EDITORIAL.

Hombres  ¿qué pasa con nuestra sexualidad?

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El tema de la sexualidad es esa especie de culebrón de verano que todos los años surge cuando la temperatura aumenta y  los medios no tienen noticias para hablar de política y economía que es lo que de verdad les apasiona. Sin embargo, también es cierto que los hombres igualitarios solemos estar preocupados por nuestra sexualidad y, sin tener en cuenta la época del año en que nos encontramos, solemos lanzar el mensaje: ¿Por qué no hablamos de la sexualidad masculina?  Pero, a la vista de los resultados,  no parece  que se profundice demasiado en el asunto,  bien por miedo a lo que nos vamos a encontrar,  bien porque, en el fondo, preferimos no cuestionarnos nuestro comportamiento sexual.  Y el caso es que, si echamos una mirada a la sexualidad masculina y sus consecuencias,  no podemos por menos que estremecernos:

  • Siete de Julio, San Fermín: En Pamplona, las fiestas finalizan con un saldo de cuatro violaciones y un número indeterminado de abusos sexuales
  • Las violaciones, malos tratos y asesinatos de mujeres siguen siendo el pan nuestro de cada día para millones de mujeres en todo el mundo. Hay países como México y Brasil, donde la violencia de género forma parte de la “marca país” (por ejemplo, Ciudad Juárez). Desgraciadamente, aún hoy, los abusos sexuales a mujeres y a menores son armas de guerra en cualquier conflicto armado
  • La trata de mujeres y niñas sigue siendo el negocio ilegal más lucrativo del mundo, junto al tráfico de armas y el narcotráfico, tal como denuncian organizaciones como Save the Children. La prostitución en su 95 por ciento, sigue siendo la consecuencia de esta trata. Los gobiernos prefieren volver la vista y tolerar la existencia de miles de burdeles en ciudades y carreteras de nuestro país.
  • La mayor parte de los medios de comunicación asumen la existencia en sus programaciones de nichos de publicidad prostituyente o de pornografía que les permite engordar sus cuentas corrientes, aunque luego sus líneas editoriales rezumen moralina y puritanismo.

Y todos estos fenómenos sociales se sostienen y rentabilizan gracias a la demanda insaciable de una sexualidad masculina que sigue justificándose en la biología (“no se puede ir contra la naturaleza, tengo que satisfacer mis necesidades, su represión es perjudicial”) cuando, en realidad,  lo que hay debajo es la socialización milenaria que ha elevado el pene a la categoría de falo dominador y depredador y colocado a las mujeres en el papel de objetos receptoras de semen sin opción a la rebeldía o la reclamación porque el castigo es la violencia hasta la muerte si fuera preciso.

Los hombres, todos y cada uno, tenemos que preguntarnos qué le pasa a nuestra sexualidad,  por qué es tan compulsiva, tan irracional, tan obsesiva.  Por qué no podemos reflexionar sobre ella con calma y conocimiento,  para ver hasta qué punto nos perjudica y hasta qué punto podemos mejorarla, humanizarla, “civilizarla”, como han hecho las mujeres con su sexualidad. Hay autores que han lanzado ideas y reflexiones muy interesantes, como José Antonio Marina, cuando dice que “una relación sexual debería ser lo más parecido a una conversación entre amigos”  y no el combate de boxeos o de sumo que nos presenta el cine o la televisión.  Anthony Giddens apunta que el futuro de la sexualidad humana es el reconocimiento de su  “plasticidad”, es decir, de su variedad benigna y respetable.


Los hombres, todos y cada uno, tenemos que preguntarnos qué le pasa a nuestra sexualidad,  por qué es tan compulsiva, tan irracional, tan obsesiva. 


¿Pueden los hombres feministas  seguir manteniendo un comportamiento sexual compulsivo e irracional  que es contradictorio  con  el respeto y el trato igualitario debido a las mujeres? ¿No deberíamos  iniciar un proceso personal de cambio que consiga, en primer lugar,  que nuestro pene deje de tener ese valor simbólico machista de falo? ¿Se puede ligar desde la igualdad? ¿Se puede obtener placer sin tener que cosificar a la pareja?


¿No deberíamos  iniciar un proceso personal de cambio que consiga, en primer lugar,  que nuestro pene deje de tener ese valor simbólico machista de falo? ¿Se puede ligar desde la igualdad? ¿Se puede obtener placer sin tener que cosificar a la pareja?


Estas y muchas más preguntas debemos hacernos los hombres para cambiar nuestro comportamiento sexual y erradicar las terribles consecuencias  que actualmente generamos.  Las violaciones, los malos tratos, los asesinatos, la trata de mujeres, etc.,  son productos de una sexualidad primitiva y poco evolucionada que necesita ser educada desde la más tierna infancia.  La coeducación en la igualdad incluye también y necesariamente, educación sexual y afectiva.

En este número de nuestra revista “Hombres Igualitarios”,  hemos decidido plantearnos el tema: Artículos como los orígenes de la Pulsión Copulatoria, premisas axiomáticas para entender la sexualidad en personas con diversidad funcional (que nos pueden ayudar a construir una sexualidad más allá de lo genital), entrevista a Antonio Centeno,  promotor del “Asistente sexual” para personas con diversidad funcional o a Miguel Angel Cueto, miembro de la Junta Directiva de la Federación Española de Sociedades de Sexología, que nos ofrece una mirada más profesional y bibliografía que aumentan los conocimientos sobre el tema,  pueden servirnos de herramientas para nuestra propia reflexión hacia el cambio.