En este número de la revista nos planteamos el estado del movimiento de hombres por la igualdad; vislumbramos una encrucijada y deseamos superarla para seguir avanzando.

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Pero ¿Quién dijo que tenía que ser fácil? Nada fácil aunar fuerzas en pro de la igualdad de quienes se espera que seamos quienes gobiernan siempre, los opresores de la historia, para animarnos a bajar del burro y seguir a pie, pese a los guijarros hirientes del camino. Sin embargo lo que fueron guijarros en un principio doloroso, luego se convirtieron en gravilla y hasta arena…, y cuantos más hombres empezamos a dar pasos, más arenilla nos brindamos. Guijarros, gravilla o arena que sentimos incluso agradable en el camino del apoyo mutuo, deconstruyendo la vieja masculinidad, pues ellos dan la oportunidad a nuestros pies de recibir el masaje reflexológico transmitido de las propias huellas del camino. Si, amigos, la igualdad nos favorece, nos hace bien, es sanadora…, luego, evidentemente, la sociedad evoluciona y todos y todas aprendemos a convivir en paz y armonía.

En este número de “Hombres igualitarios” queremos compartir dos poemas, uno  de Gioconda Belli y otro de Federico García Lorca; pareja de reyes de la poesía que nos ayudarán a vislumbrar un camino saludable y la necesidad de seguir caminando para reinventar el paisaje pintado de noviolencia que deseamos para nosotros, para quienes amamos y para quienes han de venir.

Esperamos que os inspiren las más bellas fantasías para hacer de este mundo un lugar más igualitario.

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REGLAS DE JUEGO PARA LOS HOMBRES

QUE QUIERAN AMAR A LAS MUJERES

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I

El hombre que me ame

deberá saber descorrer las cortinas de la piel,

encontrar la profundidad de mis ojos

y conocer lo que anida en mí,

la golondrina transparente de la ternura.

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II

El hombre que me ame

no querrá poseerme como una mercancía,

ni exhibirme como un trofeo de caza,

sabrá estar a mi lado

con el mismo amor

con que yo estaré al lado suyo.

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III

El amor del hombre que me ame

será fuerte como los árboles de ceibo,

protector y seguro como ellos,

limpio como una mañana de diciembre.

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IV

El hombre que me ame

no dudará de mi sonrisa

ni temerá la abundancia de mi pelo,

respetará la tristeza, el silencio

y con caricias tocará mi vientre como guitarra

para que brote música y alegría

desde el fondo de mi cuerpo.

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V

El hombre que me ame

podrá encontrar en mí

la hamaca donde descansar

el pesado fardo de sus preocupaciones

la amiga con quien compartir sus íntimos secretos,

el lago donde flotar

sin miedo de que el ancla del compromiso

le impida volar cuando se le ocurra ser pájaro.

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VI

El hombre que me ame

hará poesía con su vida,

construyendo cada día

con la mirada puesta en el futuro.

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VII

Por sobre todas las cosas,

el hombre que me ame

deberá amar al pueblo

no como una abstracta palabra

sacada de la manga,

sino como algo real, concreto,

ante quien rendir homenaje con acciones

y dar la vida si es necesario.

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VIII

El hombre que me ame

reconocerá mi rostro en la trinchera,

rodilla en tierra me amará

mientras los dos disparamos juntos

contra el enemigo.

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IX

El amor de mi hombre

no conocerá el miedo a la entrega,

ni temerá descubrirse ante la magia del enamoramiento

en una plaza llena de multitudes.

Podrá gritar –te quiero– o hacer rótulos en lo alto de los edificios

proclamando su derecho a sentir

el más hermoso y humano de los sentimientos.

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X

El amor de mi hombre

no le huirá a las cocinas,

ni a los pañales del hijo,

será como un viento fresco

llevándose entre nubes de sueño y de pasado,

las debilidades que, por siglos,

nos mantuvieron separados

como seres de distinta estatura.

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XI

El amor de mi hombre

no querrá rotularme y etiquetarme,

me dará aire, espacio,

alimento para crecer y ser mejor,

como una Revolución

que hace de cada día

el comienzo de una nueva victoria.

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Gioconda Belli

En el libro “NO RESIGNACIÓN” (Poetas del mundo por la no violencia contra la mujer)
Antología de Salamanca
Ayuntamiento de Salamanca, 2016

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EL CAMINO

No conseguirá nunca

tu lanza

herir al horizonte.

La montaña

es un escudo

que lo guarda.

No sueñes con la sangre de la luna

y descansa.

Pero deja, camino,

que mis plantas

exploren la caricia

de la rociada.

¡Quiromántico enorme!

¿Conocerás las almas

por el débil tatuaje

que olvidan en tu espalda?

Si eres un Flammarión

de las pisadas,

¡cómo debes amar

a los asnos que pasan

acariciando con ternura humilde

tu carne desgarrada!

Ellos solos meditan dónde puede

llegar tu enorme lanza.

Ellos solos, que son

los Budas de la Fauna,

cuando viejos y heridos deletrean

tu libro sin palabras.

¡Cuánta melancolía

tienes entre las casas

del poblado!

¡Qué clara es tu virtud! Aguantas

cuatro carros dormidos,

dos acacias,

y un pozo del antaño

que no tiene agua.

Dando vueltas al mundo,

no encontrarás posada.

No tendrás camposanto

ni mortaja,

ni el aire del amor renovará

tu sustancia.

Pero sal de los campos

y en la negra distancia

de lo eterno, si tallas

la sombra con to lima

blanca, ¡oh, camino!

¡Pasarás por el puente

de Santa Clara!

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Federico García Lorca (Libro de poemas, 1921)