BUENDIÓLDORAS de septiembre.

Autor: Manuel Buendía.

¡Alucino con lo que se puede escuchar en un partido de futbol!

El domingo pasado pude comprobar que aún falta mucho para que desaparezca por completo la homofobia en este país. Soy un joven de 19 años y el otro día me invitaron unos compañeros de clase a ver un partido de fútbol de tercera división.

En el equipo local jugó el hermano de mi amigo Antonio.

Casualmente el encuentro lo arbitró Jesús, un joven gaditano que tiene la suerte o la desgracia, no lo tengo muy claro, de ser conocido por su condición homosexual. Es el primer árbitro profesional español que “ha salido del armario. Yo pensaba que España no era tan homófoba, a lo mejor es una cosa particular del fútbol.

Escuché un día que el “deporte rey” es como el tótem de la masculinidad tradicional, casi una religión con todos sus ritos culturales. Acapara cada vez más, los telediarios o las conversaciones de las tertulias en todos los sitios, y sin embargo no se tiene la constancia de jugadores que hayan reconocido ser gais, por algo será ¡El ámbito del fútbol sigue siendo muy machista, misógino y homófobo!

buendioldoras_01El caso es que sentí vergüenza ajena y mucha rabia por los constantes comentarios, burlas, y risitas de un grupo de “capullos” que estaban sentados delante. Parecía que el partido era lo que menos les importaba y sólo fueron allí  para meterse con el árbitro.

  • ¡A ver si pitas bien Maricón!, ¡deja de arbitrar y ponte a comer pollas!, ¡Cómo se nota que te gusta que te partan el culo! – eran algunos de los insultos humillantes que alternaron un par de “capullos”, mientras los demás “les reían las gracias”.

Durante un rato lo pasé muy mal porque no sabía qué hacer, no me atrevía a intervenir. Tenía miedo de que se me complicará el día, o mejor dicho, tenía miedo de que me hicieran algo. Lo consulté con mis amigos y conseguimos entre todos (y algunas mujeres que allí había), que pararan el juego. Conseguimos que expulsaran del campo a los dos energúmenos. Me supo a poco. Habría que hacer mucho más.  Ignoro si pensáis lo mismo que yo pero tengo la sensación de que es incompatible ser machista u homófobo y al mismo tiempo, aspirar a tener una vida sexual sana. Es necesario hoy en día un respeto a la diversidad sexual, en Igualdad y sin violencia.

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¡En estos momentos no necesito vivir con ningún hombre!

En estos momentos no necesito vivir con ningún hombre. Lo normal de las mujeres como yo que ya hemos pasado los cuarenta años hemos tenido varias parejas sexuales en toda nuestra vida. Entre ellas también se encuentran la mayoría de mis amigas.  En mi caso concreto, se puede contar con los dedos de una mano las relaciones “serias” o al menos, con un mínimo de vocación de permanencia o compromiso, relaciones más o menos largas.

buendioldoras_03Tuve  tres años un poco locos  con varias relaciones fugaces con tipos muy variados. Estuvo bien. Me lo pasé estupendamente, pude gastar mucho más dinero que ahora, y no le doy más vueltas. Soy una mujer libre y ya no necesito contarle todo a mi abuela. Coincidió con un empleo diferente que tuve en una gran ciudad. En esa época conocí hombres con diverso grado de machismo, algunos con muy poca conversación. También es verdad que uno en concreto, que se llamaba Bruno, no lo necesitaba. No engañaba a nadie, me ofreció desde el principio pura relación física. En otra ocasión reconozco que no vi venir a un maltratador. Era muy guapo, subido de arrogancia pero simpático. Al principio era muy atento (en exceso) y coincidió con la publicación del desastroso libro ese de las 50 sombras. Hicimos cachondeo con el tema pero realmente era muy brusco en la cama. Estaba encantado con su pene pero tampoco era para tanto. Cuando empezó con los controles y las escenas de celos, llegó a ser muy agobiante. Duró mes y medio, no sé cómo me deshice de él. Comprendo que otras no puedan o no se den cuenta.

Las relaciones serias, ya dije que me sobraban dedos de una mano, fueron dos o tres. Con Pedro estuve casada once años. Es un buen hombre. Tenemos rasgos de personalidad y ocupaciones  en común y muchas experiencias compartidas. Es cariñoso,  generoso, y nos compenetrábamos con una finísima complicidad horizontal,  pero “no pudo ser”. No entiendo muy bien por qué extraña razón se empeñó en ser padre. A mí me parece muy bien pero no soy la persona indicada. Años después lo tuvo con otra. No soporto la presión social que hay hacia la maternidad obligatoria.

Con Andrés estuve siete años. Aprendí lo que es estar enamorada, y sin duda ha sido y sigue siendo mi mejor amigo pero la convivencia es conflictiva. Con “las pasiones y las reconciliaciones” no es suficiente.

Mi primer amor fue el compañero de pupitre de la universidad. Era el más “igualitario” de todos pero duró la relación lo que duró la carrera. Todos han sido diferentes, yo tampoco he sido la misma. Es una bobada pretender encontrar un hombre que tenga lo mejor de cada uno como si pegáramos los cachos.

En estos momentos estoy mejor sola.

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 ¿Si eres asexual, eres menos hombre?

Un día Jaime escuchando un programa de radio nocturno supo ponerle una etiqueta a lo que le pasaba. Es un programa donde hombres y mujeres de todas las edades que no pueden dormir llaman a la emisora contando su experiencia, en muchos casos experiencias sexuales. Jaime no tenía deseo y eso le atormentaba enormemente. Todos sus amigos y conocidos, tanto chicos como chicas habían despertado a los deseos sexuales en la pubertad y la adolescencia, él no. buendioldoras_04Vivía como un acoso todo lo que veía y escuchaba en los medios de comunicación, el cine, la televisión o las revistas. Se veía desplazado en ciertas conversaciones con los colegas. Pensaba que él era más lento, o que aún no había madurado, era un “retrasado”, un “patito feo”. No tenía nada que ver con modelos culturales como los religiosos que hacen apología de la castidad, el celibato ni nada de eso. Llegó a creer que era menos hombre, porque no sentía la necesidad de esa promiscuidad impuesta que notaba en los demás, ni los alardes, las conquistas, las bromas o los chascarrillos. Tenía amigas pero no sentía nada por ellas. Llegó a pensar que podía ser homosexual pero tampoco sentía nada por ellos. En la radio le habían enseñado una nueva etiqueta que podría servir para  rebajar algo su ansiedad: ¡resulta que era un chico asexual! Jaime en vez de encontrar respuestas lo que hizo fue cambiar de pregunta ¿Si eres asexual, serás menos hombre?