El miedo es un sentimiento y como todos los sentimientos, tienen unos rasgos comunes:

  1. Son un balance consciente de nuestra situación (función evaluadora). Nos dicen cómo nos están yendo las cosas. Si percibimos un peligro que amenaza nuestros deseos, lo vivimos como miedo.
  2. Son experiencias cifradas, porque aunque la experiencia sea muy clara (no tengo dudas de cuándo tengo miedo o no) no resulta tan claro el significado de dicha experiencia. Muchos miedos no sabemos de dónde proceden ni sabemos qué sentido tienen. La angustia es un temor generalizado sin objeto.
  3. Son fenómenos transaccionales, en los que se da una causalidad circular que nos resulta difícil comprender, porque estamos acostumbrados al pensamiento lineal en el que la causa va seguida del efecto. Sin embargo, aquí el efecto se puede convertir en causa y viceversa. Cuando decimos que el miedo es la reacción emocional al peligro puede ocurrir que el peligro sea cierto (lo que suele ocurrir en los animales) o que el propio sujeto miedoso vea peligros donde no los hay (lo que suele ocurrirle a muchos humanos). Una persona tímida ve peligros en situaciones en que los demás no lo ven.
  4. Son iniciadores de una nueva tendencia, nos movilizan y empujan a la acción. El miedo dispara los mecanismos de la huída o del ataque o del camuflaje. Los sentimientos están directamente relacionados con la acción.

El miedo es una emoción individual pero contagiosa, o sea, social. El contagio del temor nos permite hablar de “miedos familiares”, que aquejan a una familia, y de “miedos sociales”, que aquejan a una sociedad entera en determinados momentos de su historia. Los terrores del milenio, los miedos provocados por la peste, la llegada del fin del mundo, son algunos ejemplos. Otra variante de los miedos sociales son aquellos miedos que son comunes a una sociedad en virtud de determinados prejuicios sociales. Son terrores basados en creencias, informaciones o supersticiones compartidas, por ejemplo, el miedo a la mujer en la religión cristiana o el miedo al fracaso en la competitiva sociedad norteamericana.

Hobbes descubrió que el miedo es el origen del Estado, Maquiavelo enseñó al Príncipe que tenía que utilizar el temor para gobernar.

Christophe André propuso en uno de sus libros la creación de “una escuela del miedo” que cumpliera los mismos servicios que realizan las llamadas escuelas del asma o de la diabetes: desdramatizar, desestigmatizar, informar y explicar el problema. No podemos eliminar las pasiones sino que debemos comprenderlas, penetrar en ellas, hacer que pasen de ser pasiones a ser afectos. Para Spinoza, son energías naturales a disposición de quien sepa educarlas. A este punto, conviene explicar que el miedo produce un triple estrechamiento de la conciencia:

  • Corporal: solo se experimenta el cuerpo como una vivencia opresiva. A eso se refieren las palabras “angustia” o “congoja” que indican angostamiento o imposibilidad de respirar con amplitud.
  • Psicológica: el mundo solo se ve como un lugar de amenazas. Se impone un sistema equivocado de interpretación que percibe estímulos neutros como peligrosos.
  • Conductual: todas las energías se concentran en un único objetivo: estar en alerta máxima, presto a huir o realizar los rituales que liberan momentáneamente de la angustia.

La lucha contra el miedo patológico pasa por ampliar estas tres visiones en túnel: corporal, psicológica y conductual. Consiste en desatar ese “nudo en el estómago” con relajación, amplificación del ánimo, aplacamiento de las tensiones y liberación de la atención.

No podemos eliminar las pasiones sino que debemos comprenderlas, penetrar en ellas, hacer que pasen de ser pasiones a ser afectos.

Para definir y delimitar el miedo, hay que partir de un rasgo afectivo que podemos llamar inquietud, intranquilidad, agitación, nerviosismo, que es compartido por varias emociones. Si dicho rasgo afectivo es agradable da lugar a la excitación. Si es desagradable, da lugar a la ansiedad y si ésta no tiene causa conocida, decimos que tenemos angustia, pero si conocemos la causa entonces decimos que tenemos miedo.

Los orígenes del miedo: emoción y sentimiento (1ª parte)