me preocupa la eterna tríada FURIA-HOMBRES-COBARDÍA ¿A dónde nos lleva eso? ¿Quién dice dónde está la maldad? Cada vez tengo más duda sobre eso, o veo más fácilmente la estupidez en mi interior. Me indigna la injusticia, en eso coincidimos, pero a mí la furia no me resuelve casi nada.

Continúa explicando:

Falcó es un espía amoral, golfo, mujeriego y sin apenas reglas pero que es capaz de apreciar algunos valores de los seres humanos. Alguien de trato poco recomendable con quien los hombres querrían tomarse una copa aunque fueran conscientes de que podría traicionarlo, y las mujeres irse a la cama aunque intuyeran que iban a ser un mero objeto sexual. Un mal bicho. Pero no peor que los demás, porque todos somos malos tipos” “No puedo escribir sobre un héroe puro porque perdí la inocencia en la primera guerra en la que estuve”.

¡Pues amigo Arturo, conmigo no cuentes! Yo no quisiera tomar ninguna copa con ese tipo, y me he querido creer que las mujeres con las que he estado tampoco, precisamente porque son libres y eligen no sentirse mujeres objeto. Todos no nos identificamos con él, me apetecía que lo supieras.

Por si queda alguna duda, mi agradecimiento no es ningún sarcasmo. Es un buen escritor seguramente, y mi agradecimiento es sincero porque está muy bien explicado el estilo de masculinidad que YO NO QUIERO SER. No me pongo como ejemplo, ni necesito disculpar mis miserias, simplemente es un ejercicio de libertad identitaria. No creo en los héroes, y mucho menos puros. No he vivido ninguna guerra, quizá por eso no he perdido del todo mi inocencia. Reivindico mi orgullo a ser el tipo de hombre que quiero ser y no se llama Falcó.

Me he planteado si puedo estar dejando la impresión de una pelea de machos entre Reverte y yo, o si estoy buscando un interlocutor de gran altura como truco para ponerme a su nivel, pero no lo creo. Voy a coquetear un poquito con unas dosis de victimismo: ¡lo que yo opino le importa a muy poca gente!

Además, seguramente un tipo como yo le parece a Reverte demasiado o estúpido o cobarde, y seguramente tiene razón porque no me gustaría ponerle furioso.

Mi más sincero agradecimiento.