Entrevista a Sàgar Malé: Cooperante.

febrero 3, 2017

Es necesario incorporar la perspectiva de las masculinidades a los proyectos de desarrollo, bajo una perspectiva feminista.”

ENTREVISTA A SÀGAR MALÉ, cooperante.

Hecha y transcrita por Juanjo Compairé.

Sàgar Malé.

– Puedes empezar presentándote.

Soy cooperante y realizador de documentales. Por un lado, trabajo en cooperación internacional, vinculado con los derechos humanos. He trabajado en España o “expatriado” en diversas zonas: me he especializado en Oriente Próximo (sobre todo Palestina), en Magreb (sobre todo Túnez), en Asia Central (sobre todo Afganistán) y en África (República Democrática del Congo, Uganda y en Senegal).

He trabajado en muchos otros países y en diversos programas, pero en todos ellos el “género y desarrollo” ha sido un tema transversal. He trabajado en proyectos directos de empoderamiento de mujeres, de feminismo (con algunos pequeños elementos de masculinidades) con, entre otras ONG, “ACSUR- Las Segovias” o la Asociació por los Derechos Humanos en Afganistán, referentes en temas de género, o Justicia Alimentaria Global o la “Associació Catalana per la Pau” o Mundu Bakean o NOVA o SCI o MPDL. Soy socio de Homes igualitaris (AHIGE Catalunya).

En todas estas ONG el género es un tema transversal. Es decir, cuando tú identificas un proyecto tienes que hacer un análisis de todos los temas de género en todos los componentes del proyecto. Una cosa es que hagas un proyecto específico de empoderamiento de las mujeres, de refuerzo de organizaciones feministas o que trabajes con hombres para transformar roles, percepciones, prejuicios, etc. y otra cosa es que, en todos los programas de juventud, agricultura, etc. incluyas de forma transversal el análisis de género que es lo que se llama mainstreaming. Necesitas una metodología específica, has de identificar unos indicadores que te sigan si efectivamente ha habido una transformación de género.


En todas estas ONG el género es un tema transversal. Es decir, que en todos los programas de juventud, agricultura, etc. [tienes que incluir] de forma transversal el análisis de género. Necesitas una metodología específica, has de identificar si efectivamente ha habido una transformación de género.


Por otro, pero sin ser menos profesional, me dedico a la realización de documentales, en una asociación que se llama “Mapasonor”, donde somos voluntarios. Allí también he realizado muchísimos trabajos de temas de género en Túnez, Senegal, Afganistán, etc.

Pero ¿cómo se trabaja el género dentro de las propias ONGs, en las relaciones personales?

Ahí hay una brecha entre el discurso y la práctica real. Porque el género es algo que queda muy bien en todas partes. Cualquier núcleo de poder utilizará la palabra “género”. Recuerdo que, en Afganistán, cuando se creó el gobierno después de los talibanes se presentaba la “política de género” con Ministerio de la Mujer incluido. Un gobernador que había sido “señor de la guerra” nos dijo que el hecho que vistieran burka era una muestra de la libertad de elección de las mujeres. El género es algo que queda muy bien siempre a poco riesgo: incluyes una mujer política, un Ministerio o firmas un plan de igualdad y aunque no la apliques, tú ya has hecho tu cuota de género, sin que nada cambie, y tienes aval de la comunidad internacional. Es puro cinismo porque nadie condiciona nada a la aplicación efectiva de cambios en la igualdad.

Eso incluye el trabajo de nuestras ONG. Algunas con las que he tenido relación como ACSUR-Las Segovias (ya desaparecida), Suds o Cooperacció son directamente feministas, u otras como Justicia Alimentaria Global (Veterinarios sin Fronteras), la Asociación por los Derechos Humanos en Afganistán (ASDHA), la Associació Catalana per la Pau (ACP) o Mundu Bakean están muy sensibilizadas y activas. Algunas han hecho análisis internos de género, donde se analiza quién detenta el poder, de qué manera se toman las decisiones, por qué se trabaja en determinados países, cuáles son las percepciones internas dentro de la organización de lo que se quiere transformar, con qué metodología. Incluso en las organizaciones claramente feministas, en todas hay debilidades cuando se evalúan científicamente estos aspectos. A partir de aquí se hacen formaciones internas, “hojas de ruta” que marcan pautas a seguir en el futuro, se establecen cuotas de género.

¿Y cómo podrías identificar estas debilidades? ¿Qué les falta?

¡Qué pregunta más complicada! Normalmente es porque las decisiones más importantes o más estructural acaban siendo tomadas o por hombres o -y esto es más transcendental- de acuerdo con criterios que NO significan un cambio en las percepciones de género. Por ejemplo, cuando se hacen análisis de los planes estratégicos, se nota que aplican medidas en las que tienen más peso las concepciones patriarcales.

Por ejemplo, se puede cumplir con la cuota de género (participación de hombres y mujeres por igual), pero hay otros indicadores que nos dicen que no han cambiado las relaciones de género porque no ha cambiado la relación de poder ni las necesidades estratégicas de las mujeres para que lo detenten. Te puedes plantear el objetivo de “fomentar las organizaciones campesinas”, pero no has tenido en cuenta la cultura campesina femenina o la cultura campesina masculina que pueda ser transformadora, ni la perspectiva de la economía feminista. Es decir, no se trata tan solo de la cuota o de que haya una mujer como presidenta, sino que en la propia estructura de todos los planes de organización haya instrumentos de transformación.


Algunas ONGs han hecho análisis internos de género donde se analiza quién detenta el poder, de qué manera se toman las decisiones, por qué se trabaja en determinados países, cuáles son las percepciones internas dentro de la organización de lo que se quiere transformar, con qué metodología. Ahí hay una brecha entre el discurso y la práctica real. Las decisiones más importantes o más estructural acaban siendo tomadas o por hombres. Hay otros indicadores que nos dicen que no han cambiado las relaciones de género porque no ha cambiado la relación de poder ni las necesidades estratégicas de las mujeres.


– Es decir, haría falta una formación… ¿qué es lo que haría falta?

Haría falta que todas y todos cambiáramos. Haría falta una formación muy fuerte y para hombres y para mujeres dentro de las ONGs. Y tendríamos que tener en los planes plurianuales indicadores que nos indiquen que las cosas han cambiado y que tengamos que demostrar que esto es así. Y esto no solo a nivel interno de la organización sino pensando en ¿por qué elijo determinados programas? ¿qué estrategias elijo? y ¿cómo favorezco la igualdad, el empoderamiento femenino, con acciones positivas? Porque tenemos que hacer acciones positivas, no sólo declaraciones de buena voluntad.

– Y en eso personas como tú, por tu vinculación con Homes Igualitaris y con AHIGE, podéis hacer este papel de “bisagra”.

Para mí fue muy importante la formación que tuve en AHIGE. Pero a veces tenemos en el punto de mira el cambio que se da aquí, pero no el cambio que está ocurriendo globalmente. A veces nos impacientamos porque el cambio no se da aquí, pero no te puedes ni imaginar todo lo que ocurre en el mundo. No te puedes ni imaginar también el potencial que hay en otros países que tú los juzgas desde unos parámetros…

– ¿… coloniales, eurocéntricos?

Collage urbano en Barcelona. Foto: Juanjo Compairé.

Bueno, yo no considero que el Derecho Internacional que regula los derechos humanos sea colonial, aunque si revisable y adaptable a cada contexto, género, clase social… Al final hay una serie de cosas en el mundo que hay que cambiarlas, aunque sea transformando ciertas cosas de las culturas.


No considero que el Derecho Internacional que regula los derechos humanos sea colonial, aunque si revisable y adaptable a cada contexto, género, clase social… Al final hay una serie de cosas en el mundo que hay que cambiarlas, aunque sea transformando ciertas cosas de las culturas.


Hay fuertes debates críticos dentro del movimiento feminista, como por ejemplo he conocido feministas árabes laicas que han criticado de colonial la estrategia de una organización como Femen. También los feminismos negros afroamericanos, las feministas africanas, o los feminismos indígenas de América Latina, están planteando cosas completamente distintas que cuestionan muchos aspectos del feminismo. Se pretende intoxicar estos debates pretendiendo mostrarlos como debilidades y no como fortalezas del feminismo, y eso es detestable. El feminismo es una de las éticas de la vida más creativas que existe.  Yo no soy quién para interferir en estos debates, que son buenos y enriquecen el feminismo, y considero que mi misión como hombre es estar al servicio del feminismo. Hay demasiados hombres intoxicando los debates, nosotros debemos detestar el sistema patriarcal, apoyar el feminismo y buscar alternativas a la masculinidad hegemónica. Nos toca a nosotros hacerlo.


Hay demasiados hombres intoxicando los debates. Nosotros debemos detestar el sistema patriarcal, apoyar el feminismo y buscar alternativas a la masculinidad hegemónica. Nosotros mismos aún estamos en una fase más “humilde”, porque aún nos falta teorizar mucho y buscar modelos…


Nosotros mismos estamos hablando de cosas, dentro del tema de las masculinidades que, como aún tenemos que construir mucho, aún estamos en una fase más “humilde”, porque aún nos falta teorizar mucho y buscar modelos… Yo he trabajado en Senegal, Uganda y en la República Democrática del Congo, donde hay una situación legal y social profundamente homófoba. Casi no he encontrado a nadie allí – ni mujeres ni hombres- que defienda el derecho a la propia sexualidad, o que se atreva a hacerlo. Como mucho he encontrado es alguien que me dice “Dios es quien tiene que decidir sobre tu derecho a la sexualidad”. Esto es una realidad, que puedes hacer que no la ves, pero existe.

Por eso, es muy importante el trabajo por el desarrollo, pero hay que reafirmar el trabajo que hacemos en AHIGE o en organizaciones feministas.

– Hablemos de algunas de las regiones que tú conoces. Por ejemplo, Palestina. Precisamente nos habíamos vuelto a encontrar porque había un proyecto para trabajar masculinidades en Palestina. ¿Esto quiere decir que algo se mueve?

Es necesario incorporar la perspectiva de las masculinidades a los proyectos de desarrollo, bajo una perspectiva feminista. Pero por el momento no podemos ser demasiado optimistas. Si hablas de Palestina, esto no quiere decir que la Autoridad Nacional Palestina y la mayor parte de las organizaciones palestinas se hayan planteado nada al respecto.  Ni siquiera las instituciones de aquí. Simplemente quiere decir que en el sistema de puntuación de las entidades financiadoras a los proyectos que se presentan por parte de ONGs, se tiene en cuenta que entre los objetivos de las ONGs que optan a las subvenciones figure el trabajo por la igualdad, o, en raras ocasiones, se cita el trabajo en masculinidades. Incluso en la convocatoria del Ayuntamiento de Barcelona se cita explícitamente el colectivo LGTBI.

La realidad es que estos enfoques de género, aunque a veces se hacen por ideología, también vienen empujados por razones circunstanciales que pueden cambiar de un día a otro: que, en tal institución, por ejemplo, haya una consejera sensible a la igualdad y esto lo coloque como puntuable a la hora de obtener financiaciones, por ejemplo.

 

– Pero ¿cómo ves la situación en Palestina y en general en Oriente Medio? ¿Hay alguien que haya planteado algo en cuando al cambio en las subjetividades o en las actitudes masculinas? ¿Qué se está haciendo y qué se podría hacer allí?

Hay unas pocas organizaciones de Palestina que incorporan esta perspectiva. Me refiero a organizaciones de aquí que trabajan en colaboración con las de allí, (las que llamamos “contrapartes locales”), reforzándolas. Me da la impresión de que este trabajo, esta perspectiva [de masculinidades] se está haciendo “por exportación” de modelos de cooperación al desarrollo transformadores. Nosotros los llevamos allí. No es que no existan en el propio país organizaciones sensibles a este tipo de cambios, pero choca con una estructura de poder patriarcal donde los hombres serán los últimos en querer perder poder, junto con un contexto social cada vez más asfixiado con todo el proceso que está viviendo actualmente todo el mundo árabe-musulmán. Este enfoque de género, incorporando las masculinidades, lo ejecutan algunos más sensibles y otros porque es una perspectiva que deben cumplir para llevar a cabo los programas.


Este trabajo, esta perspectiva [de masculinidades] se está haciendo “por exportación” de modelos de cooperación al desarrollo transformadores. Nosotros los llevamos allí. No es que no existan en el propio país organizaciones sensibles a este tipo de cambios, pero choca con una estructura de poder patriarcal. [Pero] cuando entrevistas a las mujeres, por lo general todas quieren cambios.


Está habiendo un incremento global de las estructuras conservadoras en todas partes, en las orgullosas democracias donde el extremismo ha llevado a engendros políticos como Bush o ahora Trump, o las presiones del extremismo religioso que arrasa los países musulmanes y asfixia el desarrollo de sus sociedades y hasta las extermina ¡En ese contexto si hablar del desarrollo enfoque de género es casi una burla, imagínate hablar del desarrollo de unas masculinidades que combatan las hegemónicas!

También está la cuestión del poder interno. Cuando visitas una sociedad duramente patriarcal (como la mayoría de las que yo he visitado), el hombre es el que no va a hacer ningún cambio porque es quien tiene el poder. Rápidamente quien detenta el poder patriarcal acusa a las organizaciones internacionales basadas en el Derecho Internacional de colonizadoras. ¿Somos nosotros los que estamos, entonces, “colonizando”? En realidad ¿quién está colonizando realmente? ¿La estructura patriarcal es una especie de “colonización interna” de los hombres hacia las mujeres que bloquea el desarrollo de las mujeres e impide los cambios hacia una situación de igualdad y justicia? ¿Es patriarcado menos colonial que nosotros, por promover una serie de cambios?

Bashaer Othman, alcaldesa palestina de-Tulkarm en Cisjordania a los 16 años.

Cuando entrevistas a las mujeres, por lo general todas quieren cambios. En Palestina, hasta las de Hamas, que tienen su propia organización feminista y sus mujeres “empoderadas”. Hay otros modelos de hombre a nivel familiar. Puede haber algunos dirigentes que provengan de cuando había movimientos de liberación de una cierta izquierda. Esto es muy complejo; en gran parte, los cambios los estamos nosotros “exportando”. ¿Es esa “exportación” necesariamente negativa? Para quien tiene intereses patriarcales por supuesto que sí, es por donde se encuentra la mayor resistencia.

Cuando se habla del velo islámico, en cambio, poca gente quiere ser compleja en su análisis, como si fuera tan sencillo de decidir que todas las mujeres que llevan velo son unas reprimidas por su sociedad. O que no, porque todas lo han decidido. No es así tampoco; es muy complejo. Es un tema de símbolos, en el que están afectados muchos factores.

Soy optimista, pero quiero que entiendas que la realidad es muy compleja, que hay que luchar fuerte.

¿Y en África, en los países en los que has trabajado, comenzando por Uganda, uno de los países más homófobos del mundo, qué se puede hacer?

Se publicó en una revista de Uganda que, en realidad, lo que ocurrió es que una firma internacional –estadounidense- de ropa condicionó a la no firma de esta ley [que condenaba a muerte a las personas homosexuales ugandesas] a la compra de algodón de Uganda en grandes cantidades. Esto provocó que el presidente se tuviera que inventar que esta ley era anticonstitucional.

Un diario ugandés denuncia a destacados gays del país y anuncia la ley homófoba.

Campaña de apoyo a la lucha contra la violencia contra las mujeres en Congo.

En la República Democrática del Congo (yo conozco la región del Kivu y Kinshasa de un país inmenso) y en Uganda, la homofobia es generalizada en todas las capas sociales. Mujeres, hombres, activistas de izquierda (que pueden ser pastores protestantes que, después del culto se van a luchar por la soberanía alimentaria) es muy generalizado considerar que la homosexualidad es un problema social. Es una línea roja. Quienes han viajado serán más prudente y no dirán frases homófobas, pero en el fondo es la concepción generalizada.

Yo he estado en muchas Misas africanas (católicas, protestantes, pentecostistas, “born again”, de lo que sea) donde he oído consignas homófobas y en otros casos la homofobia se da por supuesto. He oído gente que protestaba de cómo era posible que esta ley [de condena a muerte a los homosexuales] se hubiera retirado. Me he movido por movimientos feministas, campesinos, gente de izquierda y sólo me he encontrado con una mujer que sinceramente me decía “yo no estoy en contra de la homosexualidad, es algo en lo que no me puedo meter; sólo Dios puede decidir”. Esto es lo más progresista que he oído. Tengo la sensación que si se hicieran elecciones sobre leyes homófobas seguramente saldrían ganando. A veces hay conflictos entre los derechos humanos y los mecanismos democráticos.

– ¿Y en otros aspectos, como la violencia dentro del matrimonio?

Caddy Azouba, activista por los derechos de las mujeres en el Congo. Fotografía de Ouka Lelé.

Eso es brutal. Pensé que en Oriente Próximo sería más duro, pero no. He estado en la República Democrática del Congo -un país tocadísimo por la guerra- y Uganda –que actualmente no lo está, pero lo estuvo- y estoy convencido de que la guerra genera una impunidad de las prácticas patriarcales. En Afganistán también. El patriarcado tiene que ver con una práctica del poder y con su impunidad. Y ante esto tú tienes que cambiar las mentalidades –que es lo más importante- pero debes aplicar leyes para que el patriarcado pierda peso. Y casi todas las prácticas que se derivan del patriarcado son violencia y violación del derecho a la igualdad.

 

 


En la República Democrática del Congo  y en Uganda, la homofobia es generalizada en todas las capas sociales. La República Democrática del Congo es de los países del mundo donde hay más violaciones de mujeres. La guerra genera una impunidad de las prácticas patriarcales.


– Cuando hablas de guerra hablas de violaciones de mujeres, …

Actualmente la República Democrática del Congo es de los países del mundo donde hay más violaciones de mujeres. Así lo dicen los informes internacionales como los de Human Rights Watch o las propias misiones de las Naciones Unidas y las ONGs que trabajan en el país. Es escandaloso y genera una impunidad. ¿Esta es la cultura del país? No, lo que ocurre es que hay impunidad y en esa impunidad las prácticas sociales se radicalizan. En el Congo la violación es algo casi impune: un gran número de mujeres han sido violadas. Las guerrillas utilizan a las mujeres como forma de aterrorizar un territorio. Ha habido casos de mujeres violadas 15 veces el mismo día y abandonadas en un árbol.

Yo esto lo he visto en Afganistán, con una mentalidad absolutamente patriarcal, religiosamente conservadora de origen, pero la brutalidad que se vive actualmente proviene de tantos años de impunidad absoluta, donde quienes deciden son los tribunales populares, que deciden de acuerdo con sus intereses de poder patriarcal y generan prácticas de violencia brutal.

– Y tú, después de muchos años recorriendo el mundo, ¿continúas siendo optimista?

Totalmente, y de forma militante. De entrada, porque tendemos a pensar que lo más fuerte que nos ocurre es lo que pasa ahora. Pero si vas a mirar otros periodos históricos, vemos que hay cambios acompañados de calamidades, genocidios, estructuras sociales represivas, etc. No quiero ver que éste sea el peor momento de la Historia ni el mejor, ni que existe una evolución hacia mejor, el evolucionismo no nos sirve para medir la humanidad. Aunque es verdad que, por el fenómeno de la globalización, la extensión del conservadurismo genera monstruosidades históricas como el conservadurismo extremista de diversos gobiernos desde los Estados Unidos hasta Daesh (Estado Islámico) o Al Qaeda, o el saqueo de los pueblos consentido por todos a través de la especulación alimentaria o bancaria. Monstruos y monstruos, que no son diferentes de los fascismos que han existido anteriormente.

Más que optimista soy activista. Como Santo Tomás en el Evangelio que quiso tocar las llagas de Cristo para creer en su Pasión, sé que hay calamidades, pero y por eso soy cooperante. Hay movimientos de renovación en todas partes que me hacen pensar en que es posible destruir las estructuras de poder que provocan tanto sufrimiento. Cada persona a su nivel y dentro de una gran cadena, es preciso remangarse y trabajar. Lo que pasó en un momento en Grecia, donde un pueblo dijo: “No quiero saber nada”. ¿Es posible cambiar el mundo? No sé, posiblemente no, pero hay que hacerlo, no te queda otra.  Y en mi trabajo he visto cosas muy emocionantes e importantes.

– … que los medios de comunicación no destacan.

He estado un año en la República Democrática del Congo y durante este periodo ha habido dos masacres. Nadie se ha enterado, pero a la vuelta mucha gente me preguntaba por el Ébola, que allí hubo pocos casos. Aún así, hubo más de 70 casos, pero mucha gente me contaba el Ébola en España, como una catástrofe. Es decir me preguntaban por el Ébola porque les sonaba de algo pero para contarme la situación en España.

Mujeres congoleñas contra la violencia: “Congo women hold up half the sky” (Las mujeres congoleñas sostienen la mitad del cielo).

Palestina, en cambio, es un país del que tenemos mucha información. Pero ¿qué información? Lo que se puede llamar, la “violencia espectacular”. Inclusive si muestran que se trata de una violencia de ocupación (cosa que no sucede con la mayor parte de los medios y la clase política de nuestro país, que hacen propaganda sionista); incluso si es así, no están mostrando que la mayor parte de la población palestina tiene una manera de resistir día a día, en cada uno de los detalles, que es no violenta. Palestina es un país donde la movilidad es prácticamente imposible, porque está plagado de puntos de control militar, “check-points”, colonias que parten el territorio y donde existe una gran red de transporte público creado por ellos mismos. Es una forma de resistencia de la población ante la ocupación: “Nosotros, a pesar de que no nos dejen movernos, vamos a crear nuestra propia red de movilidad”. Toda la población palestina ha creado una forma de vivir que le permite una cierta normalidad en un contexto muy difícil.

Y esto pasa en todas partes. Puedes mostrar otros modelos. Y yo pienso que, hablando de masculinidades, una cosa muy importante que hay que mostrar es que hay modelos de hombres que no son patriarcales. En todas las partes del mundo. Lo que pasa es que sólo cogemos el que es militante, el que habla en los medios. Pero hay muchos hombres que en su práctica diaria que no son violentos, que son respetuosos con sus mujeres o con su comunidad. Igual no llegan al 60% de una comunidad, pero si llegamos al 40% con estos hombres tenemos que contar. ¡Tenemos tanto trabajo para hacer! Tenemos que contar con los dirigentes, con los líderes, pero también con estos hombres.


Una cosa muy importante que hay que mostrar es que hay modelos de hombres que no son patriarcales. En todas las partes del mundo. Hay muchos más hombres no patriarcales de lo que parece.


Yo tengo una amiga palestina que vota al Hamás. Una mujer encantadora. Nos queremos muchísimo. Su marido es lo menos patriarcal que te puedas imaginar. Tiene un sentido del humor, habla con un respeto. La sociedad es así y tenemos que contar con estos hombres, para cambiar nuestra percepción del mundo.

– Tú has hecho documentales sobre música, que nos transmiten la alegría de vivir a través de la música. De manera positiva y creativa. Y las ganas de vivir son revolucionarias, transformadoras. Porque ya suficientemente el patriarcado amarga y nos amarga la vida.

Es importante resaltar este hecho: hay muchos más hombres no patriarcales de lo que parece. Yo parto de la base de que mi padre no lo era, y no porque nunca hubiera cuestionado su machismo. Si él, criado en un ambiente familiar tradicional y conservadora, no tenía apenas toques machistas (como todos), entonces miras alrededor y piensas: “No es verdad que todos seamos patriarcales. Es posible el cambio de los hombres”. Pero, claro, alguien te tiene que decir: “No hace falta que seas competitivo, violento; no hace falta que cuando hables de una mujer, hables como un objeto sexual”. Y creo que muchísimos hombres no son así. A veces es cuestión de qué mensaje transmites y cómo lo transmites.

Entrevista realizada en el local de Homes Igualitaris (AHIGE Catalunya).

Sàgar Malé es licenciado en Geografía e Historia y en Comunicación Audiovisual. Técnico de cooperación al desarrollo (especialmente en países musulmanes y en conflicto como Palestina, Afganistán o Túnez, países africanos como la República Democrática del Congo, Uganda o Senegal), género y desarrollo, soberanía alimentaria, derechos humanos, justicia transicional, fortalecimiento de la sociedad civil, comunicación para el desarrollo, derechos sexuales y reproductivos, desarrollo rural. Guionista y realizador de documentales con “Mapasonor” sobre mujeres en países como Afganistán, Túnez, Senegal y Palestina, y redactor de reportajes de temas sociales, culturales y de músicas del mundo.

 

 

 

 

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