Buendióldoras

febrero 3, 2017

BUENDIÓLDORAS ENERO 2017

Autor: Manuel Buendía.

 

¿Qué hago yo en misa en una parroquia de Malmoe?

María tuvo una excelente oportunidad de hacer un Erasmus en Malmoe. Sus abuelos maternos fueron unos simpáticos jubilados suecos que vivieron sus últimos años en el sur de Andalucía y ahora ella quería hacerles un homenaje queriendo experimentar ese año parte de la cultura, lengua y tradiciones de “sus ancestros”. Además, sería muy provechoso seguramente para el futuro de su carrera profesional.

Los primeros meses se encontró un poco “perdida” a la par que ilusionada. Fueron demasiadas cosas nuevas y por eso inconscientemente buscó aspectos a los que pudiera aferrarse, que le resultaran más familiares. Vio el cartel anunciador de la visita del Papa Francisco a la ciudad, en los próximos días, con motivo de la conmemoración del 500 aniversario de la Reforma protestante. Cuando era niña asistía con sus padres a “una comunidad de base” muy progresista en Torremolinos, y le pareció una bonita oportunidad para conocer una de las dos parroquias católicas que hay en la ciudad sueca. Ella se crió en un ambiente feminista militante y su sentido religioso y vida comunitaria siempre fueron de frontera afín a la “Teología de la Liberación”.

Participó de la Eucaristía y fue invitada al café y pastas posteriores. Le extrañó mucho que de las treinta personas que allí estaban hubiera sólo dos hombres muy mayores aparte del cura. La mayoría de las mujeres eran jubiladas latinoamericanas. Lo que le hace darse cuenta del tremendo techo de cristal o de cemento que existe con unas bases muy feminizadas, dedicadas a estereotipos de cuidados y servicios. Estuvo charlando un rato con Fermín Landa, el párroco de allí que llevaba cerca de 30 años en el país. En seguida se dio cuenta que era un sacerdote vinculado al Opus Dei, bastante diferente a todo lo que había vivido, incluso muy beligerantes actualmente contra lo que llaman despectivamente “ideología de género”.

Le contó el sacerdote que la Iglesia luterana sueca cada vez está peor, ha perdido “su exigencia de espiritualidad y está muy secularizada”. María siempre había pensado que era un valor positivo cuando “el hecho religioso y sus representantes” se adaptan cotidianamente al pueblo para el que sirven pero el tono en este caso no era ese. Don Fermín criticó delante de todas ellas, repito que sólo mujeres, dos claros ejemplos de la “degeneración de la competencia”, la ordenación sacerdotal femenina y la celebración de matrimonios entre personas del mismo sexo. Hoy en día, la mayoría son pastoras e incluso la primada del país es la arzobispa de Upsala Antje Jackelen. Dos aspectos que es más que evidente que no tiene nada que ver con la religión sino con las desigualdades de género.

¡Es imposible que el Papa consiga ponerles en vereda, si pretende la unión de las Iglesias!

Esa tarde María aprendió mucho. Ese puro dogma lee parece muy machista y patriarcal. Fue clave para encajar todas las piezas del puzle que acumulaba desde que llegó allí. Saber quién era ella, de dónde viene realmente, y la riqueza cultural de ambos lados, a su vez globalizados. Entendió un poco más el país que visitó y comprendió porque está entre los países más avanzados en Equidad de género. Todo es lógico. La Iglesia Católica en Suecia es minoría y apuesta por la línea más conservadora.

Cuando estuvo dos años antes en Londres, en la Iglesia Católica del centro, frente a unos famosos y lujosos centros comerciales tuvo la misma sensación. Al acceder a la misa, se estrelló con el hecho de que era en latín. De nuevo el clasismo y el sexismo asociado. Se sintió extraña ¿Qué pinto yo aquí? Parece algo propio del siglo XV o un rasgo cultural-estratégico del marketing religioso en particular. Los límites de la identidad y a su vez de la diferenciación son muy complejos. Todo está interconectado y es interdependiente.

¡Gracias abuelos!


.

¿Una sexualidad machista qué es?



A la orden del día nos enteramos en las noticias de niños abusados sexualmente por el mismo monitor de tiempo libre o deportivo, o de decenas de chicas violadas. Cuando desaparece una joven lo primero que pensamos es que puede haber sido víctima de violencia de género por su novio, o por cualquier desconocido. Nos acostumbramos a escuchar en las noticias la multitud de redes de material pedófilo o pornográfico con menores detectadas por la policía. La muerta número X presuntamente a manos de… es de la localidad Y ¡Otra vez que no nos ha tocado cerca de casa! ¡Menos mal!

Sabemos que el negocio de la prostitución y la trata es uno de los más rentables del mundo, seguramente en aumento. Repudiamos claramente lo segundo porque lo hacen “obligadas” pero sobre lo primero en general no hacemos ningún tipo de reflexión para no tener que cuestionarnos acerca de cómo es nuestra sexualidad. Y mucho menos sobre la pobreza y la exclusión social.

Nos hemos acostumbrado a todo esto y a muchos sucesos más, porque es normal, de eso se trata. Consiste en que asumamos que forma parte de la realidad y que no se puede hacer nada.

Las protagonistas son las víctimas. Ahí está el foco todo el rato para no comprometer al sistema.

Los responsables son “alienígenas”, “monstruos”, “son otros que no tienen que ver conmigo puesto que yo no soy así”, “degenerados”, “psicópatas”, etc

Y vuelta a empezar. Está todo bien. De eso se trata. Hemos normalizado la nueva situación con sus nuevos rituales y liturgias. Sabemos que en un mundo globalizado conviven a la vez escenarios distintos a varios niveles.

Pero no. Tarde o temprano tendremos que hacernos decenas de preguntas

1-¿Todo esto tiene algo que ver con mi sexualidad?

2- ¿Soy el tipo de hombre que previamente he decidido que quiero ser?

3- ¿Por qué todo esto es machismo?

4- ¿Mis competencias y todo el trabajo personal que realice, serán suficientes para ser “competente” en todos los ámbitos, en el futuro que viene?

5- …


.

La llamada de teléfono de la tutora de su hijo les dejó helados.


-¡No puede ser, tiene que ser un error! – fue lo primero que pensaron.

La tutora del instituto les convocó a una reunión con el director por un asunto muy grave: su hijo ejercía “bullyng” a varias compañeras y a un compañero homosexual de su clase.

Primero lo negaron.

Días después se avergonzaron.

– ¿Qué hemos hecho mal?- se repetían constantemente sin reaccionar.

Terminaron discutiendo y echándose cosas a la cara mutuamente:

– ¡Ha salido tan chulo como tú!, ¡nunca estás en casa! – dicho por una de las partes.

– ¡Eso es porque le has consentido todo! ¡No tienes ni idea lo que hace tantas horas con el móvil, ni con quién va!- le intercalaba la otra parte sin escucharse.

– ¡Recuerda que yo le preguntaba y no quería enseñarme nada- le servía como excusa a la madre, reconociendo que la situación estaba fuera de control a pesar de tener su hijo únicamente quince años.

Aquella llamada de teléfono fue como una bomba. Parece que todo se venía abajo. Lo que había ocurrido era un síntoma.

¿Qué podemos hacer?

No hay comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *