“A estas alturas de mi vida, he llegado a ser un experto en miedos. Los he vivido, los he estudiado y he soñado con la valentía como otros sueñan con el poder, la riqueza o la salud. De todas las emociones que amargan el corazón humano –y son muchas– la gran familia de la angustia, la timidez, la inquietud, el terror, la vulnerabilidad, es la que más me ha preocupado, y la experiencia me dice que no es una rareza mía.” (José Antonio Marina, Anatomía del miedo. Editorial Anagrama. Barcelona, 2006)

El miedo está considerado como una de las emociones primarias, producto de la evolución de la vida. En el reino animal, todos los seres vivos desarrollan un mecanismo de defensa frente a los peligros que les acechan en su entorno. En una Naturaleza en la que todo ser vivo es comida de otro, las relaciones de depredación y defensa se convierten en las más importantes para poder sobrevivir. El miedo es la emoción que dispara el mecanismo instintivo defensivo que induce los comportamientos de supervivencia ante la presencia del depredador. El biólogo francés Henri Laborit investigó exhaustivamente estos mecanismos innatos y llegó a la conclusión de que, dependiendo de las circunstancias del entorno y de la adaptación genética del individuo al mismo, se podía delimitar tres comportamientos de supervivencia inducidos por el miedo:

  1. El más extendido y utilizado por casi todas las especies animales es la huida. Ante la presencia del depredador, la primera reacción de cualquier animal es salir corriendo. Algunas especies animales sólo utilizan este comportamiento (las gacelas, por ejemplo) y su anatomía está adaptada para correr a gran velocidad.
  2. Cuando las circunstancias del medio impiden la huida (por encontrarse en una zona sin salida, o ante un precipicio, por ejemplo) muchos animales reaccionan con el comportamiento de volverse contra el depredador y hacerle frente. Es lo que hace el jabalí cuando se ve acosado por la jauría de perros. Pero, para ello, el animal tiene que tener su anatomía adaptada para el enfrentamiento violento, si no, su programación instintiva carece de este recurso.
  3. Otros animales cuando, ante la presencia del depredador, les falla la huida o el ataque, suelen usar el comportamiento del camuflaje o hacerse el muerto, con el fin de despistar al depredador y que desista de su persecución. Es lo que hace la liebre, pegándose al terreno, reduciendo sus constantes vitales al mínimo, tratando de confundirse con él para que el águila (su depredador natural) no la encuentre. Algunos animales tienen este comportamiento como el único que utilizan para defenderse, como el camaleón.
El miedo está considerado como una de las emociones primarias, producto de la evolución de la vida. En el reino animal, todos los seres vivos desarrollan un mecanismo de defensa frente a los peligros que les acechan en su entorno.

La emoción del miedo en los animales es, pues, un elemento fundamental de su instinto de supervivencia y la evolución lo ha ido perfeccionando como emoción positiva para la vida del individuo. Las características principales del miedo animal son:

  • Es una respuesta refleja e innata de alta intensidad y corta duración.
  • Cuando el peligro ha pasado, el animal se relaja y sigue con su vida normal, aunque siempre mantiene un tono constante de alerta y vigilancia permanente.
  • Ante la posible presencia del depredador, el miedo le sirve al animal para evaluar la situación e inducir una acción defensiva de huida, ataque o camuflaje.

Los humanos hemos heredado filogenéticamente la emoción del miedo y durante miles de años la utilizamos con las mismas funciones que cualquier otro animal. Sin embargo, la baja especialización de nuestro desarrollo cognitivo en el momento del nacimiento, y la superación del marco reflejo instintivo gracias al aprendizaje, introdujo una serie de elementos importantes que cambiaron nuestras emociones y sus funciones.

Uno de ellos fue la presencia de fenómenos naturales que provocaban miedo al ser humano a pesar de no suponer un peligro para él. Fenómenos como los producidos por las tormentas, el trueno, el rayo, los temblores sísmicos, el mar agitado con su fuerte oleaje, provocaban reacciones de miedo en los humanos que, al no comprender las causas de dichos fenómenos, tendían a darles una explicación mágica, considerándolos productos de fuerzas sobrenaturales. Su incipiente inteligencia creadora, que no estaba limitada por la rutina de los instintos y la rigidez de las respuestas reflejas, buscaba causas y explicaciones e imaginaba soluciones, convirtiendo en realidades las irrealidades inventadas por su imaginación. Se crea una situación durante un largo periodo de evolución interna de la especie humana que podemos llamar “Etapa Mágica”, porque, ante cualquier situación que les provocara miedo, además de las reacciones instintivas de salir corriendo, atacar o esconderse, los humanos comenzaron a inventarse un mundo sobrenatural al que pertenecían todos los elementos causantes de su temor: animales depredadores, fenómenos naturales, etc.

Paulatinamente, el miedo fue dejando de ser exclusivamente una emoción refleja de alta intensidad y corta duración, para convertirse también en un sentimiento estable de bajo tono, pero larga duración. Este sentimiento entra a formar parte de la construcción del carácter y la personalidad, dando lugar a personas temerosas, tímidas, apocadas, ansiógenas, cuyo principal rasgo de personalidad es la tensión permanente de miedo con la que abordan las relaciones con el medio. Cuando ese sentimiento básico de temor se convierte en obsesivo, impidiendo llevar una vida normal, surge la pasión patológica, de larga duración y alta intensidad; el miedo se convierte en terror paranoico y la persona enferma y queda inhabilitada para vivir la vida de manera autocontrolada y autónoma.

El miedo fue paulatinamente dejando de ser exclusivamente una emoción refleja de alta intensidad y corta duración, para convertirse también en un sentimiento estable de bajo tono pero larga duración. Este sentimiento entra a formar parte de la construcción del carácter y la personalidad.

Esta emoción, de origen natural tan benéfico y positivo para el ser humano, al convertirse en un sentimiento negativo y una pasión destructiva, la convierten en un factor de gran importancia para el desarrollo de la Humanidad y que ha tenido una gran influencia en las construcciones sociales y mentales de los seres humanos. Uno de los hilos que trenzan la historia es el continuo afán por librarse del miedo, una permanente búsqueda de la seguridad y, a la par, un impuro deseo de imponerse a los demás aterrorizándolos. Hobbes descubrió que el miedo es el origen del Estado, Maquiavelo enseñó al príncipe que tenía que utilizar el temor para gobernar. Como hemos visto, el miedo está en el origen de las religiones, que protegen contra él, al tiempo que lo utilizan sin tregua ni decoro. No le ha bastado al ser humano con protegerse, con resignarse al miedo o con ejecutar, como los animales, las respuestas al temor prefijadas por la Naturaleza: la huida, el ataque o la inmovilidad. Ha querido sobreponerse al temor, actuar como si no lo tuviera, y, para eso, ha creado otra emoción nueva, el valor, es decir, mantener la gracia, la soltura, la ligereza, estando bajo presión. ¿Quién no desearía ser valiente? ¡Nos sentiríamos tan libres si no estuviéramos tan asustados!

Continuará…

Nota: este artículo es el primero de una serie de escritos sobre el miedo, que iremos publicando en las próximas semanas.

Las tipologías del miedo: Rasgos comunes del miedo humano (2ª parte)