Los datos sobre prevalencia de la violencia sexual señalan que entre un 10% y un 20% de los niños y jóvenes han sufrido este tipo de violencia. Es, sin embargo, un fenómeno invisibilizado por la dificultad que tienen los menores al revelarlo y los prejuicios sociales ante este tipo de violencia. Muchas de las causas de esta invisibilidad y el temor a revelar la violencia padecida tiene que ver con los mandatos del modelo de masculinidad hegemónico, que prescribe que los hombres deben ser fuertes y por tanto no pueden ser víctimas. A esto hay que añadir el estigma de la homosexualidad cuando la violencia es perpetrada por otro varón o la confusión que existe, también socialmente, entre violencia e iniciación sexual, cuando es una mujer la que ha cometido los abusos.

AHIGE participa en el proyecto “Boys* & Culture of Care”, de investigación-acción, del Programa Europeo Daphne -víctimas infantiles de violencia-, que se centra en la protección y el apoyo de los niños y adolescentes varones víctimas o potenciales víctimas de violencia sexual en relaciones cercanas, instituciones, espacios públicos y otros contextos, con un enfoque que se centra en el menor y la perspectiva de género.

El proyecto, donde participan entidades de Alemania, Austria, Bulgaria, España e Italia tiene por objeto elaborar unos materiales y una formación dirigida a personas que están en contacto con niños y adolescentes (maestros/as, educadores/as, monitores de tiempo libre, entrenadores/as deportivos, etc.) para que puedan crear espacios de cuidado que permitan prevenir y abordar la violencia sexual a menores varones.

Puedes consultar la web del proyecto o el primer boletín informativo del proyecto.

En estos primeros meses del proyecto se ha realizado una investigación en todos los países que forman parte del consorcio, para conocer la situación y necesidades en cada país. En España se ha preguntado, a través de un cuestionario online, a más de 100 personas, expertas en el tema y educadores/as. Además, se han realizado 6 grupos de discusión a diferentes perfiles de profesionales. Algunas de las conclusiones a las que hemos llegado se resumen a continuación.

Una de las propuestas que han surgido es la necesidad de aceptar la “vulnerabilidad” de los varones y trabajar con ellos la deconstrucción del modelo de masculinidad hegemónica tradicional. Es importante ofrecer a los chicos una visión de la masculinidad más amplia y menos restrictiva que les ayude a situarse como víctima y revelar la violencia sexual cuando se ejerce contra ellos.

La sensibilización ante este tipo de violencia es todavía una asignatura pendiente. Además, no hay una formación suficiente y adecuada para prevenir y abordar con garantías los casos de violencia sexual de menores. Los profesionales que trabajan con niños mencionan la necesidad de mejorar la sensibilización y dar a conocer los protocolos que existen en los centros educativos y que no se conocen suficientemente.

Ante un caso de violencia sexual se recomienda generar espacios y vínculos de confianza, así como respetar los ritmos y necesidades del menor. También es importante restablecer la seguridad del niño, por tanto es importante que el niño vea que el mundo reacciona ante lo ocurrido y que esto sirva para devolverle la seguridad. También es importante saber sostener, acompañar y estar presente. El acompañamiento es una competencia o actitud que empodera la relación entre el educador/a y el pupilo.

En España, el sistema y procedimientos que existen para atender a un menor que ha sufrido violencia sexual son largos y repetitivos y ponen muchas veces en duda la credibilidad del menor. Muchos chicos cuando llegan a terapia ya están “machacados” por el sistema, se produce lo que se denomina “revictimización” del menor. Por tanto, es necesario que, junto a la parte punitiva y legal, se refuercen los servicios de protección y acompañamiento. Son necesarios procedimientos menos invasivos como, por ejemplo, la utilización de entrevistas grabadas en vídeo, para que el menor no tenga que revivir una y otra vez los episodios de violencia sexual.

La prevención de la violencia sexual es un aspecto importante que se debe abordar desde las instituciones y organizaciones que acogen a niños y adolecentes. Se destaca la necesidad de abordar y profundizar en la perspectiva de género y la masculinidad, la educación emocional y la educación sexual, abordar este tipo de educación desde el derecho de información y formación, desde el cuidado y el respeto, con el objetivo de no interferir invasivamente en el desarrollo de la sexualidad infantil. Un enfoque que supere la visión de los riesgos y enfermedades y pueda tratar la sexualidad positivamente, desde el buen trato.

Es importante que las personas que trabajan y están en contacto con niños tengan una serie de cualidades y capacidades que permita conseguir esa confianza y seguridad que el niño necesita. Se habla de personas sensibles, empáticas, que faciliten el acercamiento y con capacidad de hacer las preguntas adecuadas en el momento preciso.