MOVIMIENTO DE HOMBRES, ITALIA.

Antes de la violencia.

Llamamiento para un día nacional en Italia contra la violencia masculina.[1]

Traductor: Juanjo Compairé.

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Una adolescente violada y arrojada a una piscina, una chica asesinada y quemada, una mujer asesinada con sus hijos por un hombre que luego se quita la vida, una joven nigeriana esclavizada, muerta por disparos: son sólo los últimos episodios de una larga serie de violencias. Cuando la violencia se convierte en extrema la indignación pública y el horror superan el umbral de indiferencia diaria. Pero la realidad es mucho más amplia y más profunda y está hecha de amenazas, chantajes, abusos, relaciones de dominación.

La violencia de los hombres contra las mujeres, ahora somos conscientes, no se puede dejar de lado como si fuera una enfermedad de unos pocos marginales, ni como un signo de culturas distantes de nosotros: nace en nuestra normalidad. Incluso cuando es extrema habla un lenguaje que conocemos y que mezcla el amor, el control, la dependencia, el honor, los celos, la frustración, el poder … antes de convertirse en violencia. Hacer hincapié en la emergencia oculta el hecho de que se trata de un fenómeno estructural y generalizado. Condenar la violencia sin reconocer la cultura que la produce y la justifica es un gesto vacío.

Condenar la violencia sin reconocer la cultura que la produce y la justifica es un gesto vacío.

La emoción que despierta es una oportunidad para abrir los ojos a esta realidad. Pero la indignación, en estos tiempos del facebook, puede ser una trampa: se puede desactivar en tres días, para luego pasar al siguiente video viral. Puede quedar satisfecha con reclamar a gritos el castigo; se puede reducir a ejercicio retórico. Sobre todo si los que tienen responsabilidades políticas se unen a la cola al coro de condena, pero luego dejan que los centros antiviolencia cierren por falta de fondos.

Después de las últimas, atroces historias de violencia, muchos hombres han tomado la palabra públicamente, han promovido grupos de discusión, llamadas a un compromiso común y encuentros en varias ciudades. Se han publicado intervenciones, reflexiones y análisis en los principales periódicos y en las redes sociales. Todo ello nos parece que pone en el centro una conciencia nueva: la violencia masculina contra las mujeres pone en tela de juicio los hombres, cuestiona nuestra cultura, nuestras expectativas, nuestras frustraciones, nuestra forma de estar en el mundo y en las relaciones. También varias voces femeninas han instado a una presencia y un mayor compromiso masculino más fuerte y más claro. ¡No dejemos que esta nueva conciencia y asunción de responsabilidad duren tres días!

Proponemos a todos los hombres que frente a esta violencia se sintieron sacudidos y que han sentido la necesidad de interrogarse, que no se detengan aquí: organicemos reuniones en cada ciudad a partir de las iniciativas surgidas estos días; involucremos a otros hombres, tratemos de profundizar más y ponernos en juego a nosotros mismos.


Proponemos a todos los hombres que frente a esta violencia se sintieron sacudidos y que han sentido la necesidad de interrogarse, que no se detengan aquí: organicemos reuniones en cada ciudad a partir de las iniciativas surgidas estos días; involucremos a otros hombres, tratemos de profundizar más y ponernos en juego a nosotros mismos.


Tratemos de darnos un tiempo de escucha y de diálogo, de iniciativa y de reflexión: tres meses durante los cuales transformar la indignación  en una oportunidad de cambio. Construyamos así juntos para el otoño una jornada nacional contra la violencia. Contamos también con las muchas iniciativas entre los hombres y entre hombres y mujeres ya comprometidas en este difícil terreno.

No partimos de cero. En los últimos años la conciencia en nuestro país ha crecido. Hace diez años, en septiembre de 2006, una llamada a los hombres contra la violencia masculina recogió muchos cientos de adhesiones: desde allí se desarrolló un compromiso que nos ha cambiado a muchos de nosotros. Todo esto es todavía demasiado poco visible y poco difundido en la sociedad y en los medios de comunicación; aún es poco reconocido por la política y la cultura.

No se trata de erigirse en jueces de otros hombres o en “defensores de las mujeres”, resucitando un ambiguo paternalismo o de ponerse en marcha llevados tan solo por sentimientos de culpa o del deber, sino de interrogarse sobre nuestros deseos, sobre nuestra capacidad para reconocer la nueva autonomía y la nueva libertad de las mujeres; decirnos si esta puede ser una ocasión de cambio en nuestras vidas.

La violencia masculina contra las mujeres es el resultado de una cultura, de una forma de relaciones entre las personas que genera otras violencias. El asesinato motivado por el odio hacia las personas homosexuales es parte de esta cultura. Hoy sentimos horror y repulsión ante la matanza de Orlando. ¿Por qué para muchos hombres es intolerable la libertad de una mujer, de la misma manera que es intolerable una sexualidad diferente?

La violencia reafirma un dominio, un orden jerárquico entre los sexos, pero también entre las orientaciones sexuales. La violencia homicida y homófoba en Florida es también la máxima expresión de una realidad mucho más generalizada de insultos a diario en nuestras escuelas y en nuestras calles y en los bares, hecha de palizas, vergüenza, discriminación y exclusión.


La violencia reafirma un dominio, un orden jerárquico entre los sexos, pero también entre las orientaciones sexuales.


anarkikka-320x320La reproducción y la reafirmación de los roles sexuales estereotipados, la asunción de las supuestas actitudes masculinas y femeninas, la imposición de una regla en las relaciones afectivas, todo ello contribuye a generar este tipo de violencia, empobrece la libertad de todas y todos y encierra nuestras vidas en jaulas invisibles.

Creemos que las otras violencias, los otros sufrimientos tienen también que ver con esta cultura de la jerarquía, del miedo y de la dominación de los que percibimos como diferentes a nosotros. De esta manera podemos tolerar el sufrimiento y la muerte de los que huyen de la guerra y de la miseria, en un mundo en el que crecen las guerras, las violencias, las injusticias y las desigualdades, miramos a los migrantes como una amenaza, aceptando que sean objeto de intolerable violencia en nuestras fronteras. Olvidamos de hecho la gravedad del tráfico de miles de mujeres esclavizadas para el consumo sexual masculino. Aceptamos nuevos muros y vallas en vez de comprometernos con un orden internacional más justo y no dominado por la guerra. La violencia racista y nacionalista que ha matado en Londres a la congresista Jo Cox es sólo la más reciente señal de un continente europeo envenenado por el odio y la intolerancia. Nos aferramos a las falsas identidades colectivas en lugar de apostar por la singularidad de cada uno y cada una, y la curiosidad y la apertura recíproca.


Creemos que las otras violencias, los otros sufrimientos tienen también que ver con esta cultura de la jerarquía, del miedo y de la dominación de los que percibimos como diferentes a nosotros.


Transformar de esta cultura, vivir el cambio que las mujeres han marcado desde hace muchos años, son también una ocasión de libertad para nosotros los hombres, pueden enriquecer y abrir nuestras vidas. Puede hacer posible un cambio de civilización, que contemple a todos y todas.

Comprometámonos este otoño a organizar como hombres en toda Italia una jornada nacional contra la violencia masculina que implique tanto como sea posible al mundo de la educación, de la información, de la cultura, de la política y del asociacionismo, y también a los hombres que de forma particular ya se han expresado en público recientemente, con el fin de difundir al máximo la sensibilidad y el compromiso entre tantos jóvenes y adultos todavía demasiado silenciosos, aislados y confusos.

Una jornada que deliberadamente tenga lugar antes del Día Internacional de 25 de noviembre, contra la violencia hacia las mujeres, con el fin de tomar la palabra como hombres antes de este ritual importante que se repite: para cambiar, para actuar antes de la violencia.

 



(Texto original en italiano y primeras firmas)

 Prima della violenza.

Per una Giornata nazionale contro la violenza maschile.

Un’adolescente violentata e gettata in una piscina, una ragazza uccisa e bruciata, una donna uccisa insieme ai figli da un uomo che poi uccide se stesso, una giovane nigeriana schiavizzata, uccisa a colpi di pistola: sono solo gli ultimi episodi di una lunga serie di violenze. Quando la violenza si fa più estrema l’indignazione pubblica e l’orrore superano la soglia dell’indifferenza quotidiana. Ma la realtà è molto più ampia e profonda ed è fatta di minacce, ricatti, abusi, relazioni di dominio.

La violenza degli uomini verso le donne, ormai ne siamo consapevoli, non si può liquidare come patologia di pochi marginali, né come il segno di culture lontane da noi: nasce nella nostra normalità. Anche quando è estrema parla una lingua che conosciamo e che mescola amore, controllo, dipendenza, onore, gelosia, frustrazione, potere… prima di divenire violenza. Enfatizzare l’emergenza nasconde il fatto che si tratta di un fenomeno strutturale e diffuso. Condannare la violenza senza riconoscere la cultura che la produce e la giustifica, è un gesto vuoto.

L’emozione che si è suscitata è un’opportunità per aprire gli occhi su questa realtà.
Ma l’indignazione, ai tempi di face book, può essere una trappola: può esaurirsi in tre giorni, per poi passare al prossimo video virale, può soddisfarsi di urlare la richiesta di punizione, può ridursi a esercizio retorico. Specie se chi ha responsabilità politiche si accoda al coro della condanna ma poi lascia che i centri antiviolenza chiudano per mancanza di fondi.
Dopo le ultime, atroci, storie di violenza molti uomini hanno preso la parola pubblicamente, hanno promosso gruppi di discussione, appelli a un impegno comune, incontri in varie città. Sono stati pubblicati sui maggiori quotidiani e sui social interventi, riflessioni, analisi. Tutti ci pare mettano al centro una consapevolezza nuova: la violenza maschile contro le donne chiama in causa gli uomini, mette in discussione la nostra cultura, le nostre aspettative, le nostre frustrazioni, il nostro modo di stare al mondo e nelle relazioni. Anche diverse voci femminili hanno sollecitato una presenza e un impegno maschile più forte e netto.
Non lasciamo che questa nuova consapevolezza e assunzione di responsabilità durino tre giorni.

Proponiamo a tutti gli uomini che di fronte a queste violenze si sono sentiti colpiti e hanno sentito il bisogno di interrogarsi, di non fermarci qui: organizziamo incontri in ogni città a partire dalle sollecitazioni emerse in questi giorni, coinvolgiamo altri uomini, proviamo a scavare più a fondo e a mettere in gioco noi stessi.

Proviamo a darci un tempo di ascolto e dialogo, d’iniziativa e riflessione: tre mesi durante i quali trasformare l’indignazione in occasione di cambiamento. Costruiamo così, insieme una giornata nazionale in autunno contro la violenza. Raccontiamoci anche le tante iniziative tra uomini e tra uomini e donne già impegnate su questo difficile terreno.

Non partiamo da zero. In questi anni la consapevolezza nel nostro paese è cresciuta. Dieci anni fa nel settembre del 2006, un appello di uomini contro la violenza maschile raccolse molte centinaia di adesioni: da lì si è sviluppato un impegno che ha cambiato molti di noi. Tutto questo resta ancora troppo poco visibile e diffuso nella società e sui media, poco riconosciuto dalla politica e dalla cultura.

Non si tratta di ergersi a giudici di altri uomini o a “difensori delle donne” ricreando un ambiguo paternalismo, o di attivarsi solo per sensi di colpa o senso del dovere, ma di interrogarci sui nostri desideri, sulla capacità di riconoscere la nuova autonomia e la nuova libertà delle donne, dirci se può essere un’occasione di cambiamento delle nostre vite.
La violenza maschile contro le donne è il frutto di una cultura, di una forma delle relazioni tra le persone che genera altre violenze. L’uccisione dettata dall’odio verso le persone omosessuali è parte di questa cultura. Oggi proviamo orrore e ripulsa di fronte alla strage di Orlando. Perché per molti uomini è intollerabile la libertà di una donna così come è intollerabile una sessualità diversa?
La violenza riafferma un dominio, un ordine gerarchico tra i sessi ma anche tra orientamenti sessuali. Anche la violenza omicida e omofoba in Florida è l’estrema espressione di una realtà molto più diffusa fatta di insulti quotidiani nelle nostre scuole e nelle nostre strade, di battute, imbarazzi, discriminazioni ed esclusioni.

La riproduzione e la riaffermazione di ruoli sessuali stereotipati, l’adesione a presunte attitudini maschili e femminili, l’imposizione di una norma nelle relazioni affettive, contribuiscono a generare questa violenza, impoveriscono la libertà di tutti e tutte, costringono le nostre vite in gabbie invisibili.
Crediamo che anche altre violenze, altre sofferenze abbiano a che fare con questa cultura della gerarchia, della paura e del dominio verso chi percepiamo diverso da noi. Così tolleriamo la sofferenza e la morte di chi fugge dalla guerra e dalla miseria in un mondo in cui crescono guerre, violenze, ingiustizie e disuguaglianze, considerando i migranti come minaccia, accettando che siano oggetto di violenze intollerabili ai nostri confini. Dimentichiamo di fatto la gravità della tratta di migliaia di donne schiavizzate per i consumi sessuali maschili. Accettiamo nuovi muri e recinti anziché impegnarci per un ordine internazionale più giusto e non dominato dalla guerra. La violenza razzista e nazionalista che ha ucciso a Londra la deputata Jo Cox è solo l’ultimo segno di un continente europeo avvelenato dall’odio e dall’intolleranza. Ci aggrappiamo a false identità collettive anziché scommettere sulla singolarità di ognuno e ognuna e sulla curiosità e l’apertura reciproca.

Trasformare questa cultura, vivere il cambiamento che le donne hanno già da molti anni determinato, sono anche un’occasione di libertà per noi uomini, possono arricchire e aprire le nostre vite. Possono rendere possibile un cambio di civiltà, che riguarda tutti e tutte.

Impegniamoci ad organizzare come uomini per il prossimo autunno in tutt’Italia una giornata nazionale contro la violenza maschile che coinvolga il più possibile il mondo della scuola, dell’informazione, della cultura, della politica e dell’associazionismo, ed anche quei singoli uomini che già si sono espressi pubblicamente in quest’ultimo periodo, per diffondere al massimo la sensibilità e l’impegno fra tanti ragazzi e adulti ancora troppo silenziosi, isolati e confusi.
Una giornata che volutamente si svolga prima della Giornata internazionale del 25 novembre contro la violenza sulle donne, per prendere parola come uomini prima del richiamo rituale di una ricorrenza importante: per cambiare, per agire prima della violenza.

Ejaz Ahmed (Ass. Nuove Diversità – Roma)
Isoke Aikpitanyi ( Associazione vittime ed ex vittime della tratta – Genova)
Mario Caligiuri (Roma)
Antonio Canova (GUV Gruppo Uomini Viareggio)
Sandro Casanova (Maschile Plurale Bologna)
Marco Cazzaniga (Identità e Differenza, Spinea )
Stefano Ciccone (Maschile Plurale, Roma)
Riccardo Corrieri ( GUV Gruppo Uomini Viareggio)
Marco De Cave (Gruppo “CardioPoetica” Cori-Latina )
Andrea de Giacomo (Maschile Plurale, Napoli)
Renato De Nicola (Abruzzo Social Forum – Pescara)
Marco Deriu (Maschile Plurale Parma)
Franco Fazzini ( GUV Gruppo Uomini Viareggio)
Gianni Ferronato (Castelfranco Veneto )
Gian Andrea Franchi (Pordenone)
Orazio Leggiero (Gruppo Uomini in gioco, Bari)
Alberto Leiss (Maschile in gioco, Roma)
Gabriele Lessi (Ass. LUI Livorno Uomini Insieme, Livorno)
Massimiliano Luppino (Roma)
Claudio Magnabosco ( Rete degli uomini contro la tratta , la prostituzione e la violenza sulle donne – Genova)
Oliver Malcor (Parteciparte Roma)
Alessio Miceli (Maschile Plurale,Milano)
Domenico Matarozzo (Il cerchio degli uomini, Torino)
Alfredo Mario Morelli (Albano, Roma)
Gianguido Palumbo (associazione interetnica italiana MONDITA-Roma)
Beppe Pavan (Uomini in cammino, Pinerolo)
Jacopo Piampiani (Ass. LUI Livorno Uomini Insieme, Livorno)
Roberto Poggi (Cerchio degli uomini Torino)
Michele Poli (CAM – Ferrara)
Gianluca Ricciato (Maschile in gioco, Roma)
Francesco Seminara (Noi uomini a Palermo contro la violenza sulle donne)
Mario Simoncini (Maschile Plurale Modena)

PER ADESIONI E CONTATTI SCRIVERE A:primadellaviolenza@gmail.com

PARA SABER MÁS:

Página oficial de la campaña.

Quanto conta il silenzio maschile, de Lea Meandri,

Boccioli di maschilità, de Maria G. di Rienzo.

[1] AHIGE ha enviado un mensaje de apoyo a los compañeros italianos y ha propuesto que la fecha del 21 de octubre se convierta en una fecha internacional de los hombres contra la violencia contra las mujeres.