EL UTILITARISMO FEMINISTA DE JOHN STUART MILL.

– II PARTE –

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Escrito por Jesús Espinosa Gutiérrez, doctorando en Historia Contemporánea y miembro de AHIGE.

(La primera parte de esta biografía fue publicada en el número de Septiembre de 2015)

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Cuando dos feministas se enamoraron: La figura de Harriet Taylor.

Mucho se ha escrito acerca de la relación amorosa entre Stuart Mill y Harriet Taylor. En el capítulo anterior vimos la negativa y tortuosa influencia de la sombra paterna sobre nuestro autor. Harriet también la tuvo en Mill, aunque más bien en un sentido más positivo, tanto en relación a la orientación filosófica y política en diversos aspectos de su pensamiento, sustituyendo en múltiples aspectos a la figura de un padre ya fallecido.

Harriet_Mill_from_NPGEl “affaire” Mill-Taylor fue uno de más conocidos romances de la puritana Inglaterra victoriana, un episodio que ha sido tratado generalmente con escasa rigurosidad. Así se ha tratado en la bibliografía dedicada a la vida y pensamiento de Stuart Mill, y a más no decir en por parte de la prensa y la opinión pública más encarnizada y conservadora del momento.

Antes de conocerse, ambos solían frecuentar asiduamente ambientes intelectuales y progresistas. Por medio del reverendo W. J. Fox en 1830, en una de aquellas reuniones entre escritor@s, polític@s y pensador@s (en este caso en la residencia del matrimonio Taylor) se encontraron por vez primera. Cabe recordar que Harriet Taylor estuvo casada primeramente con John Taylor, un industrial acaudalado del que se vió obligada a contraer nupcias contra su propia voluntad, puesto que se trataba de un matrimonio concertado por los intereses económicos de su familia.

Gran parte de l@s especialistas han cuestionado que Harriet fuera la única influencia en tanto en cuanto al pensamiento feminista de Mill. Otr@s destacan la propia expresión de gratitud y de reconocimiento de Mill hacia su esposa, aunque también es cierto que él mismo advierte a sus lectr@s que ya previamente a la relación con Taylor había tomado conciencia desde su juventud en favor de los derechos de las mujeres.

Uno de los argumentos supuestamente sólidos para otorgar la autoría de la obra feminista de Mill al propio Mill, se resume en la idea de que las propuestas de Taylor fueron más radicales que las de su marido. Taylor en su The Enfrenchisement of Women (traducido como “La Liberación de la Mujer”) considera que la mujer debe de tener mayor espacio de actuación en comparación con las ideas feministas del filósofo utilitarista. Mill fue más conservador en algunos aspectos determinados, sobre todo con los concernientes al trabajo femenino.

Harriet Taylor siempre permaneció en un segundo plano en cuanto a la proyección públicaharriet-taylor-mill2 de la pareja. Según Stuart Mill, esta diferencia fue producto de la propia humildad de Taylor. Así expresaba Stuart Mill el supuesto carácter conformista de la que fue su esposa:

Todo lo que suscita admiración cuando es hallado separadamente en otros, parecía que se encontraba unida en ella (…) Era tan elevado el nivel general de sus facultades, que la más sublime poesía, filosofía, oratoria o arte parecían triviales a su lado y aptos solo para expresar una pequeña parte de su espíritu. Y fácilmente hubiera podido sobresalir en cualquiera de estos géneros de manifestación, si su afición no la hubiera llevado en gran parte a contentarse con ser la inspiradora, apuntadora y coadjuntora oculta de otros.

Para Mill su compañera era “la bendición principal” de su “existencia”, no solo emocionalmente. Reconocía que lo que la debía a ella “incluso en un orden intelectual” era, “analizándolo con detalle, casi infinito”. Desde que se conocieron formaron un equipo de colaboración intelectual que duró muchos años (hasta la temprana muerta de ella), en la que confuyó un amor platónico entre ambos en una época vitoriana que pocos resquicios dejaba para llevarlo más libremente a lugares restringidos. En este sentido, Taylor y Mill fueron “respetuosos” con el marido de ella durante más de 20 años de amistad. Hasta abril de 1851, tras el fallecimiento de John Taylor 2 años antes por cáncer, no contrayeron matrimonio. Ahora Taylor era una viuda acaudalada y con mucha más independencia.

Sin embargo, una vez casada con Mill (de 45 años) esa independencia se mantuvo, ya que éste declinó aceptar sus privilegios, explícitamente los recogidos legalmente por el modelo machista de contraro matrimonial de la época. Incluso redactaron un documento por el cual Mill renunciaba a los derechos que le eran conferidos como varón en favor de ejercer un poder cuasi-total sobre su esposa. Por lo tanto, el matrimonio de John y Harriet transgredía en muchos aspectos las normas morales de su momento. Un matrimonio, además, de lucha y compromiso conjunto por la defensa de los derechos de la mujer y por otras causas en pro de la libertad y la igualdad. Desde 1851 hasta la muerte de Harriet, 7 años después, la famosa pareja construyeron una relación que se prolongó más allá de lo afectivo, colaborando desde el punto de vista intelectual en su lucha constante por los derechos de las mujeres.

El sometimiento de las mujeres, un clásico del feminismo.

Harriet_Taylor_Upton1Mill de alguna u otra forma inspirado e influido por las aportaciones filosófico-ideológicas de Harriet Taylor, ya fallecida, y como fruto de su convencimiento personal por los derechos de las mujeres, empleó dos años en la redacción de dos de sus grandes obras, Consideraciones sobre el gobierno representativo y El sometimiento de las mujeres (1868). Su hija Helen, también escritora y activista feminista, sugirió a su padre escribir esta segunda obra. Helen fue un gran apoyo para Mill hasta el final de sus días, sustituyendo en parte a su esposa como figura en la que apoyarse emocional e intelectualmente.

El sometimiento de las mujeres, aunque sea un libro breve es uno de los grandes clásicos del feminismo, una obra cuya finalidad era en parte apoyar a un fenómeno de movilización femenino que estaba en sus prolegómenos, el sufragismo, uno de los movimientos sociales fundamentales para entender el siglo XX.

El pensador utilitarista consideraba que la posición de la mujer en la sociedad civil era francamente precaria, por la fuerza de costumbres arcaicas que generaban un contexto de opresión vergonzosa sobre la mitad de la población. Los valores de la obediencia al marido y la perpetuación de su papel restringido al ámbito hogareño-familiar, estaban para Mill muy arraigados en todas las sociedades y culturas desde tiempos inmemoriales. Su objetivo principal fue entonces contrargumentar para refutar ideas tan potentes y consensuadas socialmente.

Para Stuart Mill este marco de relaciones de poder, mayoritariamente aceptado, se manifestaba, como no podía ser de otro modo, en las legislaciones de las naciones incluso más desarrolladas. Su convencimiento era claro, hacia el progreso de las sociedades más modernas, no se podrían constituir gobiernos y Estados realmente libres hasta que no se concediera a la mujer una posición digna en todas las esferas de la realidad socio-económica y política.

La opinión del pensador utilitarista sobre el estado de cosas por el cual exitía una legimación universal y antiquísima sobre la sumisión e inferioridad femenina, se fundamenta en la superioridad física del hombre sobre la mujer en términos de fuerza (argumentación muy extendida en su momento, pero que en el caso de nuestro autor no se queda simplemente ahí). La esclavitud ancestral de la mujer desembocó históricamente en la perpetuación de una sujeción del sexo femenino que únicamente se transforma cambiando de escenarios geográficos y culturales, ya que es universal. Dicha esclavitud se mantiene por los prejuicios mantenidos por un imaginario colectivo que considera que existen diferencias psicológicas y físicas que se traducen en que las mujeres deben de vivir en un estado de dependencia y sumisión perpetua.

Desde un punto de vista filosófico, para Stuart Mill la ideología patriarcal no se asentaba en razones verdaderas y por eso, y por lo injusticia y dolor que produce,… Las tesis de la inferioridad intelectual de las mujeres tan ampliamente extendidas y legimitadas desde la ciencia androcéntrica de la época, son para Mill insostenibles, así como la inferioridad moral, basada en argumentos no únicamente religiosos sino también presuntamente científicos.

Sus argumentos para la defensa de los derechos de las mujeres.

MILL3Ana de Miguel, la máxima especialista en el pensamiento feminista de John Stuart Mill en España, nos expone muy bien el conjunto de argumentos de corte lógico-filosófico que Mill puso sobre la mesa en su defensa de los derechos de las mujeres. A continuación exponemos una síntesis de lo estudiado por la filósofa feminista sobre Mill y sus argumentos fuertemente reforzados como veremos por su filosofía utilitarista:

– El argumento del agnosticismo: Partiendo de los conocimientos disponibles desde las distintas disciplinas científicas parece complicado decantarse en favor o en contra de una forma categórica a cerca de la naturaleza femenina y por lo tanto difícil es pretender definir dicha naturaleza. La socialización y la educación diferenciada a la que son sometidas las mujeres dificulta aún más el intento de establecerlo con una base totalmente segura y sin fisuras de certeza. Por lo tanto, si pudiéramos aceptar la idea de que las mujeres por su “naturaleza” tienden a inclinarse a los roles tradicionales que se le asignan, otorguémosles toda la libertad y comprobemos que dicha tendencia es cierta. En tal caso no haría falta toda la batería de imposiciones sociales y legislativas sobre ella que la discriminan. Para realmente determinar los límites de acción de las mujeres y sus capacidades reales la única forma es darles las posibilidades de ejercitar libremente sus cualidades. Sin esa apertura todas las afirmaciones misóginas y machistas que pretenden sujetar a la mujer a los imperativos patriarcales serán un sinsentido que no hace más que esconder un interés nada más y nada menos que masculino.

MILL1– El argumento empírico: Como hemos ya explicado, El sometimiento de las mujeres, es un tratado que tenía la finalidad de reforzar las razones del sufragismo. Mill plantea que el derecho al voto para las mujeres es una reivindicación indispensable, negando que los intereses de ellas estaban ya representados en los de sus maridos y progenitores varones. En un sentido empírico y tirando de los hechos comprobados históricamente, Mill afirma que cuando a las mujeres se las ha permitido ir más allá de lo que las han impuesto, se puede comprobar que ellas han protagonizado grandes descubrimientos y logros desde todos los puntos de vista de la acción, reflexión y creación humana con igual valor que los varones.

– El argumento de la universalización humana: Como buen liberal Mill y sin restringir su liberalismo a los límites puramente androcéntricos considera como evidente el libre desarrollo de la individualidad es la fuente principal de la felicidad. El ser humano está llamado como animal a elegir dada la naturaleza de las cosas. Las mujeres son seres humanos y por lo tanto deben de disfrutar de la misma situación de elección, si sucede al contrario de las mutila desde el punto de vista humano.

– Argumentaciones de corte utilitarista: La falta de libertad de la mujer hace del todo imposible valorar rigurosamente cuales son las capacidades y potencialidades de la mitad de la humanidad. El 50% no puede competir con libertad en el mercado, lo cual supone una pérdida no solo de derechos sino que también significa ineficaz económicamente, ya que si a la mujer se la margina o se la sitúa en un puesto subalterno en el terreno productivo, dicha productividad será siempre muy escasa. La potencilidad económica es desperdiciada cuando las mujeres se las excluye de sus derechos individuales sistemáticamente.

Para construir un mundo realmente solidario y seguir caminando en la senda del progreso debemos a su vez transformar el espacio familiar y privado, porque las familias son las mayores escuelas de desigualdad. Si seguimos rebajando al sexo femenino, sin a su vez darla la oportunidad de educarse en igualdad con los varones, es la propia sociedad la que pierde.

– Argumento de la compañera: Detrás de este argumento existe inevitablemente un paralelismo personal de la propia experiencia de Stuart Mill con Harriet Taylor. El pensador utilitarista, continuando con la lógica de la búsqueda del beneficio para la mayoría como axioma ineludible de justicia, considera que el amor ideal es el que se construye recíprocamente entre compañer@s. La desigualdad perjudica inevitablemente a ambos sexos. El estancamiento espiritual es mutuo, cada un@ encerrad@ en los clichés y estereotipos asignados socialmente, un estancamiento que del ámbito de la pareja se traslada y perpetúa colectivamente.

Su labor política por el sufragio femenino.

50 años pasarían desde que John Stuart Mill hiciera la primera proposición por el derecho al voto para las mujeres, hasta que tal derecho fuera reconocido por el gobierno británico. En 1865 Mill aceptaría la oferta de una facción del Partido Liberal para presentarse de candidato a la Cámara de los Comunes, decisión que no pudo haber tomado anteriormente por la incompatibilidad de ser funcionario público en la Compañía de las Indias Orientales y el ejercer un trabajo como representante parlamentario.

A pesar de que hubiera recibido la oferta de los liberales, él se propuso defender sus convicciones más profundas en la cámara: la mejora de las condiciones de vida de la clase trabajadora y de las mujeres. A la edad de 59 años, después de haber muerto Harriet Taylor, Mill consigue un escaño parlamentario que ocupará durante tres años. De su actividad parlamentaria destaca por lo tanto su defensa de los derechos de las mujeres, en especial en favor del sufragio femenino7.

Stuart Mill, además de un teórico, fue un activista sufragista destacado, tanto desde el asiento parlamentario como desde su posición de promotor de agrupaciones sufragistas. Él mismo contó con el apoyo de gran parte de las asociaciones de mujeres sufragistas. Al terminar su carrera política Mill y su hija Helen se dedicaron enérgicamente a promover la organización de agrupaciones de mujeres sufragistas. Así alentaron la creación de la National for Womens Suffrage (“Sociedad Nacional para el Sufragio Femenino”), en la que el propio Mill participó muy activamente.

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Conclusiones:

MILL2En 1858 fallecía Harriet en Aviñón (Francia), a causa de una fuerte congestión pulmonar. Harriet Taylor había sufrido graves problemas de salud durante un largo tiempo de su vida. Los síntomas más comunes afectaron tanto a se sistema respiratorio como nervioso, produciéndola a su vez una pérdida paulatina en la movilidad de las piernas. Falleció finalmente de un colapso respiratorio el 3 de noviembre de 1858. John Stuart, profundamente dolido y desolado por la muerte de su mujer, no tardó en continuar trabajando por sus ideas, dando discursos por la liberación de la mujer, acompañado siempre de la mano de su inseparable hija Helen. En el mismo Aviñón vivió hasta el final de sus días junto a ella. El 3 de mayo de 1873 Mill cayó enfermo, y falleció el día 7 con unas últimas palabras dirigidas a su hija y que muestran su compromiso con lo que creía: “sabes que hice todo lo que tenía que hacer”.

Sus restos están ubicados en el cementerio de Saint-Verán, junto a la tumba de su amada amiga y compañera Harriet. Cerca de allí Mill había comprado una pequeña casa que amuebló modestamente para así visitar diariamente la tumba de Harriet y dedicar su tiempo libre a coleccionar flores y escribir todo lo que su cuerpo le permitía.

Su vida y su obra son un ejemplo incuestionable de compromiso y de lucha por la libertad. John Stuart Mill concibe que los postulados del progreso humano no podían ser separados de la renuncia de los hombres a unos privilegios de los que las mujeres no podían disfrutar. Sin el vínculo verdadero entre los sexos, basado en el amor, la tolerancia, el respeto recíproco y la libre interacción entre ambos, las sociedades no podrían avanzar hacia la felicidad colectiva.

Su visión del futuro se expresa en una carta dirigida a un amigo en la que Mill expresaba:


La emancipación de las mujeres y la producción cooperativa son – estoy plenamente convencido – los dos grandes cambios que van a regenerar a la sociedad1.


Incluso tras morir, y cumpliendo con su deseo recogido en su testamento, Stuart Mill donó 3.000 libras a la primera Universidad en Inglaterra en abrir la posibilidad de obtener un titulo universitario a las mujeres que se matriculasen, haciendo lo mismo con una cantidad de dinero similar destinada a becas para el acceso de las mujeres a los estudios universitarios.