Escritas por Manuel Buendía Bercero.

BUENDIÓLDORA 1

Álvaro y su padre Daniel leen juntos el periódico cuando desayunan el domingo.

El padre normalperiodico-padre-hijomente tiene una opinión de sí mismo algo pobre, puesto que está convencido, lo dice con cierta frecuencia, de que es un hombre poco culto ya que no pudo ir a la universidad. Sin embargo tiene claro también que nunca es tarde y por eso ha jugado con su hijo desde que era pequeño, con el periódico. En su grupo de hombres han hablado muchas veces de trucos para intentar compartir espacios, tiempos, y relaciones con los menores de la casa. Ahora que Álvaro tiene quince años, Daniel es consciente de que tiene mucha suerte puesto que a los dos les sigue apeteciendo charlar sobre las noticias.

Ese día leen algo que les cuesta entender:

Ya no habrá que esperar a una sentencia condenatoria para que el acusado de haber asesinado a su mujer deje de percibir la pensión de viudedad. La reforma que se aprobará esta semana en el Congreso establecerá, como medida cautelar, que se pueda retirar tal retribución desde el mismo momento en que resulte imputado”.

Lo leen varias veces, y sin haber diferencia, como si estuvieran a la misma altura en edad entre uno y otro exclaman algo muy parecido:

ah!, ¿pero esto pasaba?

Leyeron en alto todas las demás explicaciones y por fin lo entendieron. Hace años cuando un hombre asesinaba a su mujer, podía ocurrir que el asesino cobrara la pensión de viudedad (como si fuera un premio cruel que le concedía el sistema por haber hecho una machada al mantener el orden social machista y patriarcal). Ahora ya no ocurre eso.

Ahora la violencia de género es algo que está en las leyes, y está también en el centro del debate social de una minoría, aunque lo esquive la mayoría. La presunción de inocencia decía que había que esperar a una sentencia firme para suspender la pensión. Lo que ocurre es que este tema es tan terrible, y el que se diera es tan absurdo y cruel, un insulto tan odioso a toda la sociedad, y sobre todo a las víctimas, que era escandaloso. Por tanto como medida cautelar a partir de ahora se suspende el cobro de la pensión desde que es imputado y hay claros indicios.

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Ahora la violencia de género es algo que está en las leyes, y está también en el centro del debate social de una minoría, aunque lo esquive la mayoría

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pues menos mal– dijeron los dos.

Se va avanzando poco a poco, mejorando las leyes y adaptándolas al sentido común y hacia el lugar donde queremos que sea de sentido común, o de plausibilidad social. Álvaro y Daniel no saben mucho, o al menos eso creen, pero tienen mucha suerte. Cuando leen el periódico seleccionan esa noticia y no otras, y lo hacen reflexionando sobre qué tipo de hombres quieren ser. Y sobre todo lo hacen juntos, a otros les une una pelota, a ellos el mirar la realidad.

BUENDIÓLDORA 2

Volver a ver el cine clásico con las gafas violetas.

gatopardoHace más de treinta años vi la película del gatopardo. Cuando plancho me gusta poner un canal de cine y en ese momento daban esa. Dos o tres camisas nada más pero en quince minutos pude comprobar que casi todo el guión de la película, con las gafas violeta adecuadas, podía darme cuenta con facilidad que trataba de los contenidos de mi trabajo. Fueron tres perlas seguidas que tuve que apuntar en mi cuaderno de notas y que me dispongo a explicar.

  1. Entra el príncipe en una sala y observa a otro hombre al que conoce muy bien (otro macho) mirando a su chica. Aunque el clima es de broma le responde:

– ¡Qué miras! ¿Cortejas a la muerte?

Una escena idéntica la he presenciado hace muy poco en un grupo de adolescentes. La realidad imita al arte.

  1. Una camisa después un militar saluda a su general diciendo:

-Yo sólo les beso a las señoras. Le beso a usted mi general porque representa a la patria que es también una señora, y los militares amamos a esa señora.

¡Más claro agua! En la construcción de la masculinidad siempre está relacionado el acceso de las mujeres a una institución, en este caso el ejército, con las diversas homofobias.

  1. Otra camisa después, le explica el protagonista a su chica, que van a fusilar al amanecer a los seguidores de Garibaldi. Ella le espeta asustada como una damisela sensible que él ha cambiado, que no reconoce al hombre maravilloso y sensible del que se enamoró. Él le aclara respondiendo:

-No, soy el mismo lo que ocurre es que tú no lo puedes comprender.

El caballero se va y se une a otros hombres vestidos de militar que han escuchado la escena y les completa:

Está deliciosa cuando se enfada!

Para construirnos una masculinidad positiva hemos de trabajarnos los tres pilares clásicos que observamos en cualquier sitio, antiguo o actual con un poco de sensibilidad o perspectiva de género que tengamos: el machismo, la homofobia y la misoginia.

Son tres pilares, tres camisas y quince minutos de un clásico.

BUENDIÓLDORA 3

Veraneando en mi ciudad harto de ver fantasmas

Vivo y veraneo en Santander. He tenido la oportunidad una vez más de visitar el interior del palacio de la Magdalena, residencia de verano del rey Alfonso XIII en su inicio y actualmente la sede de la UIMP, Universidad Internacional Menéndez Pelayo.

En la visita guiada se encuentra un cuadro llamado los fantasmas, que es el plato fuerte del recorrido, donde se hicieron la foto de familia el rey con veinte o treinta personalidades de la época. A principio del siglo XX, para que las fotos no salieran movidas, era preciso estarse quieto durante cinco minutos y no parece que dichas personalidades estuvieran acostumbradas a obedecer a un simple fotógrafo, por lo cual hay dos que se movieron, y en el resultado final aparece la sombra de la cabeza como si fueran fantasmas.

La guía emocionada por el momento estelar nos hace una pregunta cuya respuesta a adivinar es el descubrir a los dos fantasmas:

-¿Qué le veis en la foto?

Allí mismo dijeron cuatro o cinco alternativas distintas, alguna muy interesante y otras bastante más rebuscadas.

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“Hombres y mujeres estamos hipnotizados por un orden social patriarcal”

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Como es mi dominio de acción, claramente supe qué decir. Y respondí con una clara intención política:

  • ¡Son todos hombres. No hay mujeres!

Esa no es la respuesta correcta, como es lógico. Yo no pretendía acertar. Todo el mundo sabe que la práctica totalidad de fotos realizadas al principio del siglo XX, aparecen hombres. Y es necesario echar mano de algún estudio feminista para visibilizar la representatividad de las mujeres en la historia. Lo chocante para mí y lo que justifica esta vez que os cuente esta anécdota personal es lo que comentó ingenuamente en alto la guía, una chica muy joven por cierto:

  • ¡Uy, qué original! ¡De todas las visitas que llevo hechas, eso es la primera vez que me lo responden, y me han dicho de todo, hasta me han contado los bigotes!

Esa es la clave. Ya me joroba seguir siendo original con estas cosas. Hombres y mujeres estamos hipnotizados por un orden social patriarcal para contar sólo bigotes. Esta anécdota es objetiva y de una fuerza simbólica poderosa. En ese rango inconsciente es donde tenemos que intervenir. Hasta que no lo hagamos, todo nos parecerá mucho más difícil. Hasta que no incluyamos la perspectiva de género en el discurso, en la cosmovisión, en la práctica cotidiana, todo lo que se avance se evaporará. Será como lo que se estudia la víspera para los exámenes, que aunque se estudie mil veces siempre parece nuevo.