Presentación del dossier: ¡Ven con nosotras!

Febrero 3, 2017

DOSSIER: FEMINISMO Y MOVIMIENTO DE HOMBRES POR LA IGUALDAD.

0. PRESENTACIÓN: ¡VEN CON NOSOTRAS!

Sobre feminismo y masculinidades igualitarias.

Autor: Octavio Salazar

Ana de Miguel termina su necesario y ya indispensable Neoliberalismo sexual. El mito de la libre elección (Cátedra, 2015) preguntándose dónde está el hombre nuevo y haciendo un llamamiento a los chicos más jóvenes para que se rebelen contra la construcción hegemónica de la masculinidad. Ella misma es consciente de lo difícil de la tarea, ya que supone, de un parte, renunciar a privilegios y, de otra, tomar conciencia de las injusticias más arraigadas durante siglos en el planeta. O, lo que es lo mismo, tomar conciencia de género y asumir como propias las vindicaciones feministas, entendiendo que la discriminación de la mitad del planeta no cesará mientras que la otra mitad, la nuestra, siga ostentando el poder y el dominio.

Ana de Miguel recuerda en ese apartado final de su libro cómo ha habido hombres excepcionales en la historia que, justo por poder llegar a donde ellas no podían hacerlo, lideraron ideas y propuestas que no hoy dudaríamos en calificar como feministas. Una labor que en muchos casos siglos después está siendo continuada por los que desde el ámbito científico o desde el asociativo están planteando una revisión del modelo tradicional de masculinidad y la necesidad de unas nuevas subjetividades que permitan finalmente firmar un nuevo pacto social.

Ahora bien, ello no quiere decir que las relaciones entre el feminismo y los movimientos de hombres igualitarios hayan sido o sean pacíficas. Y no lo han sido en una doble dirección. De una parte, y durante cierto tiempo, un tiempo que yo creo felizmente clausurado, el movimiento feminista vio con cierta desconfianza que los hombres nos organizáramos, asumiéramos públicamente un discurso sobre la igualdad e incluso hiciéramos nuestras reivindicaciones por las que durante siglos solo ellas habían peleado. Fue lógico en esos momentos iniciales que muchas compañeras pensaran que se trataba de una estrategia más del patriarcado para sobrevivir, o bien una manera “políticamente correcta” mediante la cual nosotros seguiríamos manteniendo el monopolio de lo público, o incluso una estrategia por parte de colectivos o asociaciones para beneficiarse de prebendas públicas en aquellos años en los que la igualdad parecía importar a las instituciones. Yo mismo, como investigador que me iniciaba en las cuestiones de género, sufrí las miradas ciertamente desconfiadas de aquellas que pensaban que era simplemente un espabilado que se subía al carro de la igualdad con tal de engordar su currículo o de seguir gozando de unos dividendos en una época en la que empezaban a demandarse personas estudiosas de la materia. Pasado el tiempo, he entendido a la perfección esos primeros temores y también es cierto que los años han ido poniendo a cada cual en su sitio. El compromiso por la igualdad es una carrera de fondo y lógicamente por el camino van quedando los que la iniciaron pensando que era una moda o una vía rápida para alcanzar otros objetivos personales.


Durante cierto tiempo, un tiempo que yo creo felizmente clausurado, el movimiento feminista vio con cierta desconfianza que los hombres nos organizáramos, asumiéramos públicamente un discurso sobre la igualdad e incluso hiciéramos nuestras reivindicaciones por las que durante siglos solo ellas habían peleado. Pasado el tiempo, he entendido a la perfección esos primeros temores y también es cierto que los años han ido poniendo a cada cual en su sitio.


De otra parte -y este es un debate que continúa estando abierto, entre los grupos de hombres, colectivos, asociaciones u hombres que de manera individual empezaron a comprometerse en esta lucha- no estuvo ni está clara la asunción del feminismo como el sustento ideológico, teórico y emancipador que ha de definir nuestra acción. Así, junto a hombres que tenemos claro que difícilmente se puede estar en esta lucha sin ser feminista, otros muchos rechazan incluso el término y buscan cualquier otra palabra para definirse. Sin duda, sigue habiendo mucha falta de formación, poco interés por conocer el caudal intelectual y político que durante más de tres siglos ha supuesto el feminismo y, por supuesto, una cierta desconfianza -por qué no decirlo- hacia mujeres y colectivos de mujeres que llevan décadas luchando por sus derechos y con las que se prefiere no mantener diálogos muy continuados.


No estuvo ni está clara la asunción del feminismo como el sustento ideológico, teórico y emancipador que ha de definir nuestra acción. Así, junto a hombres que tenemos claro que difícilmente se puede estar en esta lucha sin ser feminista, otros muchos rechazan incluso el término y buscan cualquier otra palabra para definirse.


Esta tensión, que cobra más intensidad en estos tiempos de neomachismo galopante y de ataques indiscriminados al feminismo y a las feministas, obliga, o debería obligar, a que los hombres que estamos comprometidos en esta lucha reflexionemos precisamente sobre lo que ha representado y representa el feminismo, además de que clarifiquemos si efectivamente somos igualitarios, feministas o por la igualdad. Aunque yo lo tengo cada vez más claro – no puedo ser demócrata si no soy feminista, y creo que hay que reivindicar el término cada día con más fuerza – , me consta que no le sucede igual a muchos de mis compañeros.


Esta tensión (…) debería obligar a que los hombres que estamos comprometidos en esta lucha reflexionemos precisamente sobre lo que ha representado y representa el feminismo, además de que clarifiquemos si efectivamente somos igualitarios, feministas o por la igualdad.


José Saramago y Pilar del Río.

Por eso nos ha parecido de mucho interés que precisamente sean ellas, mujeres feministas, teóricas y comprometidas, pensadoras y luchadoras, las que en este número de la revista nos planteen su mirada sobre nuestro papel en estos momentos de la historia. Desde ángulos diversos pero complementarios, Ana de Miguel, Alicia Puleo, Laura Mora e Isabel de Ocampo, nos ofrecen en sus sugerentes textos una mirada sobre las masculinidades del siglo XXI y sobre cuál debería ser nuestro papel en ese nuevo pacto que entre todas y todos deberíamos concretar. Sus palabras ponen de manifiesto, entre otras cosas, la urgente necesidad de que los hombres igualitarios, incluso los que todavía tienen el temor a calificarse como feministas, establezcamos diálogos más permanentes y fluidos con ellas, que aprendamos de su magisterio y que empecemos a incorporar a nuestra vida cotidiana y a nuestra lucha su sentido de la horizontalidad. Una tarea urgente ante un mundo, el del siglo XXI, que parece dominado por las fuerzas depredadoras del patriarca neoliberal y en el que estamos viendo cómo las desigualdades, lejos de desaparecer, van en aumento. Por lo tanto, compañeros, no dejemos de escuchar la invitación de estas compañeras, hagamos nuestra también su experiencia de sororidad, acompañémoslas pero sin querer ser de nuevo los protagonistas. Para ello deberíamos empezar por leerlas, por escucharlas y por seguir su rastro. Vamos con ellas, sigamos el llamamiento que hace Ana en su libro y entre todas y todos empecemos a construir un nuevo orden, ese orden amoroso de la vida del que siempre habla Laura, imperativamente ecofeminista – ¿verdad, Alicia? , y en el que sepamos capaces de convertir en universales los relatos que construyen artistas como Isabel.


Vamos con ellas, sigamos el llamamiento que hace Ana en su libro y entre todas y todos empecemos a construir un nuevo orden, ese orden amoroso de la vida.


5 comentarios

  • Ana valencia Febrero 7, 2017en7:03 pm

    Si estoy con vosotras

  • Una mujer Feminista Febrero 10, 2017en1:14 pm

    Me parece estupendo lo que estáis planteando. Ya hay varias organizaciones de hombres como la vuestra y también hombres que, de manera independiente en todo el mundo, lo vienen haciendo desde hace años, y les felicito por ello. Leer, y mucho, sobre el pensamiento de las mujeres feministas de todos los tiempos e informarse y documentarse (voluntariamente… porque las instituciones públicas ni tan siquiera te lo van a proponer) sobre los estudios de género (realizados casi en su totalidad por mujeres) es fundamental para entender el Feminismo y su fundamento, con todo lo que beneficia al conjunto de los seres humanos. La iniciativa para formarse tiene que salir de ti… y hoy no hay escusa para que no surja: tenemos Bibliotecas Públicas, Internet, así como la posibilidad de razonar y reflexionar sobre todas las culturas, religiones y costumbres y toda la influencia negativa que transmiten sobre las mujeres en todo el mundo. Podemos reflexionar sobre el origen de todo ello, por qué surgieron esas ideas y con qué fin… y así, llegar a desmontarlas y eliminarlas de nuestras vidas. Al menos, en Occidente, podemos hacerlo con cierta libertad, y también, podemos transmitirlo allí donde no la tienen.
    No obstante, también hay que decir que no es simple, pues el machismo es tan fuerte que, aunque ya tengas formación Feminista y piensas que ya estás “curada o curado de él”, es necesario leer algo sobre ello incluso cada semana, porque te arrastra muchas veces sin darte cuenta. No es sencillo sustraerte de las situaciones cotidianas; yo misma tengo que hacer una reflexión prácticamente a diario para no caer en los errores que observo en otras mujeres.
    Y por otro lado, en cuanto a los hombres, en cualquier conversación que se mantenga con ellos se percibe casi desde el principio la ausencia de conciencia feminista, y posiblemente de ahí la desconfianza de los grupos de mujeres hacia los hombres organizados. Hoy por hoy, al menos en mi vida, es muy excepcional encontrar hombres feministas, sin embargo, es muy habitual convivir con hombres que dicen “no ser machistas”, y lo sostienen, por ejemplo, mientras organizan su fin de semana para ir a jugar un partido, hacer senderismo, a salir con la bici… vamos, a sus deportes, mientras que su novia o esposa organiza ese mismo fin de semana para hacer ella solita el trabajo doméstico, o también, tras ver las noticias, emitir un mensaje envalentonado como “yo estoy de acuerdo con que se legalice la prostitución; esas mujeres son libres para hacer con su cuerpo lo que quieran. No las juzgo”… Y tras decirlo, se quedan tan panchos. Algunos van más allá y dicen “yo sí quiero que se legalice porque ¿qué pasa si quiero prostituirme yo?” (¡agarraros! que esto me lo dijo un chico que, además, es funcionario). Así que, tras ver estas actitudes y escuchar los argumentos de esa inmensidad de hombres (empezando por los de la familia) que dicen no considerarse parte del machismo, la desconfianza de las mujeres feministas hacia cualquier grupo de hombres organizados, por muy feministas que digan ser, como os podéis imaginar, es grande.
    Por lo tanto, genial por vuestro artículo, compañeros. Y sí, Formación Feminista para todas las personas del mundo ¡ya, por favor!

  • julian Marzo 1, 2017en8:42 am

    Hago mío el artículo de Octavio y el comentario amplio que viene después. La democracia, sin feminismo, no es tal, puesto que el lema de Libertad, Igualdad y Fraternidad, no es divisible, sino que, o van juntos o no se dan. Adelante

    • Juanjo Compairé García Marzo 3, 2017en5:16 am

      Gracias, Julián. Ya hemos rectificado el formato de los “bocadillos”.

  • Feminismo valiente Marzo 29, 2017en10:42 am

    Aquí dejo el enlace a mi propia experiencia y reflexión sobre qué es ser feminista, entendido como un proyecto ilusionante, de felicidad. Enlace: http://bit.ly/2oxt1Uz

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