¿PUEDE EL FEMINISMO RECOBRAR SU ENERGÍA EMANCIPADORA?

Autor: Juanjo Compairé

 

¿Ha penetrado el neoliberalismo hegemónico en el feminismo?

Esta es la pregunta que la autora, Nancy Fraser [1], se hace desde el principio del libro: “Por mucho que cueste admitirlo, las corrientes feministas del Norte global han optado hasta el momento por favorecer las nociones diluidas e inadecuadas de la igualdad liberal” (p.14).

La autora, una conocida activista y académica feminista, recoge aquí diversos escritos suyos que a lo largo de 30 años han ido reflexionando sobre el feminismo y su evolución histórica. Es, pues, una buena ocasión para l*s lector*s que no la hayan seguido de hacerse una idea de su pensamiento.

La respuesta a la pregunta con la que iniciamos este capítulo es, pues, afirmativa, a ojos de Fraser. Pone como ejemplos a quienes impulsan la emprendeduría femenina. ¿No os dais cuenta -les espeta a estas ejecutivas que creen que están abriendo vías a la igualdad de género al entrar en los espacios masculinizados de los consejos de administración de grandes corporaciones- de que estáis legitimando las desigualdades, comenzando por las que afectan a las mujeres inmigrantes que os cuidan a los niños y os limpian la casa? ¿Cómo comenzó este matrimonio entre feminismo hegemónico del Norte y neoliberalismo? ¿Cómo fue que muchas feministas olvidaron los objetivos primigenios del feminismo, emancipadores y críticos con las desigualdades y adoptaron los valores del individualismo y la meritocracia, cerrando los ojos a las explotaciones y a la precarización de la vida?

Como en las obras de teatro, este es un drama en tres actos.

La autora del ensayo, Nancy Fraser.

 

Acto primero: Politizar lo personal. “Feminismo insurgente”.

Fraser comienza su repaso a la historia del feminismo en los años 60. El “movimiento de liberación de las mujeres” fue una insurrección de la conciencia femenina que cuestionó las diversas formas de dominación masculina en la postguerra. Se unió a otras corrientes radicales para poner en crítica a la socialdemocracia que había impulsado el Estado del bienestar pero olvidando la injusticia de género. Criticaba el profundo androcentrismo del capitalismo y el paternalismo y la burocracia de los servicios sociales.

Pero los y las jóvenes tomaron las calles y rompieron este pacto entre clases que quería amansar el conflicto social. Se oponían al militarismo y la guerra, pero también cuestionaban el materialismo, el consumismo, la “ética del triunfo”, la represión sexual, el sexismo y la heteronormatividad. El feminismo de la segunda ola era uno de los actores sociales predominantes en estas acciones. Politizaban lo personal y con ello iban más allá del economicismo, incluyendo en las protestas la vida cotidiana, el trabajo doméstico y la sexualidad. No intentaban tanto desmantelar el Estado del bienestar como transformarlo desde dentro para hacerlo un medio de superar la dominación masculina.

En esta época, la autora cita las aportaciones (y limitaciones) de la “teoría de la comunicación” del filósofo Jürgen Habermas, así como la crítica a la burocracia disciplinaria de Michel Foucault, pero también los debates feministas en torno al concepto de dependencia/independencia de fines de siglo (Linda Gordon, 1994). Se trataba de poner en solfa el paternalismo del Estado “protector” que pretendía definir las necesidades de las personas sin tener en cuenta sus subjetividades.

 

Segundo acto: Ascenso de las políticas de identidad ¿”Feminismo domesticado”?

Si el impulso inicial del feminismo de postguerra fue ‘dotar de género’ al imaginario socialista, la tendencia posterior fue la de redefinir la justicia de género como un proyecto a ‘reconocer la diferencia’”(p. 20-21). El “reconocimiento”, por tanto, se convirtió en el principio cardinal de las reivindicaciones feministas de fin de siglo.

Para la autora se trata de un repliegue: ante la incapacidad del feminismo para transformar las estructuras sexistas y jerárquicas del sistema capitalista, algunas feministas prefirieron atacar patrones de valor cultural. En principio, eso servía para ampliar y radicalizar el concepto de justicia, pero enseguida (dice Fraser) esto encajó fácilmente con el resurgimiento del neoliberalismo de esa época, ansioso por apartar de la agenda pública el igualitarismo social.

Las reivindicaciones del reconocimiento, según el análisis de la autora, proceden tanto del psicoanálisis de Jacques Lacan como de Julia Kristeva. El feminismo de la diferencia cayó, en opinión de la autora, en el “simbolicismo” (p. 169): diversas prácticas significativas quedaban cosificadas y homogeneizadas en un orden simbólico monolítico que todo lo invadía y todo lo determinaba [2]. Se produjo así, en palabras de la autora, una “aciaga coincidencia del ascenso de las políticas de identidad con el renacimiento del fundamentalismo de libre mercado” (p. 27). A eso contribuyó también la teoría queer y los movimientos lgtb, mayoritariamente decantados hacia la demanda de reconocimiento.  Se acabó soslayando, pues, la crítica de la economía política y el análisis de las instituciones (lo que hubiera permitido diagnosticar la estructura jerárquica patriarcal) y se puso el foco en el lenguaje y la subjetividad.

Lo más destacado de este acto es la polémica con Judith Butler (p. 207 ss). Esta reconocida autora argumentaba que la norma heterosexual es tan fundamental para el capitalismo como la explotación de clase. Fraser la contradice y dice que “las luchas contra la falta de reconocimiento heterosexista [3] no amenazan automáticamente al capitalismo, sino que deben ir ligadas a otras luchas (anticapitalistas)” (p. 30)

 

Tercer acto: La recuperación del radicalismo en la crisis neoliberal. ¿”Feminismo resurgente”?

¿Podemos –vuelve a plantear la autora- recuperar la radicalidad feminista? ¿Podemos romper la perversa alianza entre feminismo y mercantilización y forjar una nueva entre emancipación y protección social? Asistimos a la pérdida de sentido de la democracia, al asalto a la reproducción social por parte del capital financiero, a la precarización de la vida y la naturaleza, cosificada y convertida en mercancía. El feminismo no puede pasarlo por alto. Tiene que unirse a otras fuerzas sociales anticapitalistas, aportando su mirada de género sobre las desigualdades sociales, pero también las injusticias en el reconocimiento y en la representación.


¿Podemos romper la perversa alianza entre feminismo y mercantilización y forjar una nueva entre emancipación y protección social?


Foto de Alexa Mazzarello, Unsplash.

Tenemos, pues, dice la autora, que enlazar las preocupaciones estructurales del primer acto con las culturales y simbólicas del segundo. Y hacerlo en un contexto global, en un mundo que tiende cada vez más al proteccionismo. En este sentido es clarificador que este libro, escrito antes del auge de los populismos nacionalistas y de Trump, anticipe ya estas tendencias. Y lo hace ya de la mano de un visionario recuperado, Polanyi [4]. Si el feminismo radical quiere participar en la batalla ideológica que ponga en jaque la hegemonía ideológica del neoliberalismo, debe aunar la defensa de la emancipación y la protección social.

Este libro, tan lleno de sugerencias y rico en reflexiones críticas, se cierra planteándonos dudas y preguntas sobre el futuro:

“¿Se verán la naturaleza, el trabajo y el dinero privados de todo significado ético, rebanados, troceados y comercializados como objetos, sin importar las consecuencias? ¿O quedarán los mercados sometidos, en esas bases fundamentales de la sociedad humana, a una regulación política guiada por la ética y la moral?

(…) ¿Serán las soluciones que reintegren los mercados en la era posneoliberal opresivas o emancipadoras, jerárquicas o igualitarias y (…) hostiles a la diferencia o comprensivas con ella, burocráticas o participativas?

(…) ¿Servirán las luchas emancipadoras del siglo XXI para avanzar en el desarraigo y la liberalización de los mercados o servirán para ampliar y democratizar las protecciones sociales y hacerlas más justas? (p. 278-279)


 

¿Servirán las luchas emancipadoras del siglo XXI para avanzar en el desarraigo y la liberalización de los mercados o servirán para ampliar y democratizar las protecciones sociales y hacerlas más justas?


Y nosotros podríamos añadir también otra pregunta: ¿Estará el movimiento de los hombres por la igualdad dentro de estas luchas emancipadoras? La humanidad se juega mucho en este embate y libros como este nos deben hacer reflexionar y actuar. Es cada vez más urgente.

 


[1] FRASER, N. (2015), Fortunas del feminismo, del capitalismo gestionado por el Estado a la crisis neoliberal, Madrid: Traficantes de sueños. 279 páginas. Los escritos de los que se compone el libro fueron publicados en diferentes publicaciones entre 1985 y 2010. El prólogo es de 2015.

[2] Se refiere, obviamente, entre otros, al “orden simbólico materno” (1994) definido entre otras por Luisa Muraro y el feminismo de la diferencia sexual.

[3] Se refiere a la lucha contra la homofobia, bifobia y transfobia, como orientaciones sexuales “heréticas” en relación a la heterosexualidad normativa.

[4] POLANYI, Karl (1989), La gran transformación, Madrid: La Piqueta. [The great transformation, 1944].