Más allá de la economía de mercado

Marzo 22, 2017

DOSSIER. Economía Feminista

(La economía feminista y los procesos de transformación de las masculinidades).

Más allá de la economía de mercado.

Entrevista a Cristina Carrasco Bengoa.

Realizada y transcrita por José Mª Lozano Estella

Acudí a la entrevista que amablemente me concedió Cristina Carrasco, con una lista de preguntas preparadas, pero la conversación se inició tan fluida que me dejé llevar por el flujo de información. Ella me lo transmitió con esa pasión de las personas que aman lo que hacen, fruto de un elaborado razonamiento e imaginación. Posteriormente organicé toda esa información y la articulé alrededor de unas preguntas claves.

Cristina Carrasco es profesora de la Facultad De Económicas de la Universidad de Barcelona. Reconocida por sus trabajos sobre Economía Feminista, que podemos leer en diversas publicaciones: libros, entrevistas e infinidad de artículos (1). Su aportación no es tan solo fruto de una elaboración teórica, sino también a través de su compromiso y activismo con el movimiento feminista del que ella forma parte y con el que colabora.

Era evidente que el principal interés era conocer de su propia voz qué se entiende por Economía Feminista, una concepción económica que es fruto del movimiento feminista.

¿Podrías explicarnos qué se entiende por Economía Feminista y en qué aspectos emerge como una crítica a la Economía neo-clásica?

En primer lugar, la economía feminista va más allá de la economía de mercado e introduce que además de los trabajos remunerados (los únicos que contempla el mercado), existen otros trabajos indispensables para la subsistencia de todas y todos. Trabajos en el área doméstica y del cuidado. Esto ya de entrada significa romper la frontera ficticia que la economía neoclásica ha creado entre los espacios públicos y los espacios privado-domésticos.

Para la Economía feminista el trabajo doméstico y de cuidados no retribuido también forma parte de la economía. Y esto deja al descubierto otra realidad, la de que el sistema capitalista no puede reproducir la fuerza de trabajo que requiere para poder subsistir como sistema y en cambio los hogares sí que realizan en gran medida esa reproducción. El capitalismo necesita de esa fuerza de trabajo que se realiza en los hogares para subsistir como sistema, lo que la hace dependiente de ella pero, al invisibilizarla, la devalúa y obtiene una mano de obra sin coste alguno. Devaluación que el heteropatriarcado asignó a las mujeres y por eso ellas son las asignadas a ese sector privado. No olvidemos que el capitalismo se asienta en una estructura patriarcal que lo antecede y en la que la devaluada es la mujer. Por ello, todo trabajo asignado a ellas automáticamente queda desvalorizado.

Para la Economía feminista el trabajo doméstico y de cuidados no retribuido también forma parte de la economía.

Esto en sí mismo ya significa una visión distinta de la realidad que observamos. Si rompemos esa frontera, ya no se trata de ver cómo encajamos a las mujeres en esa economía de mercado; no es realizar estadísticas y separar por sexos (cuántas mujeres son ministras, empresarias, soldados, ingenieras, etc.). Porque eso solo supone algunos cambios aparentes, pero el orden simbólico sigue intacto, ya que en su mayoría los hombres se siguen asociando al espacio público (mercado) y las mujeres se asocian al trabajo doméstico y de cuidados (esfera privada).


No olvidemos que el capitalismo se asienta en una estructura patriarcal que lo antecede y en la que la devaluada es la mujer. Por ello, todo trabajo asignado a ellas automáticamente queda desvalorizado.


Un segundo aspecto significativo en la economía feminista es que sacar el trabajo del cuidado (va más allá del trabajo doméstico) de su invisibilidad, pone al descubierto el cuidado de la vida. De hecho la Economía Feminista pone la Vida en su centro de atención, en contra de una Economía neoclásica que pone en el epicentro de su atención el beneficio monetario.

En un sistema capitalista patriarcal la vida de las personas no es considerada como un fin en sí mismo, sino un medio para la acumulación de capital, mientras que la economía feminista pone por delante la vida de las personas, su bienestar por encima del mercado y su beneficio. Y este cambio de paradigma significa poner el trabajo del cuidado en el eje principal de atención.

Ambos aspectos nos llevan a un tercer punto y es que la economía feminista es totalmente rupturista. No es tan solo un planteamiento crítico del sistema capitalista, porque va mucho más allá. De hecho, si vemos cómo la economía neoclásica pone su epicentro de atención en el beneficio, todas sus acciones políticas y sociales están enfocadas a la acumulación de capital y, por consiguiente, el bienestar y la dignidad de vida de todas las personas no son significativas. Eso implica que todo ajuste en el mercado se realiza con el sacrificio de todos y todas para salvar el beneficio de unos pocos.

La economía feminista plantea que los dos grandes pilares que están sosteniendo el sistema son, por una parte, los recursos naturales -sin los cuales no existirían la vida ni la economía- y, por otra, el cuidado de la vida que mayoritariamente lo realizan las mujeres. Ambos pilares, expoliados y ocultos por el capitalismo. Debemos dejar de tener en cuenta el beneficio capitalista y ponerlo en el cuidado de la vida, lo que implica un cambio en la organización de la sociedad, un nuevo concepto del consumo y la producción y, por ello, una redistribución de tiempos, trabajos y rentas.


La economía feminista plantea que los dos grandes pilares que están sosteniendo el sistema son, por una parte, los recursos naturales -sin los cuales no existiría la vida ni la economía- y, por otra, el cuidado de la vida que mayoritariamente lo realizan las mujeres. Ambos pilares, expoliados y ocultos por el capitalismo.


¿Puedes ampliar el concepto de sostenibilidad de la vida y trabajo de cuidados que parece estar presente en la concepción de la Economía Feminista?

El concepto de sostenibilidad de la vida es primordial en nuestra elaboración económica y hay que entenderlo desde una visión plural; es decir no solo desde una vertiente ecológica, sino también humana, social y económica. Toda vida sostenible es posible dentro de un trabajo de Cuidados. Nos parece evidente la importancia de la naturaleza como el medio del cual nos abastecemos, pero ya no es tan evidente que la vida sin el cuidado pudiera ser viable.

Perdemos de vista la interdependencia que tenemos todos en muchos momentos de nuestra vida, ya sea en la infancia o en la vejez, cuando estamos enfermos o en cualquier otra situación de dependencia, así como en los aspectos emocionales y afectivos. Todos en un momento u otro necesitamos del Otro y esta función de sostén recae en las mujeres, un trabajo que da cuenta de nuestra vulnerabilidad, realizado cotidianamente y que posibilita que los hombres queden liberados para realizarse en el mundo público.

El trabajo de cuidados es imprescindible en términos genéricos para que la vida continúe y, en términos más específicos, para reproducir la fuerza del trabajo o mano de trabajo en perfectas condiciones, como necesita el sistema capitalista. Pero paradójicamente el capitalismo devalúa este servicio. Igual que el capitalismo utiliza la naturaleza de una forma depredadora, hace lo mismo con el colectivo de personas que se dedican al trabajo de cuidado, que no olvidemos son las mujeres.


Igual que el capitalismo utiliza la naturaleza de una forma depredadora, hace lo mismo con el colectivo de personas que se dedican al trabajo de cuidado, que no olvidemos son las mujeres.


Para la economía feminista el concepto de sostenibilidad de la vida o una vida sostenible, implica dos aspectos fundamentales; por un lado la posibilidad de subsistencia de la sociedad, pero no solo para nuestro presente o nuestra generación, sino también para las futuras descendencias. Por otro lado, unas condiciones dignas de existencia para todos y todas (no sólo para unos pocos) en igualdad y justicia. Todos y todas sin exclusión alguna.

De hecho la sostenibilidad de la vida en la economía feminista va en la dirección de una vida digna, una calidad de vida con igualdad para todos y todas, donde el epicentro de la economía se deposita en la política de Cuidados. Por el contrario, la Economía neoclásica entiende el bienestar o vida digna con el consumo y por ello el crecimiento del mercado es lo verdaderamente positivo.

El capitalismo utiliza como indicador de bienestar, entre otros, el PIB y, por ejemplo, en la actualidad parece que, al empezar a crecer este indicador, el bienestar de la vida está en aumento, cuando lo que comprobamos es que la precariedad de la vida es mayor, las pérdidas en beneficios sociales crecen, el poder adquisitivo disminuye y las diferencias salariales siguen vigentes entre hombres y mujeres.

El PIB no tiene en cuenta las desigualdades, los trabajos domésticos ni de cuidados, la contaminación, la destrucción de los recursos naturales, etc. y estos son factores a tener en cuenta si queremos hablar de un bienestar o una vida digna para todos y todas. La economía capitalista sacrifica la vida digna para el beneficio de algunos. Un beneficio puesto en el consumo al que les son indiferentes las desigualdades creadas. De hecho, estas desigualdades posibilitan que algunos puedan tener más a costa de que otros tengan menos o nada.

Fundamentalmente los indicadores del bienestar del capitalismo son androcéntricos, ya que están centrados en los trabajos remunerados que históricamente se dan en el espacio público y asignados a los hombres.

Puedo resumirte que, por un lado, la economía feminista ha ido destacando la importancia de la economía del cuidado como fundamental en la sostenibilidad de la vida y, por ello, un objetivo que tenemos que conseguir es la posibilidad de integrar el trabajo doméstico y de cuidados en los modelos o procesos económicos. Pero con ello no estaría diciendo que agregásemos a las mujeres al modelo vigente; muy al contrario, estaría hablando de una ruptura con lo establecido desplazando los objetivos desde el beneficio empresarial al cuidado de la vida humana.


Fundamentalmente los indicadores del bienestar del capitalismo son androcéntricos, ya que están centrados en los trabajos remunerados que históricamente se dan en el espacio público y asignados a los hombres.


¿Crees que si se cambia un sistema capitalista por un sistema donde rigen los principios de la economía feminista podríamos alcanzar una verdadera igualdad entre hombres y mujeres?

En realidad lo primero que nos tendremos que plantear es a qué nos referimos cuando hablamos de igualdad. En la actualidad en la estructura de mercado en la que vivimos el concepto de igualdad que se está planteando es que las mujeres nos igualemos a los hombres en ese espacio denominado público (mercado). Podemos observar que los marcadores de igualdad se están refiriendo al número de mujeres diputadas, técnicas, nuevas profesiones antes cerradas a las mujeres, brecha salarial, militares…. Pero lo que no aparecen son indicadores de igualdad que digan cuántos hombres se hacen cargo de las tareas domésticas, de cuantos se ocupan de familiares con dependencias, de sus abuelos. De hecho no se habla pues de los indicadores de igualdad en ese espacio privado-doméstico.

En una Economía donde se ponga la sostenibilidad de la vida, la política de cuidados, en definitiva, la vida humana de todos y todas por encima de los beneficios como el eje principal, el mercado se adaptaría a una justicia social que consecuentemente llevaría a una igualdad para todos, no solo hombres y mujeres, sino clases sociales o razas. Las políticas de Igualdad no hay que plantearlas en el trabajo, sino en el hogar. Un cambio en esta dirección implica replantear nuevos conceptos, discutir las estadísticas económicas, proponer nuevas estadísticas que incluyan los trabajos no asalariados, construir nuevos indicadores, elaborar políticas públicas sin sesgo de género, integrar una perspectiva de género en los presupuestos públicos, etc.


En una Economía donde se ponga la sostenibilidad de la vida, la política de cuidados, en definitiva la vida humana de todos y todas por encima de los beneficios como el eje principal, el mercado se adaptaría a una justicia social que consecuentemente llevaría a una igualdad para todos, no solo hombres y mujeres, sino clases sociales o razas. Las políticas de Igualdad no hay que plantearlas en el trabajo, sino en el hogar.


En este apartado querría destacar la oportunidad que se perdió cuando se tramitó la ley de dependencia al no darse un gran debate ciudadano, porque en el núcleo de esta ley había mucho en juego y posibilitaba un gran cambio de mirada, un cambio del beneficio al cuidado de la vida.

Ahora te pondría otro ejemplo de la importancia de los cuidados en relación con la igualdad. Imaginemos por un momento que encontramos la igualdad de hombres y mujeres en el espacio público, que todas las mujeres salen de casa para buscar trabajo. La pregunta sería ¿quién cuida a los niños y a los ancianos? Al no atenderlos se nos moriría la mitad de la población en una semana. Aunque se podría decir que la resolución de este conflicto sería pagar a alguien para que realice este cuidado, lo cierto es que esto recaería y de hecho recae en mujeres inmigrantes, negras o de clase baja, que además de acabar esa jornada, tienen que sostener el cuidado de sus propias casas, lo que contribuye a una explotación y a reproducir las desigualdad. Y son siempre mujeres las que realizan esta función, por ser una herencia del patriarcado. Hay también muchas mujeres que trabajan por sueldos bajos. Deben buscar la ayuda de su hogar por otras mujeres, en este caso las abuelas. De hecho, cuando el trabajo reproductivo o de cuidados pasa al mercado es cuando las mujeres asumen una doble jornada y pagan anímicamente y físicamente un coste excesivo.


De hecho cuando el trabajo reproductivo o de cuidados pasa al mercado es cuando las mujeres asumen una doble jornada y pagan anímicamente y físicamente un coste excesivo.


Mientras no resolvamos el problema de todos los hogares, de todas las personas, de todas las mujeres, la desigualdad es inevitable. Por ello, es necesaria una Economía humana, que ponga el eje central en la sostenibilidad de la vida de todos y todas.

Y, si me permites, aún te diría a modo de provocación, que tal vez deberíamos elaborar una ley (ley de los cuidados co-responsables) en que no pudiera delegarse los trabajos de cuidados y domésticos en nadie. Todos deberíamos ser responsables de nuestro espacio doméstico, que debería ser compartido por igual por hombres y mujeres. Una ley de corresponsabilidad por igual en todo tipo de trabajo sin distinción de sexos. Y por supuesto sin posibilidad de delegar o pagar esa función en nadie.

¿Qué les dirías a los hombres para que pudieran contribuir realmente a una igualdad en todos los niveles? ¿Cual puede ser el activismo de los hombres en la actualidad?

Lo primero es que tomen conciencia de que la cultura patriarcal los ha sociabilizado como no cuidadores, ni siquiera de sí mismos, lo que los ha convertido en dependientes de las mujeres para las cuestiones de su vida cotidiana, de su subsistencia básica en lo emocional y afectivo y, por consiguiente, se ha hecho responsable a las mujeres del cuidado de sus vidas.

Esta toma de conciencia les tiene que hacer ver que el modelo masculino no es generalizable, no es el modelo a seguir, porque si las mujeres asumieran esa libertad de participación en el mundo laboral, ¿quién cuidaría la vida?

Por todo ello si hablamos de igualdad, los hombres deberían dar más cabida al espacio privado-doméstico, a ir haciendo suyo el trabajo de cuidados, a una forma de empoderamiento de sí mismos en el hecho de saber cuidar y cuidarse. Esto es fundamental para esos hombres con voluntad de igualdad, por ser una forma más responsable de amar la vida, la vida digna de cada uno de los seres humanos por igual, sin distinción de sexos, clases o razas.

Si los hombres hacen suyos los trabajos de cuidados en el ámbito privado-doméstico, estarán des-feminizando estos trabajos y eso verdaderamente supone un ataque frontal al patriarcado, convirtiendo cualquier tipo de trabajo (remunerado o no) digno e igualmente valorado sin distinción de sexos. Por eso, creo que la igualdad entre sexos se logra en el hogar y no en el mercado. Lo que supondría también una redistribución del tiempo que dedicamos al trabajo del mercado y al de cuidar la vida. Seguramente deberíamos disminuir el primero y aumentar el segundo.


Los hombres deberían ir haciendo suyo el trabajo de cuidados, a una forma de empoderamiento de sí mismos en el hecho de saber cuidar y cuidarse

Si los hombres hacen suyos los trabajos de cuidados en el ámbito privado-doméstico, estarán des-feminizando estos trabajos y eso verdaderamente supone un ataque frontal al patriarcado, convirtiendo cualquier tipo de trabajo (remunerado o no) digno e igualmente valorado sin distinción de sexos.


Esa igualdad buscada por los hombres en el espacio-privado doméstico, es acabar con esa escisión entre espacio público – espacio privado, que es tanto como decir que hay personas que son cuidadoras y otras que deben ser cuidadas. Es cierto que en algunos momentos de la vida esto puede ser así, pero la realidad es que somos interdependientes y todos debemos aceptar esa doble función.

En la esencia del feminismo, este no se plantea como una guerra de sexos, sino que queremos compartir un mundo mejor para todos y todas. Solo pretendemos que los hombres hagan un cambio, revoquen los valores construidos desde el patriarcado y acepten un mundo sostenible y digno para todos y todas y se desvinculen de un mundo construido con sentimiento de Poder, Mercado y Dinero. Y también remarco que no todas las mujeres son iguales, porque algunas adoptan el modelo masculino para alcanzar el poder, aunque mayoritariamente en el movimiento de mujeres feministas esto no es así.

La sostenibilidad de la vida es un concepto que también se propugna en las economías ecologistas. Desde esta misma concepción, ¿podrías decirnos cuáles son los puntos de encuentro o desencuentro si los hubiera con la Economía Feminista?

En un principio se puede decir que tenemos muchos puntos de acuerdo. Para empezar ambas economías son los dos grandes pilares sobre los que se sustenta el sistema capitalista, unos pilares ocultos de los cuales el sistema financiero se nutre para rentabilizar sus beneficios. Es lo que denominamos la economía del Iceberg; el mercado es lo visible mientras que los trabajos de cuidados y la naturaleza están por debajo, es decir no visualizados. Nos une que somos teorías que incorporamos elementos que van más allá del mercado, criticamos este modelo capitalista-beneficio y tan destructor de los recursos naturales, a la vez que somos conscientes de nuestra dependencia con el medio ambiente y por ello abordamos una forma de relación muy diferente a la actual.

Tal vez la mayor desconfianza que podemos tener pudiera ser si los hombres ecologistas están suficientemente concienciados en la importancia de los trabajos de cuidados-doméstico, porque sino eso nos puede llevar a otro momento de desencuentro en las luchas por una igualdad.

Para algunos ecologistas (afortunadamente cada vez menos), primero sería: “salvemos nuestro planeta y luego ya vendrá lo otro”. Porque un ecologista hombre puede tener una plena conciencia de sostenibilidad de la vida con la protección y respeto al medio ambiente, puede tener el deseo de romper con un sistema capitalista, pero eso no necesariamente elimina su ideología patriarcal. No olvidemos que el patriarcado es una concepción histórica que ha aprovechado el sistema capitalista para sus propios intereses.


Para algunos ecologistas (afortunadamente cada vez menos), primero sería: “salvemos nuestro planeta y luego ya vendrá lo otro”. Porque un ecologista hombre puede tener una plena conciencia de sostenibilidad de la vida con la protección y respeto al medio ambiente, puede tener el deseo de romper con un sistema capitalista, pero eso no necesariamente elimina su ideología patriarcal.


Se podría correr el riesgo en algunos sectores ecologistas de que aspectos como la justicia social y de género quedasen en un segundo lugar. Por ello el eco-feminismo ha querido aportar esta visión de aunar esfuerzos para tener una perspectiva de sostenibilidad de la vida que incorpore por igual las miradas del feminismo y la ecología. Queremos poner en el centro de un debate socio-cultural el trabajo de cuidados-doméstico. La tierra nos nutre pero sin el cuidado a la vida eso sería insuficiente.

A lo largo de la entrevista he podido escucharte que cuando hablabas de espacios no solo hacías referencia a espacios públicos y privados sino que añadías lo de espacio privado-doméstico. ¿Puedes comentar si estás refiriéndote a tres espacios diferenciados?

Históricamente el patriarcado realizó de una forma interesada y también ficticia una escisión de los escenarios de la vida. Por un lado, ubicó todo aquello que tiene valor, como la razón, la cultura, la política del lado de los hombres y eso se entendió como espacio público. Por otro lado, toda función que tuviera menos o casi nada de relevancia como la naturaleza, el hogar, los sentimientos o la crianza se le asignó a las mujeres y a ese espacio se le denominó privado. Una escisión como te decía ficticia y que solo obedecía a intereses de los hombres.

Dentro de la Economía Feminista y como una forma de visualizar mucho más los aspectos totalmente tapados por el capitalismo (sistema que se nutre del patriarcado) hemos querido hacer una distinción dentro de lo que se denomina espacio privado.

En nuestra sociedad el concepto de “privado” tiene mucho valor. Es ese espacio personal que dedico a mi persona, un tiempo para mi desarrollo, mi espacio de ocio. Por eso hemos querido remarcar el concepto de espacio privado-doméstico, ese lugar que está al servicio de los demás y que está señalado por el capitalismo como algo que no tiene valor. Un espacio de crianza, de cuidados al hogar y a las personas, un espacio de respeto a la naturaleza, lugar para dar salida a emociones y sentimientos; en definitiva, ese lugar que ha sido marcado solo para las mujeres y que se devaluó e invisibilizó como trabajo no remunerado y, por tanto, carente de valor.

Dentro de la Economía Feminista quiero remarcar que para nosotras no es separable ninguno de esos espacios y que, en realidad, la separación de espacios se hizo para valorar y desvalorar funciones, lo que marcó el verdadero sentido de la desigualdad entre sexos.

REFLEXIONES DEL ENTREVISTADOR

Al finalizar la entrevista, de regreso a casa, estuve reflexionando sobre algunos temas que fue desplegando Cristina. Sobre todo en nuestro compromiso como hombres para esta lucha por la igualdad y sostenibilidad de una vida digna para todos y todas.

Al ir reflexionando me vino a la mente un pasaje de un libro que había leído recientemente de otra conocida economista feminista: Amaia Pérez Orozco, (“Subversión feminista de la economía”) y que trascribo literalmente como una forma de reflexión para nosotros hombres que deseamos y queremos luchar junto al movimiento feminista:

Pensar la economía desde el bien-estar y el mal-estar encarnados no es solo bonito, sino que obliga a cuestionar el sillón que ocupamos cada quien en lo cotidiano y, a veces, resulta que es un sillón demasiado cómodo. Hace unos años, en un taller sobre cuidados en un sindicato todo iba bien: “Sí, claro, qué importante el trabajo doméstico”, “El capital se lucra del trabajo no pagado, por supuesto”. Hasta que Sira del Río afirmó rotunda: “No cuidar es procapitalista”. Fue entonces cuando toda la fila trasera de machos sindicalistas de pro se levantó y se marchó (¡¿huyó?¡). Es mucho más grato referirse a los cuidados que amorosamente prestan tantas mujeres y a cómo los capitalistas las explotan que cuestionarse cuánto mejor vivo yo sin limpiar el váter”.

Interesante reflexión: “No cuidar es procapitalista”. Evidentemente no solo son palabras lo que necesitan las mujeres de nosotros los hombres, sino por encima de todo sensibilización y acciones. Es el momento de reivindicar para nosotros los hombres este espacio privado-domestico, el espacio de los cuidados.

BIBLIOGRAFÍA DE CRISTINA CARRASCO:

LIBROS:

CON VOZ PROPIA. LA ECONOMIA FEMINISTA COMO APUESTA TEORICA Y POLITICA

(Con Amaia Perez, Mertxe Larrañaga, Yolanda Yubeto, Paloma de Villota, Lina Gálvez, Yayo Herrera)

Viento Sur, la oveja roja 2014

EL TRABAJO DE CUIDADOS

(Con Cristina Borderías y Teresa Torns

Los libros de la catarata 2011

TIEMPOS, TRABAJOS Y GENERO

Ed. Universidad de Barcelona, 2002

ESTADÍSTIQUES SOTA SOSPITA. PROPOSTA DE NOUS INDICADORS DES DE L’EXPERIÈNCIA FEMINA

Generalitat de Catalunya 2008

ARTICULOS (Revistas):

SOSTENIBILIDAD DE LA VIDA Y CEGUERA PATRIARCAL

Atlánticas: revista internacional de estudios feministas. Vol 1 2016

EL CUIDADO COMO BIEN RELACIONAL

Papeles de relaciones ecosociales y cambio global N. 128 2014-15

DEL TIEMPO MEDIDO A LOS TIEMPOS VIVIDOS

Revista de Economía Crítica. N.17 2014

EL CUIDADO COMO EJE VERTEBRADOR DE UNA NUEVA ECONOMIA

Cuadernos de relaciones laborales. V.31 2013

LA ECONOMIA DEL CUIDADO

Revista Economía Crítica N.11 2011

TIEMPOS Y TRABAJOS DESDE LA EXPERIENCIA FEMENINA

Papeles de relaciones ecosociales y cambio global. N.108

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