Desde AHIGE: Historia del feminismo, lectura obligatoria para un hombre nuevo.

Mayo 25, 2017

LA HISTORIA DEL FEMINISMO, LECTURA OBLIGATORIA PARA UN HOMBRE NUEVO.

Autor: Josep María Lozano (Homes Igualitaris -AHIGE Catalunya).

Simone de Beauvoir.

A room of one’s own, Virginia Woolf

Alexandra Kollontai

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Creo fundamental crear un espacio de conocimiento y reflexión sobre la historia de la opresión de las mujeres a través de las lecturas de sus obras mas clásicas, tanto para mujeres como para los hombres. Intentaré dar mi punto vista sobre este planteamiento.

Hace años un colectivo de mujeres me pidió realizar unos talleres sobre crecimiento personal y autoestima. A lo largo de esos encuentros pudimos plantearnos que el ser humano no nace constituido, sino que es un proceso a realizar a lo largo de los años. Concretamente, la mujer, en palabras de Simone de Beauvoir, no nace, se hace. Pensando en lo determinada que puede estar la mujer desde su nacimiento, quisimos ir hacia los orígenes donde se inició todo este supuesto destino de mujer. Eso originó un retroceso hacia el origen de los tiempos, como una forma de entender si eso que consideramos esencia con respecto a la mujer, era una cuestión motivada por la propia naturaleza o era una construcción cultural. Era pues necesario conocer la genealogía, la historia previa a los posteriores movimientos feministas, como una manera de ver los inicios y evolución de esa opresión de las mujeres. Recorrimos siglo a siglo los infortunios de la mujer, la misoginia constante, sus luchas junto al hombre, cuando estos reclamaban ayuda para momentos de injusticia y el poco o casi nulo agradecimiento que recibían cuando todo finalizaba y el hombre recobraba su poder. Siglo a siglo el dolor aumentaba, la rabia ante tanto sufrimiento hacia mella en ellas y en mi caso cada vez era mas consciente de la injusticia vivida por un ser humano. Así fue abriéndose paso a paso la empatía al compartir tantas historias de desagravios. En la medida que las mujeres podían tomar la palabra en sus escritos, fuimos incorporando textos históricos, eso que llamamos el marco teórico de la historia de opresión. Cristina de Pizan, Mary Astell, Olympe de Gouges, Mary Wollstonecraft fueron poniendo palabras a tantas injusticias. Afortunadamente no sentí tanto el frío de una soledad como hombre y Poulain de la Barre i Stuart Mill con sus textos sobre la igualdad de los sexos me arroparon por momentos. Pero confieso que el resonar de tantos siglos de sufrimiento de mujeres, de tantas y tantas generaciones bloqueadas en su propia construcción me fue desgarrando, porque mi propio sexo era la causa de tanto infortunio.

Olympe de Gouges.

Inicié la historia de la opresión de las mujeres, más con la lógica de la razón, con una cierta intelectualidad, es decir desde la masculinidad. Pero ese discurso fue cambiando, iba mezclándose la razón con el corazón, la carga empática hizo que hablara más desde mis emociones y en ese momento me sentí más cerca de la mujer y más lejos del hombre. Aprender de esa genealogía previa del feminismo me hizo identificarme como feminista. Proseguimos con los textos  de Kollontai, Clara Campoamor, Virginia Woolf, Simone Beauvoir, Betty Friedan, Kate Miller, Germaine Greer, Judit Butler, etc. Algunas lecturas ya las había leído en su tiempo, pero nunca como hasta ahora las entendía en su autentica dimensión. No tienen la misma fuerza si no has pasado por esa historia previa de opresiones, si no has querido perder horas, días y quizás años para sumergirte en el dolor y la injusticia atesorada por el hombre con respecto a las mujeres. Una historia que es necesario ser conocida tanto por hombres como por mujeres. Como hombre, compartirla con mujeres te ayuda a disolver corazas, a salir de diagnósticos intelectuales y abrir tus sentimientos junto a ellas, a ir configurándote en la dimensión de seres humanos en igualdad de condiciones. Lo empático da paso a la empatía emocional, no solo te pones en la piel del otro, sino que navegas con sus sentimientos y emociones. Así sentí cómo me iba fundiendo en un crisol de igualdades y de configuración humana. Puro humanismo, puro feminismo.

Virginia Woolf

Es necesario conocer la historia de opresión de las mujeres, por el hecho de entender realmente qué es el feminismo y no dejarse manipular por un sistema perverso que solo intenta desacreditarlo para confundir incluso a las propias mujeres; el hecho es que todavía es mucho más crucial compartir esta historia entre los hombres. Necesitamos viajar en el tiempo, perdernos en esos siglos antes de Cristo y seguir avanzando hasta nuestros días, para reconocer la barbarie que hemos cometido con millones de mujeres, las cuales nunca pudieron realizarse enteramente como seres humanos y quedaron atrapadas como hembras de una especie animal por nuestro simple deseo de superioridad, sostenido por la fuerza física. Tenemos que martillearnos siglo a siglo en esta historia de opresión, para ir erosionando capa a capa nuestra armadura de masculinidad. Partiremos en este viaje por los siglos, primero desde el intelecto, desde la razón (puesta al servicio del poder), pero poco a poco esa razón no podrá sostener ni justificar tanta perversión del hombre. Paulatinamente, capa a capa, eso que llamamos revolución interior del hombre se irá fundiendo, para dejar paso a un concepto llamado empatía, que no solo significa ponerse en la piel del otro (eso puede ser simplemente fría lógica), sino que implica adentrarse en el otro, poder sentir el dolor, el llanto, la impotencia, el sometimiento sistemático que sufren las mujeres a lo largo del siglo. Esa empatía, significa hacer tuyo tanto dolor, dando paso al verdadero espacio emocional, emergiendo un concepto donde se configuran la ternura, el valor de la vida, la amistad, compartir con el otro los logros, la complicidad de un mismo proyecto, el cuidado a la vida humana y a la propia naturaleza que nos envuelve.

 


Es necesario conocer la historia de opresión de las mujeres, por el hecho de entender realmente qué es el feminismo y no dejarse manipular por un sistema perverso que solo intenta desacreditarlo. Una historia que es necesario ser conocida tanto por hombres como por mujeres; el hecho es que todavía es mucho más crucial compartir esta historia entre los hombres.


Con ese desmontaje del armazón masculino, estamos preparados para caminar sin traiciones con las mujeres surgidas en el sufragismo, con sus hijas y nietas; tal vez inicialmente en paralelo, no sea que las presiones de nuestras antiguas masculinidades nos jueguen malas pasadas y podamos traicionar o quedarnos neutrales en ese caminar. Pero la pregunta que nace en ese caminar en paralelo, es si ellas fueron oprimidas, nosotros como opresores qué cualidades nos impuso el patriarcado para cercenar cualquier amago de empatía, solidaridad y justicia. Si el sistema nos hizo injustos, nos preguntaríamos cuál es la parte de nuestra construcción humana oprimida, qué parte quedó congelada desde siempre, porque eso también implica que el sistema patriarcal nos castró como seres humanos. Nos hizo amar la fuerza, nos hizo sentir poderosos como un Dios, tan solo para someter sin piedad al Otro, especialmente a la mujer, luego serian otros pueblos, otras razas, incluso a la propia naturaleza. Nos hizo amar la guerra, nos construyó para la muerte, para matar sin escrúpulos. Nos apartó de sentir la vida de nuestros hijos, nos dejó solos sin compañeras, nos potenció nuestros instintos sexuales para obviar el amor, ese sentimiento que nos hace abrazar la ética de la vida y el cuidar sobre el destruir. Horroriza pensar que, en realidad, la fuerza del patriarcado, nos dejó puramente como un animal al que se le justifican instintos para ser un macho alfa. El patriarcado imposibilitó nuestra construcción como humanos y nos alejó de la mitad de la humanidad, para no sentir todos esos sentimientos hacia el amor y la vida. De hecho, el patriarcado nos dividió en dos a los dos sexos, nos aisló a ambos para que no nos contamináramos, para que no uniéramos cuerpo (espacio emocional) y mente (espacio racional). Por eso el feminismo cobra vital importancia, una revolución para nada sangrienta porque parte desde la vida y no desde la muerte como hacemos los hombres. Nuestros caminos deben confluir, porque la diversidad de las miradas nos posibilita un humanismo, una evolución de nuestra especie.

La historia del feminismo (genealogía, marco teórico y el activismo), es de obligado cumplimiento para todos y todas, pero diría que para los hombres fundamentalmente, para desmontar unos privilegios que en realidad esconden una perversión de la maldad y una construcción de la injusticia. Y los beneficios que  produce la injusticia solo traen destrucción y muerte, una desolación humana y del planeta. Invito a los hombres a leer esta historia, pero que vayan dejando el intelecto como arma fría y dejen leer al corazón para entender que el patriarcado nos hipnotizó con unos privilegios de maldad y, para ser conscientes de ello, hay que vivir la historia de sometimiento de las mujeres.

 


Josep Maria Lozano coordina un grupo de lecturas de clásicos del feminismo dentro de Homes Igualitaris (AHIGE Catalunya). Para más información del grupo, por favor, dirigíos a hombresigualitarios@ahige.org

Un comentario

  • julian Junio 1, 2017en6:00 pm

    Josep, querido compañero, no tengo palabras para expresar las emociones que tu texto ha despertado en mí. Tienes razón, sólo desde la empatía con el sufrimiento del/la otro/a se puede asumir la validez de una lucha feminista por la igualdad. Es la empatía la que nos lleva a ser humanos/as y a poner el amor y el cuidado por encima de cualquier otra consideración. Gracias.

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