Dossier 1.- El sentimiento que no tiene nombre.

Febrero 3, 2017

Foto: Juanjo Compairé.

DOSSIER: FEMINISMO Y MOVIMIENTO DE HOMBRES POR LA IGUALDAD.

1.- EL SENTIMIENTO QUE NO TIENE NOMBRE.

Autora: Isabel de Ocampo

Las feministas tratan mal a los hombres”. Hace cinco meses El País publicó un artículo con este título de una feminista estadounidense quejándose de un problema que afectaba a algunas feministas de su país. Quien le iba a decir a la pobre que poco tiempo después un mentiroso compulsivo, racista y misógino, que se vanagloria de ir “agarrando coños” de las mujeres, iba a ser elegido presidente de su propio país, Estado Unidos. Si no fuera porque el asunto es muy grave, parece la contestación amarga, extraída de una película cómica barata, a semejante desinformación.

Pero…

¿Por qué pensamos como pensamos y quién fue el primero que pensó así?

Os propongo un flash-back.

Hace 254 años, los europeos leían en el best-seller del momento, un libro tan influyente que según la Wikipedia sirvió de “inspiración al nuevo sistema educativo nacional”, las siguientes palabras:

Los niños de ambos sexos cuentan con una gran cantidad de diversiones en común y así debe ser, puesto que ¿no tienen también muchas cuando son mayores? Además, cada sexo tiene su gusto propio que los distingue en este particular. Los niños se inclinan por los deportes ruidosos y movidos: tocar el tambor, bailar la peonza y tirar de sus cochecitos. Las niñas, del otro lado, se sienten atraídas hacia las cosas de adorno y apariencia, como espejos, baratijas y muñecas. Estas últimas son su diversión característica y por ella contemplamos que su gusto se halla claramente adaptado a su destino.”

¿Cómo es posible que estas palabras escritas hace casi tres siglos sigan inspirando la mayoría de los catálogos de juguetes de esta Navidad 2016? ¿Alguien pregunta a las niñas al nacer si quieren que les perforen las orejas para ponerles adornos? ¿Cómo es que seguimos pensando que las niñas se sienten inclinadas “por naturaleza” a los adornos, si nada más nacer les plantamos un pendiente en cada oreja.(1)?

La opresión es eso: cómo un sistema de ideas ejerce presión sobre las preferencias de los juguetes con los que tienen que jugar las niñas y los niños, por ejemplo. Los “gustos” se imponen a través del viejo sistema de premios y castigos. Si los niños juegan con coches y peonzas pasarán desapercibidos. Pero, ¡ay de esos pobres niños, si se les ocurre vestir de rosa y jugar con muñecas públicamente!. Ninguna madre va a someter a su hijo varón a la consecuente sanción social. Ninguna madre quiere que se rían de su hijo. Tampoco las madres feministas. Es fácil deducir que un niño que sea ridiculizado por jugar con muñecas descubrirá rápidamente que “le gusta más” jugar con coches. Este proceso se llama “socialización” y se produce en todos nosotros en edades muy tempranas. Cumplir con las expectativas sociales da mucho alivio, la gente te deja en paz.


Este proceso se llama “socialización” y se produce en todos nosotros en edades muy tempranas. Cumplir con las expectativas sociales da mucho alivio, la gente te deja en paz.


Pero volviendo al best-seller publicado en 1762, esto tan asombroso nos responde el autor si nos paramos a hacer la siguiente pregunta: ¿Y cuál es ese destino de las niñas al cual se halla tan claramente adaptado su gusto?

Complacernos, sernos útiles hacer que las amemos y estimemos, que nos eduquen cuando seamos jóvenes y nos cuiden cuando seamos viejos, nos aconsejen, nos consuelen para que así nuestras vidas sean fáciles y agradables; estos son los deberes de las mujeres de todos los tiempos y para lo que debieran ser enseñadas durante la infancia”.

No. No fue el tatarabuelo de Torrente el que pronunció estas palabras, sino Jean-Jacques Rousseau, uno de los hombres más inteligentes del s. XVIII, padre de la filosofía y la revolución francesa. Lo escribió en Emilio o De la educación y lo criticó duramente Mary Wollstonecraft, en su libro “Vindicación de los derechos de las mujeres”, del cual lo he sacado.

Pero fijaos como razonaba Rousseau: que a las mujeres había que acostumbrarlas desde niñas a las limitaciones y el confinamiento -infortunio inseparable de su sexo-. Y aclara que es un infortunio, pero puede que no lo sea. En realidad es una suerte tremenda, parece sugerir, puesto que si no se sometieran a él podrían “sufrir males más crueles”.

Las niñas deben ser activas y diligentes, pero esto no es todo: también deben someterse desde muy temprano a limitaciones. Este infortunio, si en realidad lo es, es inseparable de su sexo y no deben desecharlo si no quieren sufrir males más crueles. Toda su vida han de sujetarse a la restricción más constante y severa, que es la del decoro. Por ello, es necesario acostumbrarlas pronto a tal confinamiento para que más tarde no les cueste demasiado caro, y a suprimir sus caprichos para que se sometan de buena gana a la voluntad de los otros.”

Promoción de unos grandes almacenes.

Para que se sometan de buena gana a la voluntad de otros… Ahí está el verdadero arte del sometimiento y la opresión; que la sometida se someta de buena gana porque si no… vaya papeleta tener que verle la cara todos los días.

Es decir, educar a las niñas desde que nacen para que no se enteren de que están siendo sometidas. Esto me recuerda inevitablemente las palabras del proxeneta que entrevisté durante el proceso de investigación de mi primera película, Evelyn: “Cuando tu quieres que te de los dineros tienes que hacer que ella te los de, no pedírselos.” (https://youtu.be/-l7WDtNaLQQ?t=178)

Y es más, las mujeres deben aprender con tiempo, incluso a sufrir la injusticia y a soportar los insultos del marido sin quejarse. Que esto, de nuevo, no lo dijo la Sección Femenina por primera vez, que lo dijo Rousseau:

La primera aptitud y la más importante de una mujer es una buena naturaleza o suavidad de carácter: formada para obedecer a un ser tan imperfecto como el hombre, a menudo lleno de vicios y siempre lleno de faltas, debe aprender con tiempo incluso a sufrir la injusticia y a soportar los insultos del marido sin quejarse; ha de ser de temperamento apacible, no en consideración a él, sino a sí misma. La perversidad y la malicia de las mujeres sólo sirven para agravar su propio infortunio y la mala conducta de sus maridos; deben percibir claramente que ésas no son las armas con las que consiguen la superioridad.”

Cabe como interpretación decir, que cuando alude a “la perversidad y la malicia de las mujeres” se está refiriendo a aquella supuesta posibilidad de que éstas se rebelen contra sus destinos, y que si no lo cumplen no sólo será peor para ellas, sino que serán las responsables de la “mala conducta” de sus maridos. Que se verán obligados a meterlas en vereda, o lo que es lo mismo, a pegarlas, y no porque ellos quieran sino porque ellas se lo han buscado no aceptando “la injusticia y los insultos”.

¿Sabía Rousseau que estas ideas que con tanto talento argumentaba eran una total injusticia? ¿Qué eran de un egoísmo supino, de un androcentrismo alucinante, que eran una coartación extrema de la libertad de las mujeres?

Si. Lo sabía perfectamente y se lo justificaba a si mismo y al mundo, diciendo:

No deja de ser justo que este sexo participe de los sufrimientos habidos por los males que nos causó.”

Las feministas tratan mal a los hombres. Desde luego no voy a negar que algunas personas – sean feministas o no- son gritonas y vehementes. Pero si me ha interesado hacer este flash-back es porque me da la sensación de que a veces nos olvidamos en qué consiste eso llamado “la opresión masculina sobre las mujeres” contra la que luchan las feministas, entre otras cosas. Parece un concepto “abstracto” y perteneciente al tufo del pasado, pero no. Estos mandatos sociales viajaron por el espacio y por el tiempo, y en España se difundieron a través del ideario que inculcó, entre otros, la Sección Femenina a todas las mujeres… y a todos los hombres que las interiorizaron a pies juntillas, cómo no.

A mí también me llegaron intactas estas ideas, a través de las enseñanzas del cole de monjas al que fui de niña. Es el sustrato sobre el cual nos han educado a la mayoría de los europeos, un marco de referencia que nos afecta a hombres y a mujeres en la concepción de nuestras vidas y nuestros destinos. Yo, que estudié a Rousseau en el instituto hace más de veinte años, y descubrí estos textos el otro día, estoy bastante molesta con mi profe de Filosofía que me ocultó estos pasajes tan esclarecedores del padre de la Ilustración y parece ser, padre también del Machismo Ilustrado y a la postre, inspirador del personaje de Torrente.

Que haya gente que perciba el feminismo como un movimiento extremista y anti-hombres viene pasando desde hace siglos, no es nada nuevo. Siempre ha sido un pensamiento teórico difamado, ridiculizado y silenciado, precisamente porque es el más transgresor de la historia. “El feminismo desafía el orden social y el código cultural más ancestral, universal y arraigado de los existentes en sus diversas manifestaciones” dice Kate Millet(1)


Que haya gente que perciba el feminismo como un movimiento extremista y anti-hombres viene pasando desde hace siglos, no es nada nuevo. Siempre ha sido un pensamiento teórico difamado, ridiculizado y silenciado, precisamente porque es el más transgresor de la historia.


Emma Watson, campaña “He for She”.

La mitad del planeta poniendo en cuestión la visión del mundo de la otra mitad. Ahí es nada. Y aquellos que lo distorsionan y difaman son los hombres y mujeres que se benefician de sus privilegios. El machismo es una forma de percibir el mundo, no está adscrita a la biología. Por eso también hay mujeres machistas y mujeres que, sin ser machistas, piensan de las feministas lo mismo que el alcalde de Alcorcón. Yo misma, sin ir más lejos, a los 20 años pensaba que las feministas tenían algún problema con los hombres y por eso eran feministas. Hasta que me di el bofetón laboral y me caí del guindo del género.

Que un periódico amplifique a pagina completa un artículo de una feminista que critica a otras feministas, silenciando otras noticias muchísimo más importantes del Feminismo, es un ejemplo de esa perpetuación de la rancia imagen de las mujeres peleando entre si, y una manifestación más, a añadir a la infinita lista, de pequeñas y grandes resistencias a aceptar lo innegable.

Parafraseando a Coral Herrera y a Ana de Miguel: ninguna mujer ha podido jamás tratar mal a un hombre teniendo de su lado toda la fuerza de todos los estamentos del poder al mismo tiempo: religioso, político, económico y social -prohibiendo a los hombres estudiar, salir de casa, conducir, viajar al extranjero, tener una cuenta bancaria propia, heredar los bienes de su propio padre, etc.- Jamás ningún gobierno de mujeres ha mutilado los genitales de los hombres, ni los ha matado o lapidado o abocado a la miseria y a la pobreza por adulterio. Ninguna feminista quiere que los hombres cobren el 20% menos de su salario desempeñando trabajos de igual valor, ni quiere traficar con sus cuerpos para el disfrute sexual de las mujeres. Por mucho que puedan llegar a tratarles mal, jamás las mujeres, feministas o no, han violado sistemáticamente en ninguna guerra a los hombres, ni han creado campos de concentración de esclavos sexuales para su desahogo. Ninguna guerra de los 5000 años historia por cierto, ha sido provocada por una feminista. Y en ningún lugar del planeta muere un hombre a a la semana a manos de una mujer (España), o un hombre cada 30 horas (Argentina) o siete hombres al día (México) a manos de una feminista. Sin embargo, cada diez minutos un hombre asesina a su esposa o ex-esposa, pareja o ex-pareja en el planeta. Cada diez minutos.


Ninguna mujer ha podido jamás tratar mal a un hombre teniendo de su lado toda la fuerza de todos los estamentos del poder al mismo tiempo: religioso, político, económico y social -prohibiendo a los hombres estudiar, salir de casa, conducir, viajar al extranjero, tener una cuenta bancaria propia, heredar los bienes de su propio padre, etc.- Jamás ningún gobierno de mujeres ha mutilado los genitales de los hombres, ni los ha matado o lapidado o abocado a la miseria y a la pobreza por adulterio. Ninguna feminista quiere que los hombres cobren el 20% menos de su salario desempeñando trabajos de igual valor, ni quiere traficar con sus cuerpos para el disfrute sexual de las mujeres. Por mucho que puedan llegar a tratarles mal, jamás las mujeres – feministas o no- han violado sistemáticamente en ninguna guerra a los hombres, ni han creado campos de concentración de esclavos sexuales para su desahogo. Ninguna guerra de los 5000 años historia por cierto, ha sido provocada por una feminista. Y en ningún lugar del planeta muere un hombre a a la semana a manos de una mujer (España), o un hombre cada 30 horas (Argentina) o siete hombres al día (México) a manos de una feminista.


El maltrato que una feminista pueda infringir a un hombre no pasa de gritos, exabruptos en las redes sociales, o sloganes en una camiseta. Ninguna feminista jamás ha matado o pegado a un hombre por defender sus ideas y desde luego el Feminismo no ha sido el responsable del exterminio de seis millones de judíos, por mucho que hagamos juegos de palabras.

Esta implacable realidad contra la que luchan la feministas de todo el mundo es la que nos tiene sumidas en un sentimiento que es una mezcla de asombro, indignación, y espanto. Porque los países se dividen en “primer mundo”, “tercer mundo”… pero en cuestión de violencia contra las mujeres, feminicidios y violaciones los hechos son igual de aberrantes en todo el planeta; desde España a Guatemala, pasando por el Congo, Alemania, Canadá o la India. Sólo cambia el número, la frecuencia, las formas de llevarlos a cabo. Pero los hechos en si, los motivos, son el mismo.

Y es un sentimiento de estupor, rabia y frustración ante la impasibilidad y el silencio masculino ante todo esto, especialmente la de los hombres que luchan por la justicia. ¿Por qué no inundan los periódicos con artículos llenos de talento cada vez que muere una mujer como sí lo hicieron cuando ETA asesinaba inocentes? ¿Acaso no son sus hermanas, sus madres, sus hijas las que están siendo masacradas en el mundo entero? ¿Acaso no tienen empatía? ¿Porqué los hombres en general callan ante la violencia de otros hombres contra las mujeres?


Los hombres que luchan por la justicia. ¿Por qué no inundan los periódicos con artículos llenos de talento cada vez que muere una mujer como sí lo hicieron cuando ETA asesinaba inocentes? ¿Acaso no son sus hermanas, sus madres, sus hijas las que están siendo masacradas en el mundo entero? ¿Acaso no tienen empatía? ¿Porqué los hombres en general callan ante la violencia de otros hombres contra las mujeres? Y, sobre todo, si no eres tu el que mata, viola, empala, asesina mujeres… ¿porqué te sientes aludido cuando las mujeres lo denunciamos?


Y, sobre todo, si no eres tu el que mata, viola, empala, asesina mujeres… ¿porqué te sientes aludido cuando las mujeres lo denunciamos? ¿Qué oscuro lazo te une a ellos que te empuja a callar o justificar o consentir? ¿Que invisible pacto crees que rompes si te desmarcas de los machistas? ¿A qué atávica manada crees que estás traicionando?

Las feministas no tratan mal a los hombres. Pero no podemos evitar sentir algo que no es odio, no es rabia, no es pataleta gratuita o anacrónica. Lo que las mujeres sensibilizadas sentimos ante la atrocidad y crueldad de la violencia física y simbólica contra otras mujeres y el silencio y la complicidad de los hombres que callan es un sentimiento que no tiene nombre.

(1) Ana de Miguel “Neoliberalismo sexual” Ed Cátedra.

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Isabel de Ocampo es directora de cine y actualmente está rodando un documental DENTRO, sobre la construcción de la masculinidad. En 2011 estrenó Evelyn sobra la trata de mujeres.

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