El mundo digital forma ya una parte fundamental de nuestra cotidianidad; de nuestro modo de comunicarnos, recibir y transmitir información y por lo tanto la reproducción de estereotipos de género a través de las redes no debería sorprendernos ya que se trata de un traslado de la realidad offline al mundo online. Dos particularidades en el uso de las redes, sin embargo, nos dan algunas claves de por qué muchos de los discursos que refuerzan los estereotipos clásicos de género (y, por qué no decirlo, actitudes abiertamente machistas) tienen no solo presencia sino repercusión:

  1. Anonimato: elegimos qué mostrar y cómo hacerlo, lo que nos da la posibilidad de controlar quiénes somos online; el control sobre la propia representación de la identidad, que puede ser o no real, supone también una mayor seguridad en la expresión de las opiniones.
  2. Falta de “filtro”: a través de las redes eliminamos el factor de incomodidad que provoca la reacción de la otra persona, tenemos más tiempo de reacción y podemos abandonar la discusión en cualquier momento. Esto, junto al anonimato, crea un espacio de mayor seguridad para la comunicación, pero también para la reproducción de discursos más extremos.

La redes no son dañinas en sí mismas. Debemos usarlas como una herramienta a nuestro favor: para educar en el cambio

En ese sentido podemos hablar de discursos, sin embargo el mantenimiento y reproducción de los roles de género funciona siempre a través de mecanismos totalmente normalizados. A través de las redes se transforman imágenes y contenido en modelos de referencia encarnados por personas famosas, cuyas acciones y formas de ser se viralizan y convierten en moda de forma extremadamente rápida especialmente entre adolescentes¹. Esto en relación con la masculinidad no deja de ser una reafirmación de cuerpos irreales y comportamientos relacionados con dar muestra de una supuesta virilidad a través del ligue constante.

Es concretamente en las páginas de contactos, aquellas redes sociales destinadas a encontrar una pareja sexual o romántica, donde estos roles parecen tener sus máximas expresiones: la forma de presentarse a uno mismo es muy tradicional, haciendo énfasis en el físico, pero en muchos casos manteniendo el anonimato pues, aunque cada vez menos, se sigue considerando “menos hombre” a aquel que liga a través de internet que al que lo hace en una discoteca. Si hablamos de la representación de distintas masculinidades en el mundo online podemos referirnos a:

  1. Masculinidad tradicional: mencionada arriba. No necesariamente con comportamientos o discursos machistas, pero que reproduce los estereotipos de género de forma muy clara a través de su forma de representarse y relacionarse en las redes. Cumplen en mayor o menor medida con los cánones de virilidad y heteronormatividad relacionados con la apariencia y comportamiento.
  2. Masculinidades “diversas”: aquellos hombres que no encajan en los cánones de normatividad, principalmente de estética² o capacidad y cuya identidad masculina está, de algún modo, subordinada a aquella tradicional por no encajar en el estereotipo. Sus discursos pueden mostrar la misma reproducción de roles de género pues no rompen con la masculinidad tradicional sino que no se adaptan a ella por motivos involuntarios.
  3. Hombres igualitarios: que, habiendo hecho una reflexión de su propia identidad masculina y cómo se ha construido según el modelo hegemónico, trabajan para romper con los roles tradicionales de género y se expresan acorde a ello también en su vida online a través de su activismo, su discurso y en el modo de trabajar por el cambio de otros hombres.

No podemos decir que los usuarios de las páginas sean los únicos en reproducir estos roles ya que las propias plataformas (y aquí hablo de webs de contactos, pero posiblemente sea aplicable a otras) siguen unos esquemas muy clásicos de amor romántico usados a su favor para conseguir más miembros con lo que validan y refuerzan los estereotipos de género y masculinidad más tradicionales. Las redes no son dañinas en sí mismas, son una representación de la realidad social existente y tienen que ser entendidas no como un ente externo ante el cual no podemos hacer nada sino, por un lado, como un lugar de análisis de formación de identidades, como un lugar con infinitos espacios de mejora sobre los cuales trabajar y sobre todo como una herramienta que usar a nuestro favor para educar en el cambio.

 

Notas al pie:

¹ Para más información sobre jóvenes y redes sociales recomiendo leer ESTÉBANEZ, Ianire. y VAZQUÉZ, Norma. (2013). La desigualdad de género y el sexismo en las redes sociales. Vitoria-Gasteiz.

² Para más información sobre webs de contactos y masculinidad: AMIGO, María (2015). Estigma estético, masculinidad y redes. Trabajos Académicos-Facultad de Ciencias Sociales y de la Comunicación. UPV/EHU.