Diferentes enfoques de la Economía Feminista.

DOSSIER. ECONOMIA FEMINISTA.

(La economía feminista y los procesos de transformación de las masculinidades).

AUTOR. JOSE Mº LOZANO ESTELLA

Diferentes enfoques del movimiento feminista y su posicionamiento económico, sobre la cuestión del género y las desigualdades entre sexo.

¡Esto es el patriarcado, chico!

La economía feminista nace como un enfoque nuevo y diferente frente a la visión neoclásica imperante en el sistema capitalista. De la misma forma que los movimientos feministas no tienen una sola forma de encarar el androcentrismo y los conflictos de desigualdad existentes entre los sexos, la propuesta económica que emerge de los movimientos feministas muestra esa diversidad y da como resultando modelos económicos diferentes.

A lo largo del presente artículo, pretendemos clarificar y clasificar estos paradigmas económicos diferentes. Para ello nos basaremos en los análisis que realiza la economista Amaia Pérez Orozco sobre esta cuestión, concretamente en su libro “Subversión feminista de la economía” (1) y en un artículo publicado en la Revista Venezolana de Estudios de la Mujer (2).

Introducción.

Sea cual sea la corriente del movimiento feminista, su punto en común es introducir la cuestión del género en la economía neoclásica. Esto es fundamental en el movimiento feminista. La economía que surgió con el capitalismo no tenía en cuenta la cuestión del género.

La Economía es una ciencia creada por los hombres y al servicio de un naciente sistema capitalista. Una ciencia que encuentra su área de actuación dentro del espacio público, un territorio de hombres (ciencia, razón, poder, dominio, cultura, etc.) donde su hegemonía es total. Ese espacio público, hoy lo podríamos llamar mercado, empieza a construirse alrededor del trabajo, un concepto que, tanto desde la economía clásica como su vertiente neoclásica (3) se entiende como aquella función que sea remunerada. Por consiguiente, lo no remunerado pasa a no ser trabajo.

De esta forma se agranda mas la disociación entre espacio público / espacio privado. Sólo para el espacio público se crean leyes económicas, aquellas que van a definir el progreso, el estado de bienestar y dónde todo trabajo será remunerado. Un bienestar que pondrá su epicentro en el beneficio material (dinero). Mientras tanto, en el espacio privado queda todo lo que está fuera de estos conceptos económicos. Un espacio en definitiva carente de valor.

Estas disociaciones: trabajo / no trabajo, público / privado, económico / no económico, como muy bien apunta Amaia Pérez, no son pura casualidad, sino que equivalen a una estructura patriarcal androcéntrica: lo que tiene valor queda en el lugar que ocupan los hombres y lo que no tiene valor en el que ocupan las mujeres. Así, el capitalismo, apoyándose en una estructura patriarcal androcéntrica que le antecede, puede dictar una nueva economía que agranda mucho más las desigualdades existentes entre sexos e introduce una nueva explotación depredadora sobre los recursos naturales del planeta.


Sea cual sea la corriente del movimiento feminista, su punto en común es introducir la cuestión del género en la economía neoclásica. Esto es fundamental en el movimiento feminista. La economía que surgió con el capitalismo no tenía en cuenta la cuestión del género.


Cualquier corriente de la economía feminista coincide en visibilizar a las mujeres, ubicadas en el ámbito del espacio privado, demostrando la importancia de ellas en la economía. La gran tarea de la economía feminista consiste en integrar las esferas de lo público y de lo privado en el ámbito de la economía, demostrar la interrelación e interdependencia entre ambas. La forma como se articula esta tarea provoca ciertas diferencias en corrientes del movimiento feminista, cuando apuestan por elaborar una economía correctiva o alternativa a la neoclásica.

 

Amaia Pérez Orozco señala tres diferentes elaboraciones de la economía dentro del feminismo: La economía del género, la economía feminista integradora (4) y la economía feminista de la ruptura.

Economía del género.

La esencia de la Economía del Género consiste en su aceptación del paradigma neoclásico, previa supresión de las desigualdades entre hombres y mujeres. La mujer se incorpora al espacio público, en igualdad de condiciones con los hombres. Un triunfo que se consigue tras eliminar todo tipo de prejuicios de corte androcéntrico que lo estaban imposibilitando.

Las defensoras de este planteamiento económico pueden ser consideradas como pragmáticas, al no ver posibilidad de cambiar un sistema capitalista. Ante una situación imposible de cambiar, piensan las seguidoras de este movimiento, cuando menos que las mujeres puedan beneficiarse por igual y no quedar marginadas.

Defienden también que incorporar más mano de obra (las mujeres) al sistema de mercado, implica mayores posibilidades de escoger entre aquellas personas más adecuadas y rentables. No hacerlo, implica dejar a un cincuenta por ciento fuera de ese sistema económico.

Se reivindica eliminar las barreras (techos de cristal) que dificultan a las mujeres acceder en igualdad de condiciones a cualquier cargo público, así como condiciones salariales paritarias entre hombres y mujeres por el mismo trabajo. En definitiva se habla de este enfoque “añada mujeres y revuelva” (5).


La esencia de la Economía del Género consiste en su aceptación del paradigma neoclásico, previa supresión de las desigualdades entre hombres y mujeres. La mujer se incorpora al espacio público, en igualdad de condiciones con los hombres. Un triunfo que se consigue tras eliminar todo tipo de prejuicios de corte androcéntrico que lo estaban imposibilitando.


La economía del género respeta la esencia del sistema capitalista y desmonta el sesgo del hetero-patriarcado. Sin embargo, las pautas de la economía neoclásica siguen intactas. Se considera trabajo aquel que está remunerado y sigue vigente el concepto de que el bienestar lo marca el beneficio económico. Si se analizan detenidamente estos conceptos, se observa que no se hace demanda alguna a los hombres, lo que se exige es que las mujeres tengan sus mismos derechos a la hora de acceder al mercado existente en el espacio público.

Podemos igualmente observar, como indica Cristina Carrasco (6), que el acceso de la mujer al mercado laboral implica que las funciones domésticas queden mayoritariamente en manos de personas contratadas de forma precaria (siempre otras mujeres) y que en muchos casos el cuidado de los hijos recaiga en las abuelas. Por otra parte, esta irrupción de la mujer en el mercado laboral conlleva además una doble carga de trabajo (laboral y domestico, público y privado).

En los postulados de la Economía del Género, sin embargo, el sistema hegemónico creado por los hombres sigue de alguna forma intacto. Podríamos hablar de mujeres que consiguen romper esa hegemonía y estar presentes en el ámbito de la economía, si bien se trata una forma de masculinización de la feminidad en cuanto a roles de género.

Esta forma de entrada de la mujer al ámbito laboral deja igualmente intacto el epicentro del sistema capitalista: el beneficio económico, por encima de las necesidades humanas, sigue siendo el eje directivo. Un sistema que actúa sobre la crisis -que ha generado él mismo- con políticas de protección del capital a costa de la reducción salarial, pérdidas de beneficios sociales, aumento de la pobreza, etc. Observamos que el capital humano está al servicio del capital monetario y que, sobre estos parámetros, se habla de políticas de bienestar que, en definitiva, favorecen a unos pocos en detrimentos de otros muchos. La generosidad del capitalismo con esta economía del género consistiría en hacer ver que “todo cambia, para que todo siga igual”. De alguna forma el patriarcado mantiene su presencia dentro de esta estructura, haciendo imposible la utopía de igualdad para todos y todas. El techo de cristal seguirá marcando las diferencias.

Economía feminista.

Los enfoques de las llamadas economías feministas ya estarían en la línea de cuestionar el sistema capitalista. Las diferencias entre las distintas propuestas, está en la forma que se hace esta crítica y su intensidad.

Siguiendo la clasificación de Amaia Pérez Orozco, podemos hablar de dos planteamientos; uno integrador de los espacios público y privado dentro de la economía y, por otro lado otro planteamiento totalmente rupturista del capitalismo, que piensa en un sistema económico que ponga el foco en la sostenibilidad de una vida igualitaria para todos y todas, es decir el capital al servicio de las personas.

Economía feminista integradora.

Como apunta Amaia Pérez Orozco, la economía feminista integradora visibiliza el trabajo no remunerado (trabajo domestico y de reproducción), situándolo dentro de la actividad económica. Pérez Orozco, en sus tesis, es perfectamente consciente de la dificultad de integrar las concepciones trabajo remunerado / trabajo no remunerado en el ámbito económico, por enfrentarse a un sistema capitalista totalmente sostenido por una estructura social. Lo importante de este enfoque es que las mujeres, aún sin estar en el mercado laboral, sí que son en realidad agentes económicos y para nada están inactivas.

El hecho de significar el trabajo domestico dentro de la economía posibilita mostrar las desigualdades de género, ya que, como muy bien indica Amaia Pérez, la división del trabajo no es para nada neutral, al situar en trabajos diferenciados a hombres y mujeres.

La mirada de este enfoque económico integrador da lugar a un concepto nuevo y necesario si queremos integrar ambos ámbitos de trabajo (remunerado/no remunerado) en igualdad de condiciones: la corresponsabilidad. Un significado que ya indica que los hombres van a tener que valorar e implicarse en este cambio, comprometerse en asumir como propios esos trabajos de reproducción (de cuidados) que hasta ahora no les correspondían. No se trata sólo de ayudar a las mujeres, sino de corresponsabilizarse.

Esta concepción ya apunta a una diferencia significativa con la economía del género, en cuyos postulados no se recoge esta idea. Para alcanzar esta corresponsabilidad es necesario suprimir la concepción heteropatriarcal de los roles de género. Hacerlo supone capitalizar la importancia que tiene el trabajo del cuidador como eje que posibilita una vida digna de ser vivida. Unos trabajos que no deben tener ni género ni sexo, que deben dignificar por igual a todos y todas. Eso supondría políticas públicas encaminadas a priorizar y dar valor a esos trabajos, a integrarlos en el mercado y por tanto a tener cuerpo económico, es decir como parte del sistema económico. Políticas necesarias en esta nueva forma de economía integradora, para evitar injusticias, que, en última instancia siempre acaba repercutiendo en las mujeres.


La mirada de este enfoque económico integrador da lugar a un concepto nuevo y necesario si queremos integrar ambos ámbitos de trabajo (remunerado/no remunerado) en igualdad de condiciones: la corresponsabilidad. Un significado que ya indica que los hombres van a tener que valorar e implicarse en este cambio, comprometerse en asumir como propios esos trabajos de reproducción (de cuidados) que hasta ahora no les correspondían.


La integración de ambas esferas económicas, como indica Amaia Pérez, supone acabar con la idea de que los mercados y los hombres son autosuficientes, mientras que los hogares y mujeres son dependientes. Nada más lejos de la realidad. Hay una gran interdependencia entre ambos. Las esferas productivas-reproductivas en total interdependencia conducen a un estado real de bienestar social.

El problema es que las mujeres acaban doblando su presencia en esta economía y que los hombres no acaban de corresponsabilizarse. Ellos a tiempo completo en el mercado. Ellas a tiempo parcial entre el ámbito laboral y el doméstico, con la mitad de sueldo y la mitad de prestaciones, como muy bien indican Carmen Castro y María Pazos de la plataforma PIINA, haciendo énfasis, además, en las diferencias entre los permisos de maternidad y paternidad.

Todo ello lleva a plantearnos cómo poder conseguir una redistribución igualitaria entre ambas esferas económicas. La pregunta queda abierta y tiene difícil solución en un sistema capitalista totalmente sostenido por el patriarcal. No obstante, la economía neoclásica ya no puede esconder una realidad largamente silenciada. El debate está servido.

Economía feminista rupturista.

La enorme dificultad para dar respuesta a los planteamientos de la economía feminista de la integración, hace que algunos movimientos de economía feminista se planteen su imposibilidad y por lo tanto la necesidad de una ruptura con ese sistema sostenido por una economía neoclásica.

Es evidente que, en la teoría económica neoclásica del sistema capitalista, la igualdad no es posible. No solo no es posible la igualdad para hombres y mujeres. Tampoco lo es para razas, clases y sexualidades. Para el capitalismo el centro de todo es el capital / beneficio, todo se regula en función de este principio, todo y todos están a su servicio. La vida misma no tiene valor, unos pocos ejercen dominación sobre otros muchos. No importa destruir la naturaleza si con ello se obtiene un beneficio…

Así pues, propuestas económicas que busquen pertenecer a este sistema (economía del género) o integrarse en él (economía feminista integradora), difícilmente podrán encontrar una equidad entre todos y todas. Ante esta situación, emerge una propuesta de economía rupturista, la cual busca cambiar el epicentro de la economía neoclásica, que ya no debe ser el capital, sino que el epicentro estaría en una vida sostenible e igualitaria que busca satisfacer las necesidades humanas, donde el capital se pone al servicio de esta causa.

En palabras de Cristina Carrasco (7) las necesidades humanas son de bienes y servicios pero también de afectos y relaciones. Pero este cambio de mirada implica dinamitar los espacios públicos y privados. No hay necesidad de establecer esa dualidad, ya que la nueva noción de trabajo no tiene una referencia mercantil. Como indica Amaia Pérez, todas las actividades que entran a formar parte de los procesos de sostenibilidad de la vida (afectos, cuidados, cooperativismo, vínculos sociales, participación en dinámicas colectivas, etc) han de incluirse en el análisis y reconocerse en su diversidad. Nace una economía orientada a resolver los problemas y no dominada por el método, lo cual implica un cierto pragmatismo que haga posible una sostenibilidad de la vida para todos y para todas.


Emerge una propuesta de economía rupturista, la cual busca cambiar el epicentro de la economía neoclásica, que ya no debe ser el capital, sino que el epicentro estaría en una vida sostenible e igualitaria que busca satisfacer las necesidades humanas, donde el capital se pone al servicio de esta causa.



En palabras de Cristina Carrasco (7) las necesidades humanas son de bienes y servicios pero también de afectos y relaciones. Pero este cambio de mirada implica dinamitar los espacios públicos y privados. No hay necesidad de establecer esa dualidad, ya que la nueva noción de trabajo no tiene una referencia mercantil.


La economía feminista de la ruptura es una propuesta joven que abre muchos interrogantes. Tal vez en este momento, debido al cambio de objeto y al método de su mirada, encontrar respuestas sea más factible. Es una propuesta que quiere y necesita dialogar entre las diferentes disciplinas que afrontan estos nuevos retos.

No solo hay que valorar esas nuevas propuestas, sino que hay que romper con categorías estáticas como masculinidad / feminidad o varón / mujer, en las que se ejercen situaciones de poder y se da visibilidad a un dominio de lo heterosexual. Pero esta situación de poder va más allá y podemos señalar los neocolonialismos antropocéntricos, etnocentrismos y geocentrismo de consecuencias devastadoras. Todo ello debe ser desmantelado, pero la economía feminista de la ruptura advierte que nunca podría desmantelarse un sistema tan perverso como el capitalismo sin visualizar y valorar esas esferas denominadas espacio privado-domestico, porque en ellas se sitúa el verdadero combate de la sostenibilidad de la vida frente al capital / beneficio.

Como decíamos al principio, este articulo se ha articulado alrededor de unos escritos de Amaia Pérez Orozco y por ello nada mejor que acabar con sus propias palabras:

Frente a la crisis no queremos empleo, no queremos salario, no queremos Estado del bienestar. Queremos cuestionar la relación salarial misma, la estructura capitalista en su conjunto. No hay marcha atrás, sino futuros posibles a construir. Se trata de preguntarnos no solo como lograr trabajo para todas sino para qué trabajamos. La propuesta pasa por un vuelco sistémico que permita poner las condiciones de posibilidad del buen vivir (diverso) para todas, todos, todes. El reto es definir democráticamente a que vamos a llamar buen vivir y cómo vamos a convertirlo en responsabilidad colectiva”.

EPÍLOGO.

La economía feminista, desde la mirada de los movimientos feministas, abre una critica teórico-práctica al sistema capitalista y lo hace con un nuevo léxico, con una nueva construcción que desmonta la concepción misma del sentido que se da al trabajo, introduciendo concepciones que las corrientes neoclásicas intentan ocultar para demostrar que otros sistemas no son posibles.

La economía feminista ofrece herramientas para explorar, para poner en cuestión todo el sistema y redefinir el mercado de trabajo, las políticas públicas, la misma economía, la concepción de la globalización, los mercados internacionales, la sostenibilidad de la vida y el planeta, la concepción de clases, dominación y colonialismos. Si las denuncias de los movimientos feministas han debido siempre vencer muchos obstáculos, han sido muchas veces ocultadas o desprestigiadas, no ha sido por un hecho casual, sino porque en su esencia llevan el germen de un proceso de desmontaje del capitalismo.

Porque el movimiento feminista ha producido una concepción económica que no solo habla de la igualdad de hombres y mujeres, sino que lleva en su esencia desmontar el concepto de clases, las discriminaciones por raza, sexualidad y la protección de un medio ambiente que, si respetamos sus ciclos, hace que la vida sea posible. Una vida que necesita del cuidado entre todos y todas como el eje vertebrador de cualquier sistema económico que construyamos en el futuro. Y el feminismo (la economía feminista) que no construye diferencias entre sexos, nos incumbe por igual a todos y todas. Es un movimiento que nace desde la visualización de una injusticia, pero que, a medida que crece como filosofía de vida, visualiza otro tipo de injusticias, lo que paulatinamente nos lleva a implicarnos a los hombres, porque la injusticia a fin de cuentas nos acaba por afectar a todos. La corresponsabilidad de la que habla la economía feminista debe ser para nosotros, los hombres, compromiso y obligación, un aspecto que lleva a modificar esa masculinidad que ha construido el patriarcado y ha sido utilizado por el capitalismo para construir un sistema depredador e injusto. Desde esta perspectiva, la deconstrucción de nuestra masculinidad hegemónica es nuestra rebelión al sistema capitalista, porque “El machismo es procapitalista”, parafraseando el “No cuidar es procapitalista” de Sira del Río.


La corresponsabilidad de la que habla la economía feminista, debe ser para nosotros, los hombres, compromiso y obligación, un aspecto que lleva a modificar esa masculinidad que ha construido el patriarcado y ha sido utilizado por el capitalismo para construir un sistema depredador e injusto. Desde esta perspectiva, la deconstrucción de nuestra masculinidad hegemónica es nuestra rebelión al sistema capitalista, porque “El machismo es procapitalista”, parafraseando el “No cuidar es procapitalista” de Sira del Río.


(1)Amaia Pérez Orozco (2014) Subversión feminista de la economía. Traficantes de sueños

(2)Amaia Pérez Orozco (2005) Economía del género y Economía Feminista. ¿Conciliación o ruptura?. Revista Venezolana de estudios de la mujer. Caracas , Ebero-Junio 2005

(3) José Mª lozano (2017). Historia de la Economía Feminista. Revista de hombres para la Igualdad de género (AHIGE-HI) Marzo 2017

(4)Término adoptado por Astrid Agenjo Calderóan (2011). Con anterioridad Amaia Pérez Orozco, 2006, había utilizado el nombre de “conciliación”, pero con posterioridad utilizo el de integración como mas clarificador, como ella misma indica en Subversión de la economía feminista.

(5)Sandra Harding (1986) utiliza el “añada mujeres” y Gillian L. Hewitson (1999) lo complementa “y revuelva”. Transcripción sacada del libro de Amaia Pérez Orozco de la Subversión de la Economía Feminista.

(6),(7) Cristina Carrasco Bengoa. Entrevista (2016) Revista de Hombres para la Igualdad de Género (AHIGE-HI) marzo 2017